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: relatos de una mochila :

sábado 5 de julio de 2008

Lan Co, una perfecta sorpresa

De Hue entonces la idea era seguir como de costumbre hacia el sur, en dirección a Da Nang y eventualmente Hoi An, una ciudad catalogada como patrimonio mundial por la UNESCO. En el camino, bastante congestionado por ser la principal autopista de Vietnam, encontramos algunos ríos en los cuales paramos para practicar el deporte olímpico de tirarse en clavado desde los puentes y refrescar el cuerpo bajo un rostizante sol. Al rato, empezó a llegar una brisa suave, pero con un olor a mar, a playa. A unos metros más adelante, luego de una curva se abrió la vista del mar del golfo de Tonkin, tranquilo, apacible, quieto. Nos metimos por un caminito destapado para acercarnos al mar y pedalear un rato junto a el, y en el camino nos encontramos con un pueblo de pescadores haciendo lo que han hecho sus padres y abuelos y bisabuelos. Generación trás generación de hombres de mar, de granjeros del oceano, que nos observaban con mirada dura, curtida por tantos atardeceres junto al mar. Adelante encontramos un restaurantucho, en el que nos comimos uno de los mejores almuerzos de Vietnam, pastas salteadas con frutos de mar, por 15,000 Dong, algo menos de 1 Dolar.


Luego del reposo obligado por un aguacero pasajero, hijo del monsón, seguimos camino. Llegamos al pueblito de Lan Co, uno de esos lugares que a duras penas aparecen en los mapas, y se ganan una mención de un par de líneas en las guías de viaje. Preguntamos por donde quedarnos en varios lugares, pero finalmente nos quedamos en una casa de familia que tenían una habitación para alquilar. Y aunque no tuvieran electricidad, ésto lo contrarestaban con creces con su buena energía, su ánimo y su calor. Y lo mejor, la playa quedaba solamente a unos metros, cruzando una duna.


Pero no era cualquier playa. Era una playa limpia, limpísima. De aguas cristalinas y arena suave. Sin turistas. Sin gente. Una playa solo para mí, sin nadie a kilómetros a la redonda. Una de esas sorpresas que le regala la vida a uno ocasionalmente, como las sorpresas que venían de vez en cuando en los paquetes de Chitos o Yupis!


Y fué ahí en esa playa también donde la vida me regaló otro atardecer, y otro amanecer, mientras nadaba en ese océano, al otro lado del planeta del lugar que me vió nacer, viviendo otra vida que nunca imaginé posible, viviendo, simplemente viviendo.

viernes 4 de julio de 2008

Hue

A Hue llegamos a eso de las 3 de la mañana, medio muertos. El último trayecto lo hicimos en tren, porque el tiempo se nos estaba haciendo corto para atravesar los más de 2000 kilómetros de Vietnam. Y claro, como me había quedado gustando tantísimo la experiencia de montar en tren última clase acá, volvimos a tomar la misma clase, la más barata, la más pintoresca, y claro, la más jodidamente incómoda.

Lo triste es que en el viaje, a mi querida French Press con la que hacía café todos los días le salieron patas y salió de huida... seguro metiéndose en el bolso de algún Vietnamita que a estas alturas de la vida está usándola para limpiar el sanitario. Y también perdí mi juego de dibujo, completo con portaminas y difuminadores. Bueno, cosas de la vida... no todo puede ser perfecto!
En todo caso, faltaban aún varias horas para que saliera el sol y la ciudad seguía en REM. Encontramos por fortuna un puestecito callejero que venía Banh Canh, que es como una sopa de pescado con pastas, tradicional del área costera del centro y sur de Vietnam. Y acá viene una perla que muestra como es la cultura de negocios de los Vietnamitas, tratando siempre de tumbar a los turistas. Resulta que preguntamos cuanto costaba una cerveza. La chica, medio dormida, nos dijo el precio de 6,000 Dong que es un precio decente, por lo que pedimos un par. Y claro, cuando la chica se dió cuenta de su grave error de dar un precio honesto y no triplicado, volvió y nos dijo... 20,000 Dong, más del triple. Yo se que puedo tener cara de estúpido, pero no taaaanto... Muerto de la risa le dije que el precio normal era 6,000 y que no jodiera más, y la chica aceptó, seguramente pensando para si misma que igual hizo el intento de joder a los turistas, deporte nacional de Vietnam...

Luego de nuestro saludablísimo desayuno de sopa de pescado y cervezas (el corn flakes con leche es taaan del pasado!) estaba la idea de darle la vuelta a la ciudad imperial, pero desafortunadamente estaba desierta y cerrada. El plan B fue seguir recorriendo por las calles cercanas al río, despacio, lento, haciendo tiempo para que se hiciera de día. En esas, de improviso al sol le dió por salir, bañando de dorado, púrpura y rosa el río y la ciudad. La rabiecita por el robo de la cafetera y los lápices se esfumó por completo, era un día que valía la pena. Pero ya el cansancio acumulado de varios días de esfuerzo físico y poco sueño se hacía sentir, y el pensamiento de tener que buscar hotel y negociar a esas horas era pesadísimo, agobiante. Entra entonces el Plan C, encontrar un parquecito X en la ciudad, colgar las hamacas y hacer una siestecilla reparadora de algunas horas antes de ponernos en tarea de buscar el hotel. A eso de las 8 o 9 am nos despertó una señora que estaba haciendo deporte, creo que no le gustaba la visión de un par de extranjeros roncando al lado de sus bicicletas... hinchapelotas! Pero bueno, igual también era hora de buscar hotel. Conseguimos uno que parecía decente, con TV, cable, aire acondicionado, y baño propio por 5 o 6 dólares. El primer día fué de recuperar energías, porque en realidad estaba vuelto nada, exhausto.

Hue fue la capital del imperio de Vietnam en épocas antiguas, hogar de varias dinastías. La citadela histórica, está protegida del exterior por una gruesísima muralla defensiva, y un foso al mejor estilo de los castillos de las historias de caballeros y princesas. A veces me daba ese aire que me dan las ciudades amuralladas antiguas, tipo Cartagena en Colombia. Solo que al interior de ésta, en lugar de arquitectura colonial española, estaba llena de pagodas y edificaciones de un estilo algo achinado. Un lugar bastante tranquilo y bonito.


