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: relatos de una mochila :

sábado 11 de julio de 2009

Varanasi

Un sol de oro que majestuoso y perezoso se hace visible detrás del brumoso horizonte. Saddhus (o místicos) con escasas ropas que entonan himnos que te hacen chiquito el corazón mientras hacen sus abluciones ceremoniales. Un par de vacas lentas que rebuscan entre la basura algo que comer, al mismo tiempo que ensucian las calles estrechas y empedradas a su paso. El tañido al unísono de decenas de campanas por toda la ciudad. Un fuerte olor a incienso que te agarra y se te pega a la piel húmeda por tu propia transpiración. Las decenas de barcas que se deslizan en silencio como fantasmas en las aguas lentas y brumosas del río. Varias fogatas que sirven como último vehículo de los muertos, convirtiendo la carne de sus cuerpos en cenizas que irán a parar a las aguas a unos pocos metros de distancia, donde los niños e intocables buscan entre los despojos algún anillo, alguna joya, o si están de suerte, algún diente de oro de las cenizas de un mercader rico. Los sonidos de las sitaras y tambores que se escapan de alguna ventana y que construyen juntos las armonías de la música clásica India. Las mujeres de la casta de lavadores de ropa, que golpean en el agua del río rítmica y forzudamente los saris y las prendas de vestir para sacarles la suciedad. Los desagües que escupen aguas negras en el mismo río. Los cientos, miles de devotos que juntan las palmas cuando el sol los toca por primera vez en el día y elevan sus plegarias a Ram, a dios.

Todo esto tiene en común a la arteria principal de la espiritualidad y cosmogonía Hinduísta, el Ganga, el mítico Río Ganges que tantos sueños ha inspirado en todo el mundo. En Varanasi, la ciudad más sagrada del hinduísmo, la devoción de los miles de creyentes se siente pesada en el ambiente. Varanasi, una de las ciudades más antiguas del mundo. Varanasi, la mítica, la mundana. Donde algún Saddhu te cuenta el secreto de la felicidad, y el otro te trata de vender su reloj, "cheap, my friend". Donde siempre en algún lugar hay un muerto quemándose a la orilla del río, y también hay un tipo tratando de estafarte y hacerte desprender de algunos (cientos!?) de dólares. Donde hay gente que solo habla con verdad, y otra que no la conoce.

Varanasi, Benarés. No es un lugar para entender, sino para sentir. Y solo se siente, estando acá.


viernes 10 de julio de 2009

En busca de la iluminación

Escribo ésto desde el estado de Bihar, uno de los más pobres y menos desarrollados de India, y que subsiste en un 85% de la agricultura. Pero el nombre del estado, Bihar, viene del idioma sánskrito antiguo que significa "Templo" (palabra en común para los idiomas Thai, Lao y Khmer!). Es increíble porque es cuna de una de las repúblicas más antiguas como Vessali, y también hogar de una de las universidades más antiguas que fué Nalanda. En el sur de Nepal, y en ésta región en particular, fue donde nació, floreció y tuvo su época dorada el Budismo. Y el famosísimo Kama Sutra también tuvo sus raíces por acá. El rey Ashok, el rey más respetado y admirado en todala historia de India, fue desde acá donde puso particular énfasis a su reinadoo y se proclamó estudiante y seguidor de las enseñanzas de Siddharta Gotama.

Justo en Bodh Gaya fué donde dicen que Siddharta alcanzó el conocimiento y la iluminación absoluta y es por ello que es uno de los sitios más importantes para el Budismo. Es tal vez el lugar mas importante de peregrinacion para los budistas en todo el mundo y acá se levantan templos budistas de todas las esquinas del globo, con sus diferentes estilos: templos de Nepal, Tibet, Thailandia, Bhutan, Myanmar, Bangladesh, Japon, China, Korea, Taiwan... en fin.

De hecho en Bodh Gaya, el Dalai Lama pasa varios meses en el año en la época de "invierno" Indio. Es un lugar de inmensso respeto, se respira un ambiente de paz y tranquilidad en sus parques y templos. En cualquier rincón hay monjes de todas las tradiciones debajo de árboles o en pabellones a la sombra que buscan, como Siddharta, esa iluminación tan esquiva, ese gusto de libertad que es el elusivo Nirvana.

Pero aparte de aquellos devotos que meditan en silencio aquí y allá, también están los hinduístas que han incorporado a Siddharta, al Buda, como un dios más en su panteón. Y llegan también por decenas en ondas de ruidosa peregrinación, besando (y lamiendo!) el sendero donde Siddharta meditaba, o el lugar donde meditó por varios días debajo del árbol de Bodhi.

