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: relatos de una mochila :: Descubriendo a Tailandia

martes, 30 de septiembre de 2008

Descubriendo a Tailandia

En la noche, cuando estaba acostumbrándome apenas a manejar en el otro lado (equivocado) de la carretera al que mal se acostumbraron los Tailandeses, empecé a ver más de la pequeña ciudad fronteriza de Nong Khai. Me esperaba un pueblito fronterizo de nada, como los tantos que había cruzado y a los que me había acostumbrado: llenos de gente buscandose un dólar fácil, tráfico ilegal, apuestas y prostitución en caseríos oscuros y decadentes. Pero nada, me impresionó de primerazo porque era una ciudad eficiente, limpia, amable, sin los tiburones de dos patas que buscan estafarte hasta el último Baht que tengas.

Las carreteras modernas, bién señalizadas, a diferencia de las de Laos y Camboya, que fueron mi hogar los meses pasados. Y la ciudad, llena de puestos de comidas, muy bién organizados, que bombardeaban mi nariz con todos sus olores increíbles. Eventualmente llegué a Mut Mee, la guesthouse que sería mi hogar por un par de noches. Éste bonito hostal a orillas del Mekong era bastante nueva era, completo con su centro de yoga, meditación, pintura y música. Mucha gente llega acá y se queda varias semanas para estudiar cualquiera de éstas cosas.

El dorm esa noche afortunadamente estaba vacío, o sea que podía descansar a mi antojo. Pero curiosamente, al rato llegó la misma inglesa que me había estado encontrando en Laos en los lugares más raros, y justamente se iba a quedar estudiando Yoga por un par de semanas. Y así entre charla y charla se fue haciendo más y más tarde...

Al otro día desperté tempranito, para darme un buen desayuno estilo Thai, y como un buen montañero, a maravillarme de lo increíble que podía ser un supermercado, porque no había visitado uno de ese tamaño desde China, muchos meses más atrás. Y no es por nada, pero me gusta visitar los mercados de los diferentes paises que visito, porque te dan una idea de lo que es el estilo de vida y gustos de la gente, y sobretodo, los precios, para que ningún vendedor te de en la cabeza por ignorante.

En el día estuve visitando también varios templos, y el famoso parque de esculturas de Sala Kae Kwo, construído durante toda la vida de un excéntrico escultor que se volvió místico y decidió enseñar a través de esculturas. Bizarro, pero interesante.

Pero justamente, me quería quedar en Nong Khai (la ciudad fronteriza) porque cerca había uno de los monasterios más reconocidos en meditación en toda Tailandia. Éste es uno de los pocos monasterios de la tradición del bosque (forest monastery) en los que los monjes siguen las reglas austeras y ascéticas que Buda dejó hace más de 2,500 años.

Ya veremos como nos vaya allí.

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