Cerca a Hue están los mausoleos de las varias dinastias que reinaron en la antigua capital. Son complejos funerarios enormes, majestuosos, imponentes, que nuevamente celebran la megalomanía de sus gobernantes, y la esperanza de que riquezas y poder pudieran comprar una mejor vida en el más allá... En uno de éstos mausoleos está una stelae gigante, que es como una piedra enorme que trajeron desde el norte de Vietnam, y tardaron más de 4 años en transportar. La finalidad? Poner la autobiografía del monarca de turno. Más megalomanía...

Pero Hue estuvo bastante bonito, tranquilo e interesante. Bastante turístico también, pero hay suficiente espacio para respirar. Lo peor vino el último día en el hotel, que conocimos un fotógrafo Holandés al que se le habían entrado a la habitación y le robaron absolutamente todo (incluyendo todo su equipo de fotografía). Y en el hotel le responden tan tranquilamente que si vieron al ladrón llevarse sus mochilas y maletas, pero nadie dijo nada. Y aparte, no le respondieron por nada. Y justo ese mismo día, también se entraron a la habitación de nosotros y se le robaron al belga algo así como 50 Euros en moneda local, literalmente una millonada. Y obvio, el hotel tampoco respondió por nada.

Ah, Vietnam, Vietnam....

jueves 3 de julio de 2008

Ninh Binh

Fué hace tantos días el paso por Ninh Binh que los recuerdos se han ido escondiendo un poco tras de esa nube de olvido y tiempo. Pero la verdad es que los recuerdos que quedan de Ninh Binh son de los mejores que hay de Vietnam.

Como luego de dejar las maletas en el hotel luego de hacer el check-in en Ninh Binh aún era temprano, pues no estaba de más dar una vuelta por los alrededores. En el hotelito familiar donde me quedé, el Xuan Hoa, la gente era demasiado amable y dibujaron un mapita especial para ayudarme a dar un paseo por los lugares que practicamente nadie visita. El tipo me decía, es un lugar complicado y los caminos no están muy buenos, pero tu vienes de China en bici y no vas tener problemas, seguro, y el camino y la gente están muy bién.

OK, perfecto, entonces con mapita en la mano me hice a la búsqueda de los caminos empolvados y pequeños, realmente en el centro de la nada. Lo bonito es que cuando atraviesas por las aldeas, la gente emocionada sale a saludarte, a sonreirte, a tocarte los brazos peludos y a decirte jeeelouuuuu con su mejor inglés, a mirar asombrados tu bicicleta que, oh por dios, tiene cambios!!! Y luego, al salir de las aldeas, te encontrás metido de lleno en un campo de arroz, rodeado por montañas karst que salen de la nada, de ríos y de campesinos trabajando sus granjas. Y de vez en cuando, ves un templo que nadie visita, en los que los monjes se apuran a salir a tu encuentro y mostrarte las cavernas y las modestas esculturas que el tiempo no ha cuidado muy bién. Sigues pedaleando por los caminos, generalmente cubiertos siempre por gajos de arroz que los granjeros dejan secando al sol, y luego los caminos se convierten en verdaderos pantanales, a las orillas de los riachuelos.

Y siguiendo el mapa, eventualmente llegás a Hoa Lu, la antigua e histórica capital del reino de Vietnam, en el medio de ese paisaje increíble que solo la naturaleza tiene la imaginación para crear. Del poderío y la majestuosidad de otros tiempos, solo quedaron rezagos, en forma de templos reconstruídos y paredes viejas. Pero igual, el lugar tiene ese aire que solo los lugares con fuerte contenido histórico tienen. Y cerca de Hoa Lu, está una montaña sagrada con la mejor vista sobre Ninh Binh. La verdad es que estaba destruído y la idea de subirme a la montaña sin agua no era la mejor, pero pudo más la curiosidad y las ganas de ver todo con la visión de un pájaro, así que manos a la obra y subir y subir y subir... la verdad, valió la pena!

Al otro día fué la grata sorpresa que Dryan, el belga que conocí en Hanoi, venía en camino hacia Ninh Binh acompañado de Celine y Marie que también se habían tomado el fin de semana. Y claro, había que celebrar el reencuentro!

En el hotel se quedaron una pareja de ciclistas suizos que estaban de vacaciones haciendo un circuito rápido por Vietnam. Estaban viajando con unas bicicletas Giant, similares a la mía pero un poco mejores, y decían que había sido la mejor compra que habían hecho. Obviamente, les dí la razón. También en el hotel había una de las leyendas de Ninh Binh, la famosa agua de Ninh Binh. Y ésta agua no era más que un potente alcohol de arroz fermentado en casa, y añejado por varios años. Solo que el proceso de añejamiento es algo particular. La foto puede dar algunas pistas... Efectivamente, es un añejamiento con las delicadezas del Dragón de Vietnam (iguana) y algunos cientos de gusanos, muy buenos para la potencia masculina. Ja!

El dueño del hotel, orgulloso de su tesoro alcohólico, le ofreció a los ciclistas una prueba del alcohol sagrado... Y claro, como siempre le entramos a ver que era el tema. El sabor... mmm... distinto. El olor... alcohol industrial. El efecto... bueno, digamos que yo estaba virtualmente prendido con solo dos copas de ese brevaje. Oh yeah!

Al otro día visitamos también el famoso Tam Coc, que se me hizo muy similar a Guilin en China. Basicamente vas en tu barquito con tu remera, y te haces el camino entre campos de arroz y cavernas en el río. Un recorrido bastante tranquilo, pacífico, simplemente hermoso.

Esas noche, con el dueño del hotel que es un tipo 5 estrellas, nos fuimos a tomar cervezas a un beer garden estilo Vietnamita, a celebrar que en la estación de trenes y de buses logramos persuadir a unos turistas sin idea de nada a que se quedaran a su hotel, que en realidad es excepcional. Y un par de jarras de cerveza más tarde, hizo alarde de las costumbres de Vietnam y nos invitó a fumar la ubicua pipa de agua. Cosa poderosa!