Es un lugar tranquilo y apacible, y lo es aún más en temporada baja. Esas noches me quedé hospedado en el monasterio butanés, dejándome llenar del ambiente, y tratando de recordar lo vacío que es el apegarse a las cosas, siempre tan impermanentes, tan incontrolables, tan insatisfactorias. Viendo a través de las ventanas de mi mismo que la vida no es sino una ilusión, que pasa rapidito...

Hace muchos años, cuando aún estaba en el colegio, me maravillaba por la historia de ese príncipe que dejó su castillo, su familia, su riqueza y su harem por perseguir la búsqueda espiritual donde fuera que sea que estuviera. Leía en los libros de historia esos relatos, y me maravillaba particularmente con la historia de su iluminación debajo del árbol.

Y estando justo debajo de ese mismo árbol, más de 2,500 años más tarde, hizo que algo hiciera click y me estremeciera. Ese mismo algo que me dice que en el mundo no hay tal cosa como las casualidades.

Gracias profe, gracias Siddharta.

jueves 9 de julio de 2009

Enamorándome

Desde que estoy en India, y aún más, desde que la estoy recorriendo por tierra en bicicleta, he estado sudando y sudando, aguantandome casi 50 grados de temperatura a la sombra, pedaleando con un viento abrasador de frente, con la cara embadurnada de polvo y tierra, con las uñas negras y el estómago gruñéndome en señal de protesta, pero tengo que confesar que creo que me estoy enamorando, creo que me estoy enamorando con pasión de esa tierra a la que le dicen India. Y es que no es difícil, creo que el camino fue una preparación para ésta ruta... El caos, el sublime caos del día a día, los polos extremos y todo lo que hay entre ellos. La vida, la muerte, todo eso se sucede instante a instante acá.

Mejor dicho, India tiene ese no se qué que me enamora. Los extremos, la intensidad, la magia, lo cálido, lo misterioso, lo amable, lo apasionado, la vida, la muerte, lo que te hace perder la cordura, la esperanza. La gente, por dios, qué gente.

India me acogió con los brazos abiertos, me alimenta con la leche de su pecho y me da de beber y me refresca con el agua de los innumerables pozos de sus caminos. Me enseña, ella y su billón de hijos (mis hermanos) que día a día te encuentras al azar en la carretera. India.

Más que amor, creo en esa pasión, ese deseo loco a primera vista. Y eso es lo que estoy sintiendo con India. Me dan ganas de amarla, y otras me dan ganas de escupirla o gritarle a todo pulmón. Pero esa es la pasión y eso es lo que siento por India. Me hace sentir vivo...

En éstos momentos ya dejé el estado de West Bengal (Bengala Occidental) y estoy en la mitad de Jharkand, un estado relativamente nuevo (formado apenas hace 8 años) que además es uno de los menos visitados de India. Y ésto se debe en parte a su fama de inseguridad y disturbios públicos, pues tiene una guerrilla de influencia Maoista llamada "los Naxalitas". Varios Indios me explicaban que si bién en su época sus actividades se volcaban hacia la igualdad social y la consciencia de la distribución de la riqueza hasta aquellos más necesitados, hoy en día no es más que un grupo al márgen de la ley que terroriza pobres y ricos unica y exclusivamente por dinero. E igual así, hay algunos extranjeros con visión romántica que los defienden en plazas públicas. Claro está, porque ellos en Europa o de donde sea que vienen no han sentido el dolor de la muerte de un familiar o conocido, no han sentido terror en la noche cuando los guerrilleros se acercan a sus poblaciones. Cualquier parecido con la historia de la guerrilla Colombiana es meramente coincidencial...

En todo caso, en mi viaje de "peregrinación" tenía ganas de subir a Parasnath que es el lugar más sagrado de la religión del Jainismo. Cerca a Parasnath hay montones de montañas llenas de templos y santuarios Jainíes. Y hasta acá quería llegar yo, pero en un dhaba (restaurante de carretera) me explicaron que no era muy buena idea, porque por ésta época no había mucho turismo y hace poco los Naxalitas se habían reactivado en la carretera, quemando varios autobuses y pidiendo dinero (la vacuna!) a la gente que transitaba por las solitarias carreteras que unen las montañas con Parasnath. Nuevamente, no se por qué se me hace TAN familiar ésta historia!

Y pues un poco aburrido y no más viendo los santuarios Jainíes a la distancia, seguí pedaleando hacia el noroeste, esperando llegar al estado de Bihar y desandar los pasos de Siddharta en también uno de los cuatro sitios más sagrados del Budismo en el mundo, Bodh Gaya, o donde históricamente dicen que Siddharta alcanzó su iluminación.

El viaje/peregrinación no se detiene!!!

miércoles 8 de julio de 2009

Calcuta, ¿la ciudad de la alegria?