La próxima estación sería Hue, otra capital del imperio de Vietnam. Ésta vez viajaría nuevamente con Dryan, el belga. Dejando atrás a Ninh Binh, coincidimos en que esa ciudad había sido una de las mejores experiencias en Vietnam, no solo por los paisajes y la historia, sino porque particularmente la gente era buena gente, sencilla, alegre, a diferencia de la mayoría de sitios de Vietnam hasta el momento.

martes 1 de julio de 2008

A un paso de Ninh Binh

Como había que pagar por horas, me quedé en el hotelito de paso el tiempo estrictamente necesario, forzándome a salir recién salido el sol hacia Ninh Binh. El día estaba particularmente caliente, sofocante, asfixiante... Pero igual a lo hecho pecho. La ruta cambió un poco para mal, porque la carretera deja de ser secundaria para convertirse en autopista nacional, llena de carros, buses, motos a toda velocidad... Y el común denominador es que todos, TODOS, pitan al pasar. Y no pitan una vez, sino que pitan frecuentemente y sin parar... Para ellos, usar el pito es algo tan básico como frenar o mirar por el espejo retrovisor. Y aparte de ser molesto, se vuelve algo verdaderamente estresante, sobretodo cuando el que te pita es un camión enorme con un pito que dejaría mudo a un concierto de Sepultura...



Ya llegando a Ninh Binh, hubo una imágen que quedó grabada fuertemente en mi cabeza, y que desafortunadamente, no la he podido borrar. Iba por la carretera pedaleando tranquilamente en uno de los días más calientes, 40 grados de infierno, cuando de frente venía una moto cargada con unas jaulas a cada lado. Suponía que eran pollos o algo así, como generalmente se ve en las carreteras de China y Vietnam. Pero no. El tipo en la moto se bajó frente a un restaurante y soltó la jaula aquella. Y la jaula comenzó a aullar. Y el tipo agarro un palo y empezó a soltarle golpes a la jaula, a las extremidades que lograban sacar desde adentro. Cuando pasé cerca, me di cuenta que el cargamento no era mas que perritos que estaban literalmente uno encima de otro, sin espacio para respirar. Todos estaban jadeando, tratando de pelear por aire, por algo de espacio.




Los mas desafortunados, los que estaban abajo, estaban muertos en su mayoria, aplastados por otros perros, por el hambre, por la sed, por el calor, por el desespero. Tenia la ultima botella de agua y trate de darles algo que los sacara un poco de ese infierno, y en esas llego el conductor afanado al ver que un desconocido se metia en su cargamento. Le trataba de decir que los perros estaban muriendose literalmente en el calor, en el sol, que los soltara, pero el tipo como buen vietnamita trato de sacar negocio mientras se moria de la risa del estúpido extranjero que se llenaba de pesar por los perros que serían devorados en el restaurante más cercano. Me dijo su precio... 'uan, ajandredolas' 100 dolares cada uno. Y mientras seguía riendose, volvió a subir los pobres perros a la moto, alejándose de mi camino, pero dejando en mi mente uno de los sabores más agrios del viaje.


Y está bien, entiendo que en Vietnam se coman a todo lo que se mueva... después de todo, el hombre es omnívoro y acá han pasado tiempos salvajes que hacen que el hambre pueda más que todo y no se le haga el fó a ningún tipo de comida. Pero también, los perros estaban pasando por una situación traumática, torturadora, injusta, sin dignidad, bárbara... Y eso no se lo merece cualquier ser viviente. Te hace pensar bastante sobre la calidad de vida (y muerte) de los animales que nos comemos en la sopa del día o en la hamburguesa o en nuestro KFC...


Pero bueno, con los ánimos en el suelo llegué a Ninh Binh, a buscar por la mayor parte de una hora la esquiva guesthouse donde pasaría la noche, a buscar algo que comer.

lunes 30 de junio de 2008

Hacia el suuuur...

Ninh Binh desde Haiphong se podría hacer en un día, pero mejor decidí tomarme el tiempo y hacerlo en dos días relajados, con escala en Tai Binh, una minúscula ciudad en la mitad del camino. La salida de la ciudad fué sin novedades, el día estaba con un sol débil, perfecto para montar sin deshidratarte en el camino.

A diferencia de la autopista hacia Haiphong, esta carretera era secundaria, lo que la hacía menos llena de buses, camiones, carros y motos, pero más llena de granjeros con sus típicos sombreros cónicos, manejando carretas tiradas por búfalos y sus bicicletas caseras hechas de madera.

A mediodía, cuando el calor se vuelve insoportable, el hambre se convierte en un pretexto para buscar cualquier lugar para sentarte y comer lo que sea que esté preparando la cocinera de turno. Ésta vez, el turno nuevamente fue para el omnipresente pho bo que nos ha salvado tantas veces. Mientras estaba en el restaurante, un camión enorme se detuvo y se bajan dos tipos a comer también, comensales frecuentes del restaurante porque estaban como en su casa. Y como en su casa, me invitaron a sentarme a su mesa, y a entrarle a la comida de ellos que valga la pena aclarar, dejaba a la mía palideciendo de envidia.

Y bueno, como en Vietnam todo vale, los conductores del camión pidieron su postre: una dosis personal de alcohol de arroz (un litro), y empezaron a entrarle fuerte. Por transitividad, mi vaso pasó de tener agua, a tener un whiskey casero fuertísimo, de más de 50% de contenido de alcohol. Y como de costumbre, es supremamente maleducado rechazar una invitación de esas... aparte que ni te dejan. Y encima, cuando brindas en Vietnam, dices "chama cham", que literalmente significa 100%... es decir, que te tenés que tomar todo el contenido de tu vaso.

Finalmente, muchos vasos vacíos más tarde, como pude les expliqué que tenía que partir ya en mi bici, porque si me quedaba corría el riesgo de pasar la noche en ese mismo minúsculo restaurantito del borde de la carretera, y yo quería llegar a Thai Binh esa noche. Los tipos me dijeron que antes tenía que fumar con ellos la pipa de agua, y que luego, podía irme. Es más, si quería ellos me llevaban de vuelta a Haiphong, pero la idea no era muy interesante porque estaría perdiendo tiempo y recorrido... Así que solo me quedé para la pipa de agua. Esta pipa es muy similar a las del sur de china, en las que le ponen un tabaco fuertísimo que te deja un poco en knock out a los pocos segundos de fumar. Puf...! Casi se mueren de la risa cuando casi se me sale el alma tosiendo y tosiendo. Definitivamente el tabaco de Vietnam es algo a lo que hay que tenerle respeto!!!!

De vuelta en el camino, varios locales en sus motocicletas medio asombrados de ver a ese montado en bicicleta con sus maletas, más por pasar el rato que por otra cosa empezaron a apostar carreras conmigo. Y el tema era fácil: ellos en sus motos, manejando sin manos, y yo en mi cicla, dándole fuertísimo, a lo que más pudiera. Obviamente, la pelea fué reñida, pero técnicamente yo gané porque tarde o temprano ellos usaban las manos para esquivar un búfalo perdido, o un tractor que venía a toda velocidad de frente...

Ya cayendo la noche, llegué al famoso (ja!) Thai Binh, un pueblucho con un templo o dos dignos de visitar. El lugar para pasar esa noche fue un humilde hotel de paso relativamente barato, de esos que pagas por horas... ehm... sin comentarios. Otra interesante experiencia en Vietnam.

viernes 27 de junio de 2008

A Hai Phong

La ceremonia de todas las partidas. Hacer check-out, revisar la bici, cargar el equipaje, apretar las correas, y enfrentarse a ese tráfico matutino de la ciudad. Solo que ésta vez habían un par de cosas diferentes...

La primera, el tráfico matutino no era el de cualquier ciudad sino el de Hanoi, mundialmente conocido por su comportamiento demencial, orgánico, suicida. En ésta ciudad todo el mundo y su madre maneja moto... Digo maneja en el sentido que se montan al aparato y lo aceleran a lo que más da, sin darle mayor importancia a las reglas básicas de tránsito, como el sentido de la vía, o todos los peatones que pueden morir atropellados en cada cuadra. Ese tipo de tonterías.

Otra novedad ésta vez es que no estaba saliendo solo de la ciudad, sino acompañado por Dryan El Mexicano. Y así el tema cambia un poco, uno se da ánimos, se puede turnar enfrentar el viento de frente, y tenés a alguien con quien hablar en el almuerzo.

La salida fué a lo latino: tarde. Lo cual no fue tan bueno más tarde, porque el día estaba totalmente despejado, lo que significaba un sol berracamente duro a mediodía, lo que significa parar a comprar agua cada diez, veinte kilómetros, lo que significa a su vez tener que negociar siempre con los Viets precios absurdos, que por lo general son 10 veces el precio original. Pero bueno, esos son gajes del oficio. En una de esas, nos encontramos con Carlos, otro belga que también estaba haciendo la vuelta por Vietnam en bici. Increíble, en China ví a muy pocos ciclistas, en su mayoría eran chinos, solo una pareja de suizos medio malencarados que pasé en camino hacia la frontera con Vietnam. Y ahora, en tan solo un par de días en la capital, ya van más de 3 ciclistas viajeros, más un par de locos que se compraron una bicicleta borrachos y estaban planeando arrancar a mitad de la noche...

El caso es que Carlos, el otro belga, tenía una bicicleta con equipo que costaba más de ocho mil dólares. Mejor dicho, solo una de sus maletas de ultra-tecnología, costaba más que mi humilde bicicleta completa... El día estaba largo, caliente, pesado... Pero eventualmente llegamos a Hai Phong, hechos un desastre. Es increíble lo tanto que uno depende de las condiciones climáticas... que si está lloviendo, es difícil, que si está haciendo muchísimo sol, peor. Que si hace viento de frente, es una pesadilla. Y si combinás todo en un día... bueno, ese día NO es tu día. Pero eso también hace parte del viaje, esas cosas que antes uno ni se daba por enterado mientras viajaba en tren o en bus... ahora hacen parte del día a día, y tenés que mantener un ojo abierto a ellas. Antes, practicamente nunca miraba al cielo para mirar la dirección del viento, la forma de las nubes. Ahora, es un acto reflejo. Las cosas cambian tan fácil en solo algunos meses... días...

En Hai Phong logramos encontrar el hotel donde estaban las niñas, nuestras anfitrionas en la ciudad. Y la verdad es que se pasaron de buena onda, y en dos días de poco sueño nos llenaron de buenísima energía y recuerdos.

En Haiphong me despedí de ellas y del belga, porque ellas se quedaban trabajando en su ciudad, y el hombre continuaría hacia Halong Bay, y yo hacia el sur, hacia Ninh Binh que ya estaba un poco retrasado.

Tal vez nos veríamos en el futuro, el camino dirá.

martes 24 de junio de 2008

De vuelta a la capital

De vuelta a la capital, a la dama del norte, a la vibrante, caotiquísima, inentendible y loquísima Hanoi. Habían sido unos días largos e intensos nadando, haciendo snorkeling y kayaking y conociendo gente en la bahía de Halong, una de las maravillas naturales del mundo. Ya nada más atándome a Hanoi, el plan era salir temprano al otro día hacia el sur, hacia Ninh Binh, famosisimo por ser uno de los sitios más fotogénicos de Vietnam, en el que numerosas películas se han filmado, incluyendo la Indochine (que por cierto nunca me ví).


En esas que salgo al balcón a colgar las tres camisetas y dos pantalonetas que tengo por equipaje, veo parqueada en la calle abajo una bicicleta que sin duda alguna es de viaje. Y con esa curiosidad que le da a uno por saber que tal es la máquina del otro, bajé y me puse a chismosiar. Y en esas, un tipo con cara de mexicano me dice que que ondas, que que estaba mirando (la bicicleta estaba sin cable de seguridad). No nada viejo, acá mirando no más, y así empieza esa conversación entre viajeros en bicicleta, entre medio contandose la vida y midiéndose el terreno, mirando de que está hecho el otro. Pero bueno, resulta que el tipo se llama Dryan, y es de Bélgica pero con padre de Camboya. El hombre recién llegaba del sur, desde Bangkok haciendo la ruta mas o menos que quería hacer yo. En esas también empezamos a hablar con un par de chicas de Francia, que andaban haciendo su pasantía de enfermería en Vietnam. Y como todo el grupo resultó siendo rebuena onda, quedamos de salir a comer algo y tomarnos unas Bia Hoi que es cerveza hecha en casa, a un precio absurdamente barato. Con un dolar, te terminas tomando como 6 o 7 vasos grandes de cerveza!


Evidentemente, al otro día no madrugué para comerme los 100 kilómetros que me separaban de Ninh Binh. El fin de semana pasó, con muchas palabras, muchas conversaciones en inglés-francés-español y poco sueño. Eventualmente, los planes cambiaron un poquillo, puesto que en vez de viajar al destino hacia el sur, decidimos compartir ruta con Dryan hacia Hai Phong, donde las niñas vivían y muy amablemente nos invitaron a pasar algunos días.


Y esa es otra historia.

domingo 22 de junio de 2008

Halong Bay

Halong Bay queda a unos 150 kms de Hanoi, y es otro de los sitios natural declarados como patrimonio universal por la UNESCO. Y con mucha razón, porque el lugar como tal es verdaderamente increíble. Luego de revisar en Hanoi en algunos lugares, había conseguido el tour más barato para visitar el lugar. El plan era dos días en un barco atravesando la bahía, con una noche a bordo. Estaba un poco pesimista porque el clima en Hanoi estaba hecho un verdadero desastre, y las personas que habían ido a Halong decían que había sido una pérdida de tiempo y de dinero, porque todo el tiempo se lo pasaron dentro de su camarote, haciendo nada... Tanto, que el tipo que me vendió el paquete, decía que en último caso podría tomarle fotos a la tormenta... Nada alentador, pero al menos sincero.

En el trayecto de ida, se desató una tormenta increíble, llevandose el polvo de las carreteras y por ahi derecho las esperanzas de un lindo viaje en barco. Pero una vez llegamos horas después a Halong, milagrosamente el cielo se despejóy empezó a brillar un enorme sol.

Luego de esperar a que nuestro "guía" preparara toda la documentación del caso y que el barco estuviera listo, nos indicaron como llegar allá. El barco en cuestión era un junco de 4 niveles, con capacidad para unas 16 personas más la tripulación. Compartiendo barco había unas personas de Australia, USA, Canadá, Holanda y Vietnam. Lo curioso es que hablando de los precios, me enteré que todos pagaron más del doble de lo que pagué yo por mi tiquete... o estuve demasiado de buenas, o les vieron la cara de turistas... lo cual desafortunadamente es el pan nuestro de cada dia acá en Vietnam. Ugh.

Eventualmente el barco zarpó y luego de que nos mostraron los camarotes fué el tema de la comida, uno de esos banquetes de comida de mar que pocas veces me había tragado comido. Es que ya estar comiendo el pho todos los días de desayuno, almuerzo y comida, cansa!!! Me dió hasta pena de mis modales de mesa con los demás compañeros de viaje, pero bueno...

De vuelta a la cubierta superior, el día seguía espectacular. Rodeados de karsts por todas partes, un paisaje alucinante. Es difícil describir con detalle las escenas, por lo que mejor es ver las fotos que abundaron, porque era jodido tomar una foto fea. Y bueno, el tiempo en el barco pasó y pasó entre charlas con los viajeros, saltando y nadando en el mar y haciendo kayaking entre las rocas y cavernas marinas... Todo un espectaculo de la naturaleza al que tuve el privilegio de visitar.

miércoles 18 de junio de 2008

Hanoi, impresiones

Llegás a Hanoi y te enfrentás a ese caudal increíble que son los millones de motos en la ciudad, ruidosísimas, que aparecen por todas partes y en todas las direcciones. Pero lo más increíble es que todo ese caos tiene de alguna manera un orden orgánico, que el tráfico fluye sin que veas accidentes por ahí. La gente no muere ni se cae, simplemente se mueve... Las moticos son como camiones por acá, cargan dos, tres, cuatro, cinco personas con su mascota. Cargan jaulas llenas de animales, pollos, cerdos o perros. Cargan enormes vidrios. Tanques de gas. O costales llenas de comida. A diferencia de China, no hay casi de esas bicicletas electricas, mas sencillas y silenciosas... acá Hanoi es ruido y actividad, una ciudad que vibra a toda hora.

Pero había mucho que hacer en la ciudad, y poco tiempo, así que el tema es madrugar y visitar el famoso mausoleo de Ho Chi Minh, residencia permanente del cuerpo del difunto tío Ho. No es que ver gente muerta y preservada sea mi tema, pero el famoso mausoleo está rodeado del palacio presidencial, el museo de Ho Chi Minh, la casa antigua de Ho y la pagoda de un pilar. En eso facilmente se vá la mayor parte del día, pero como andaba con ganas de entender un poco más el rollo de Vietnam y su historia, también me di una pasada por el museo/prisión de Hoa Lo (conocida como el Hanoi Hilton) donde estuvieron presos algunos pilotos de Estados Unidos y también fueron ejecutados muchos revolucionarios vietnamitas por manos francesas. Lastima que el lugar es apenas un fragmento de lo que fué antes, pero es interesante ver la historia.

Otros museos interesantes en Hanoi fueron el de la Revolución de Vietnam, donde muestra todas las dificultades y conflictos por los que ha pasado el pais. Un poco sobrado en propaganda política comunista (como los demás museos acá) pero igual bastante interesante. Es una lástima de ésta gente, le ha tocado dura. Si no es peleando con los Chinos, es con los Europeos o los Estadounidenses... Pero por eso es orgulloso, porque después de tanta mierd** que le ha tocado comer, siguen fuertes y con la convicción de salir victoriosos siempre.

Para rematar, está el museo de etnología, en las afueras de Vietnam. Éste es un museo interesantísimo, porque cuenta la historia de todas las minorías de Vietnam y del sur-este asiático. Aparte, muestra detalles muy bacanos de cada una de ellas, y tiene representaciones en tamaño real de las casas y las aldeas de ellas. Vale la pena la vuelta hasta allá.

Hanoi tiene muchas cosas por ver, como una buena capital tiene museos y galerías que pueden dar sobredosis de cultura. Pero habiendo estado tanto tiempo en pueblitos y ciudades pequeñas, y además, al ser la primera ciudad grande de Vietnam que visité, efectivamente invertí unos buenos días acá, dando vuelta de museo en museo. Vale totalmente la pena. Igual ahí conocí a unas chicas que estaban estudiando en la Uni de Hanoi, que hablaban un inglés perfecto y pasamos una tarde muy bacancita.

Otra cosa que impresiona de acá es la cantidad de extranjeros que se ven en las calles, y que Hanoi está muy adaptada al turismo. Hasta los conductores de moto-taxi (Xe Om) hablan un muy buen inglés, al igual que la mayoría de tenderos de la ciudad. Ésto es por una parte bueno, porque facilita el viaje enormemente, pero tiene desastrosas consecuencias, como que ya no se siente tan auténtica, que la gente quiere cobrarte precios absurdos, no se, no se siente tan bién como debería. Pero bueno, igual voy poco a poco por el campo también y ahí se siente mejor la vibra de la gente, la esencia de Vietnam.

Y mañana, parto a Halong Bay, una bahía alucinante declarada patrimonio natural de la humanidad por la UNESCO. En fotos se ve increíble! Amanecerá y veremos.

domingo 15 de junio de 2008

Bye bye China - Welcome to Viet Nam

La pasada por la frontera entre Lao Cai y Hekou fue en realidad un paseo. Nada de las historias de terror que escuchaba, en las que el tema de sobornar a los guardias era cosa de todos los días. Tuve hasta tiempo de gastarme los últimos Yuan que me pesaban en el bolsillo, atiborrándome de baozi, jiaozi y doujia.

La salida de China fue facilita, simplemente te dan una tarjeta que tenés que llenar con los datos de siempre y te sellan el pasaporte. Como andaba en bicicleta, pasé por la puerta donde estaban todos los camiones y gente con carretas llenas de frutas y productos a exportar. Todo ese tiempo, estuve escoltado por un guardia de la aduana, más interesado en saber cosas de la bici que de formalidades aduaneras. Es más, me hubiera podido llevar un par de cabezas de los soldados de terracota en la mochila, porque no la revisaron en absoluto!

De ahí, se cruza un puente que atraviesa el Hong He o Río Rojo, y es entrada a Vietnam. Cruzando el puente cometí uno de los pecados que no se deben, y es mirar atrás... En esos momentos que andaba mirando y cruzando el puente, se me encogió un poquito el corazón, recordando tantas, tantísimas cosas de un país que empezó por ser una de las experiencias más raras, pero terminó por ser un lugar queridísimo por mi. Tantos recuerdos, tantos momentos increíbles, vivencias, esos meses espectaculares vividos en Suzhou, en fin, cosas que pasan y nunca volverán, pero que te marcan y te sacan una sonrisa cada vez que pensás en ellas.

Pensé que el tema era similar que en China, que era pasar por la puerta de los vehículos, pero luego de hacer la fila el tipo me mira, se parte de risa, y me dice que no, que es por la puerta de los turistas comunes y silvestres. Bueno... entonces voy a hacer la fila con los peatones. Treinta personas, un guey con una bicicleta sucia, y otros treinta detrás... uno de estos animales no es como los otros, es diferente de todos los demás... lalalala

Cuando me llegó el turno, miran el pasaporte, dicen "ooooh Colombia" y me dicen que espere un momento, que me haga a un lado. Sacan un libro de anotaciones con los diferentes paises y empiezan a buscar... Colombia... Colombia... Colombia... Estuvieron buscando un buen rato, luego hicieron una llamada, y repetían Colombia varias veces por teléfono. Eventualmente colgaron y me devolvieron el pasaporte... Siga, siga... Supongo que el librito ese explica el procedimiento que hay que tener con cada uno de los ciudadanos de distintos paises, pero que por alguna razón no estaba nuestro humilde país escrito ahí. Mejor! Porque o si no, como siempre, me hubieran esculcado hasta el alma.

Y bueno, de ahí fue de nuevo el choque cultural, no volver a entender un carajo, señales diferentes, comida diferente, gente diferente. El cambio con China se nota inmediatamente, Vietnam se ve mucho menos desarrollado, más pobre, más del estilo de un pueblo viejo, tranquilo, cansado.

Decidí entonces darme a la ruta, y cometí el primer error. De momento, solo sabía que quería llegar a Hanoi, y que debía haber un camino. El mapa de Lonely Planet que tenía lo decía clarito, "hay un camino que une a Lao Cai con Hanoi". Pero no estaba muy detallado, no mostraba distancias ni pueblos intermedios. Bah, no importa, yo se que deben ser dos, tres días de viaje máximo y deben haber lugares en el medio.

Salí entonces contento, saludando a los niños que gritaban 'hello' en el camino, animado, impulsado por esa energía que te da lo desconocido. Pasaron las horas y las horas, y las aldeas que pasé no tenían nada que se pareciera remotamente a un hotel. No hay problema, más adelante hay, pensaba yo. En una de esas paré a comer algo, el típico pho ga, o sopa de pasta con carne, menta, y otras hierbas que ni idea. Seguí, pero ya se estaba haciendo tarde y nada que encontraba algún lugar para pasar la noche y estaba cansado... La oscuridad cayó, y como no hay iluminación en las carreteras de Vietnam, todo era como boca de lobo lo cual no es muy interesante en una carretera tortuosa. Y mientras tanto, seguía dándole al tema, comiendo mas kilometros hasta que ya casi rasgando la medianoche llegue a una 'ciudad' mas decente llamada Yen Bai, a unos 180 kilometros de la frontera.

Como cosa rara, destrozado, cansado, sucio, vuelto un desastre, ahora en la tarea de buscar cerca de la estacion de trenes algun hotelito barato para pasar la noche. Pero estuve de suerte, porque afuera de la estacion habia mucho movimiento, algo raro para esas horas de la noche. El tema es que estaban a punto de pasar dos trenes que tenian como destino final Hanoi. En la taquilla me dijeron que si habia puesto, pero solo en los vagones de ultima clase, los famosos hard seat que tantas lindas historias me dieron en China. Pero lo bueno es que tambien habia espacio para la bici. Como la carretera no habia sido tan interesante y estaba tan vuelto nada, no lo pense mucho y automaticamente dije que listo, que me diera un tiquete para mi y para la bici, para terminar la segunda mitad del camino hacia Hanoi.

Y claro, el vagon de ultima clase en Vietnam es bastante parecido a los de China... Gente durmiendo en el piso, gente orinando en botellas, niños evacuando lo suyo por las ventanas, ventiladores de la segunda guerra mundial, sillas de madera con el premio a la incomodidad... Pero bueno, esa es otra historia.

A las horas estaba llegando a Hanoi convertido en un zombie. En piloto automatico tambien logre llegar al hostalito, a descansar un poco antes de seguir conociendo este pais rojo, rojisimo llamado Vietnam.

sábado 14 de junio de 2008

Hekou

Hekou, en pocas palabras, es una ciudad fronteriza, llena de contrabandistas, cambistas ilegales, gente de diferentes etnias y prostitutas.

Hay por todas partes una gran actividad, porque es uno de los puertos de entrada más importantes del sur de China. Los letreros de las calles están escritos en Chino y en Vietnamita (?). Entender a la gente es particularmente difícil, porque muchos no hablan mandarín estándar, sino una mezcla con un acento fuerte y golpeado, que es mi primera impresión del idioma del vecino país del sur.

Pero como lugar de paso, también sirvió para lavar y dejar a punto la bici, aprovechar y comer lo que pude de comida china, y cambiar mis últimos Yuan chinos por Dong Vietnamita. Y justamente, ahora, con unos millones de Dong en el bolsillo, hace que me sienta un poco millonario, como cuando jugaba Monopolio de chico.

Los Dong son billetitos que tienen la particularidad de ser de plástico y tener algunas transparencias. Es decir se mojan y no pasa nada, lo que los hace perfectos para ésta estación de monzón tropical. Un dólar hace unos 16,000 Dong, por lo que es realmente fácil hacerse millonario.

Pero bueno, me toca cortar rápido, porque tengo apenas el tiempo para ir por la cicla, empacar las bolsas, preparar el pasaporte y cruzar el puente, que me lleva a otro país, otra cultura, otro día más que vivir y conocer...

Camino a la frontera

Y las lluvias siguen, y siguen. Y los caminos, continúan empeorando. Pero no es que las carreteras en China estén hechas un desastre... Justamente lo contrario. Los Chinos andan ocupadísimos trabajando en mejorar la infraestructura vial, creando súper autopistas por todas partes, de alta velocidad. El tema es que justo por ésto los vehículos, ejem, menores como los burros, caballos, búfalos y bicicletas no pueden transitar por ellas. Entonces están condenados a usar los caminos de segunda categoría, aquellos que ya ni siquiera reciben mantenimiento por el gobierno. Obvio, entonces éstas carreteritas están llenas de cráteres y de mierda de búfalo... ah, y eventualmente pasa por ellas uno que otro ciclista perdido, en camino a Vietnam.

Desde Yuanyang hasta Hekou, la ciudad fronteriza con Vietnam, son unos 220 kilómetros. El primer trayecto fué hasta Manhao, un pueblucho de casas de tejas de zinc y bambú, que quedaba a 90kms. El caserío tenía un par de restaurantes y una estación de policía, pero ni rastros de algo que se asemejara a un hotel, albergue, algo así. En la estación de policía, me atendió el intendente. El tipo en cuestión, estaba viendo televisión con los pies en el escritorio, muy elegantemente vestido con tan solo sus sandalias y sus calzoncillos blancos, me dice que me despreocupe, que a unos 10 kilómetros más adelante hay un hotel de camioneros, donde puedo pasar la noche. Supongo que no hay mucha acción en el área, para que el tipo esté con semejante frescura... Pero igual ni los policías, ni la gente en calzoncillos es algo que particularmente me guste, así que "muchas gracias, muy amable, que le rinda con su programa de tele", y de nuevo a buscar el famoso hotel, esperándome lo peor.

Pero no estuvo tan mal, la verdad fue una habitación enorme, con balcón, baño decente (sin hueco en el piso) y vista al río. Estaba en el mismísimo Manhao Marriot (plop!)!!! Lo único no tan interesante, es que estaba al lado de una carnicería-restaurante y de un KTV. En la carnicería, todo el día se la pasaban sacrificando reses y búfalos, y gente comiendo carne. Y en el KTV, bueno, toda la noche se la pasaron también comiendo carne... otro tipo de carne.

Al otro día, hora de seguir camino al lado del Hong He, o Río Rojo. Y apenas salí del hotel, empezó a diluviar. La carretera, que antes tenía barrizales y huecos esporádicos, se convirtió en un camino sin pavimentar con un permanente fluir de barro. No habían autos ni buses, solamente unos enormes Jeep 4x4 que servían como transporte público. En una de esas, caí en un río charco tan profundo que la cicla no se podía ni mover, y ahí con dificultad salí de a pocos, y me tocó obligado quedarme escampándome de la lluvia debajo de la super autopista, por donde los bienaventurados podían pasar sin problemas. Al rato llegó un carro, que también escampó en el mismo lugar. Obvio, lo de siempre, se bajan los tipos y me miran como a un alienígena. Después de saludar y de la charla corta de siempre, me dicen (claro, cómo no) 'pero... pero es que es temporada de lluvias!!!'! Si, si... pero nada que hacer, ya era hora de salir de China y bueno, show must go on. Nadie muere con un poquito de agua.

Eventualmente, el #$^%&$% aguacero disminuyó un poquito, y pude seguir adelante. Pero la carretera no mejoró... y así, de nuevo cubierto de barro hasta el alma, seguí hacia Hekou (en chino traduce: boca del río) que me recibió ya de noche. Pero aprendí un par de datos importantes: el barro seco y la cadena de la bici no son buenos amigos. Y otra, en la tienda "especializada" donde compré las maletas, en la misma donde me juraron y rejuraron que eran impermeables, y casi a prueba de balas... Bueno, todos ellos estaban equivocados. Entre un gran bloque de barro seco, logré encontrar mi desodorante y mi cepillo de dientes...

viernes 13 de junio de 2008

Yuanyang, revisitado

La idea era ir de nuevo a Yuanyang, separado solo por 40 kilometros. Pero habia un pequeñisimo detalle... Si Nansha estaba a 300 metros sobre el nivel del mar, Yuanyang (Xinjie) estaba a unos 1800 metros. O sea que eran 40 kilometros en los que tenia que subir 1,500 metros! Una cuesta para nada despreciable... Pero hacia un lindo dia, y ya estaba limpio de barro (y de malas energias).

Fueron tres horas y media de subida (y sudada!) pero eventualmente llegue apenas para el almuerzo y para el mercado semanal. Lastima que no queria comprar un bufalo, porque este era el momento perfecto, ademas que estaban en promocion... PERO, si me tome mis tres raciones de fideos de arroz (mi xian). Hay que cuidar la forma!

Yuanyang, aparte de estar de camino hacia el sur, es un pueblo incrustado en el centro de las montañas, lleno de paisajes absurdamente bonitos y minorias de todos los estilos y colores. Pero esta vez, tambien me sirvio para una parada de unos dias, obligada por el hecho de que mi visa de Vietnam no empezaba sino hasta mitad de Junio... o sea que me toca esperar un tiempo mas. Pero no esta del todo mal, porque sirve para seguir estudiando fuerte el idioma de Vietnam, para al menos no morirme de hambre y poder pedir indicaciones de la ruta alla... Ah y aparte me pude terminar (al fin!) el libro de Los hermanos Karamazov que me estaba haciendo un peso bestial en la mochila! Lo bueno fue que lo cambie por otro par de libros menos pesados, uno, el archireconocido Diarios de Motocicleta del buen Che, y el otro, uno sobre la historia reciente y sangrienta de Camboya... A ver si nos culturizamos carajo!

Mucha gente de paso habia en el hotelito, pero en particular fue impresionante el tema del unico profesor de ingles de Mianyang, una de las ciudades que fue afectadas mas duramente por el terremoto de ya hace un mes. El tipo este, un ingles de unos veintitantos, nos contaba todas las historias jodidas que habia visto y vivido, de hecho nos mostro las fotos de su pesadilla en Sichuan, y su obligada partida. Increible tantos miles de muertos, tanto sufrimiento, tanto dolor, a tan solo unas centenas de kilometros mas al norte, mientras uno sigue en otras preocupaciones tan esteriles... que en la comida, que en el taller, que en el hotel...

"Life is what happens while you are all busy making plans"
"La vida es lo que pasa mientras estas tan ocupado haciendo planes"

- J. Lennon

jueves 12 de junio de 2008

Jianshui -> Nansha

De nuevo en Yuanyang, esta vez con la bici reparada y con un par de dias que quemar. Desde Jianshui, la carretera (90 kms) estuvo llena de subidas y bajadas, pero acompañado de paisajes de montañas, cubiertas de terrazas de cultivos y bosques llenos de bruma. Por el camino hay algunas minas de carbon, y camiones entran y salen permanentemente... de hecho, en varios sectores solo se ven camiones de carbon en el camino. Pero lo curioso es que a cada lado del camino, esporadicamente se ven mujeres con canastas a la espalda recogiendo algo... Que? Pedacitos de carbon que los camiones dejan caer en la carretera, a causa de los baches. Y claro, porque el carbon y el petroleo estan subiendo de precio astronomicamente en China!!!!

Lo mejor del viaje fueron los ultimos 20 kilometros, que fueron completamente en bajada, en carretera desierta y con paisajes lindisimos... El tema es que el estado de la carretera no fue optimo, lleno de huecos y segmentos totalmente llenos de pantano. En una de esas bajadas, iba yo feliz y contento cuando un sonido de *CRACK* y luego un permanente tintineo me asusto un poco. Al principio, todo parecia bien, pero luego de una mejor inspeccion me di cuenta que el pannier, o el 'portaequipajes' de la cicla estaba muy flojo. Y claro, por toda la cantidad de huecos y sufrimiento que tuvo que soportar la bici, una de las piezas de soporte se perdio y el pannier estaba practicamente soportado solo por un lado, haciendo que se moviera de un lado a otro bien amenazadoramente... Asi que no mas downhill a toda por hoy, porque en una de esas se rompe el pannier y ahi si quedo listo para la foto.

Finalmente, al final de la bajada, el Rio Rojo (Hong He) me esperaba con sus arenas y sedimentos de color rojizo. Pero tambien me esperaba un aguacero terrible, que no ayudo mucho para el estado de la carretera y para la averiada bici. De ahi hasta Nansha, otros 10kms bordeando el rio, donde fue casi imposible encontrar un mecanico de bicicletas, puesto que la ciudad al ser tan montañosa, absolutamente NADIE tiene bicicleta... Solo motos y carritos de golf (que sirven de transporte publico).

De hecho, logre arreglar el tema del tornillo este en un restaurante que quedaba junto a un taller de motos (que por cierto no tenian el tamaño de la pieza que necesitaba). El 'cocinero' del restaurante, al ver esto me llama y me dice que el tiene la pieza que me falta, y efectivamente, luego de unos minutos de ensayo-y-error mi pannier queda como nuevo! Bueno, casi... porque no le cabia una gota de pantano!!!

Estaba destrozado, lleno de pantano de pies a cabeza, con hambre, asi que le pedi al Sr. chef-mecanico el mismo Yangzhou Chao Fan (arroz salteado con huevo y jamon) antes de buscar hotelito frente a la estacion de buses.

Y claro, no podia faltar la mei mei del dia buscando sus negocios nocturnos tocandome a la puerta... Otra noche mas en China, de hecho, una de las ultimas.


Dato autista del dia: Numero de 'hellos' que me gritaron en el camino = 23

lunes 9 de junio de 2008

Jianshui

Jianshui es una de esas ciudades que tienen su encanto propio, aunque no aparezcan tampoco en ninguna guía de viajes. Con una historia de miles de años, guarda dentro de sí algunas joyas históricas y culturales, cientos de templos, decenas de reliquias culturales, y por eso durante cientos de años fue reconocida en China como "la ciudad cultural del imperio".

Tiene uno de los templos más famosos del país, que es el templo de Confucio. Éste es el segundo templo de éste tipo más grande en China, después del original templo de Confucio ubicado en Qufu, Shandong. Diseñado a manera de palacio, éste templo es espectacular para pasar un día lento y descansado, para leer en el jardín, para acostarse debajo de un árbol a no hacer nada... Tuve la suerte que en esa tarde, había una presentación especial de música que los monjes (o académicos o ... no sé!!) andaban haciendo en ese momento. Bastante surreal... pero interesante!

Jianshui además tiene el "famoso" puente de ShuangLong... en teoría, una reliquia de todo el país. Quedaba como a 5 kilómetros fuera de la ciudad, y la verdad... ehm, no se si no es que los puentes antiguos no son mi cosa, pero para mi solo era un puente viejo... nada impresionante.


En fin, Jianshui fue un buen lugar para pasar un par de días, mientras al cielo le da por escampar... El siguiente destino, YuanYang, nuevamente, que curiosamente queda de paso hacia la frontera. Me alegra, porque alrededor de el quedan decenas de aldeas y pueblitos pequeños, llenos de paisajes espectaculares, buena comida, minorías y gente interesante.