Saludos desde el calor mas infernal en Calcuta... el clima y la humedad me tiene sudando como un cerdo todo el dia y noche, pero bueno, luego del shock inicial de los dos primeros dias en los que absolutamente todo es diferente y no hay un punto de referencia al que uno se pueda agarrar, ya todo va bien... India es increíble, te impresiona momento a momento, es un pais en el que todo esta en tu cara, colores, olores y el billon de personas que andan por ahi!

Reloco, pero bueno, como decia ya estoy mucho mas acostumbrado! Ya luché con la inercia y el calor, armé a mi adorada Alma que estaba un poco aburrida de andar metida en una caja de cartón y me puse en mis primeras tentativas excursiones bicicletisticas por la ciudad... es tenaz, el tráfico es de los peores que he visto (se da guerra con el de Vietnam). Pero ya hasta he aprendido a disfrutar esa ausencia de leyes y reglas, me dan ganas de comprarme un pito de esos de trasatlántico para abrirme paso en las calles!!

Calcuta es una ciudad enorme (la segunda más grande de India) que pareciera que se hubiera quedado en los 70's. Los autos, los buses, las oficinas, las tiendas... Así me imagino que era hace unas décadas las calles de las grandes ciudades de Latinoamérica.

Por todas partes se ve el legado del colonialismo inglés, desde las grandes y majestuosas lineas del Victoria Memorial (una combinación entre la Casa Blanca gringa y el Taj Mahal) hasta las casas y edificios estatales que se ven en el centro. Incluso en las cortes de justicia, todos los abogados y jueces tienen ese vestidito tipo toga tan tipicamente inglés y que se ve tan extraño en el calor subtropical de Bengal!

Museos, edificios, rickshaws tirados por gente, templos, iglesias, calles abarrotadas de gente y tráfico, tiendas, olores, eso es lo que definiría por el momento a la ciudad de Kali, Calcuta.

Y hablando de Kali, estuve en Kalighat que es uno de los templos más importantes a la terrible diosa Kali (diosa de la destrucción), y es todo un viaje. Cientos, miles de creyentes hacen fila para poder mirar un instante a la negra imágen de Kali, y luego asistir a los sacrificios de animales en vivo y en directo donde degollan al infortunado animal y luego los creyentes toman la sangre de la piedra de sacrificios y se la untan en la frente. La verdad, no entiendo mucho ésto pero bueno, es la tradición.

La comida es otra de las gratas sorpresas de India. Por menos de un dólar te puedes comer un Thali, que es como el corrientazo Indio que tiene arroz, roti (como un pan o tortilla), yoghurt o leche agria, y por supuesto, curry, mucho curry!!! También Calcuta es famoso por sus dulces y por su excelente comida de mar, esos pescados en currys picantes son la lo-cu-ra!!! Estoy empezando con respeto por todo el tema que no quiero destrozarme el estómago, pero se que tarde o temprano va a terminar sucediendo.

Pero al márgen de todos los edificios bonitos, y los monumentos y los parques, está las condiciones de increíble pobreza en las que viven muchos de los hijos de Kolkata. Niños que viven en barrios hechos completamente con basura y que pelean con los escuálidos perros por un pedazo de comida que han encontrado en un cubo de inmundicias. Gente en los puros huesitos que te piden una moneda, niños deformes, o ciegos, que te toman de la camisa y te piden de comer.

Es dura, que tan dura es la vida a veces para éstos hermanos que por cualquier razón no nacieron en una cuna tan llena de oportunidades como la mía, o la tuya del otro lado que estás leyendo ésto en tu computador.

Todo ésto es Calcuta. Puede ser el cielo, y puede ser el infierno, pero es.

martes 7 de julio de 2009

Ladies and gentlemen, welcome to India

Hace años que no montaba en avión y tal vez eso explicaba que estuviera con la nariz pegada a la ventana practicamente todo el viaje. A miles de pies de altura, el delta del Ganges no era más que unas delgadas líneas de agua parduzca allá abajo. No se veían los búfalos, los campesinos arando y recogiendo tierra. Pero seguro que allá estaban, haciendo lo que día a día estaban acostumbrados a hacer, sin prisas, sin expectativas.

De mi ensueño me saco la azafata, con su bindi en la frente, y su impecable y colorido sari recordándome que ya estábamos prontos a aterrizar. India.

"Damas y caballeros, bienvenidos a India. Hemos aterrizado en el aeropuerto internacional de Kolkata. La hora exacta, 4.30pm. La temperatura, 45 grados centígrados. Gracias por volar con Air India Express".

Lo único que me quedó grabado, fué la temperatura. Y eso que ni debería, porque al momento de abrir las puertas, el calor se escurrió dentro del avión y me recordó que si, que había llegado a India en verano, en la peor época del año.

En el aeropuerto estaba un equipo médico con sus termómetros y bajalenguas revisando a los pasajeros para el tema éste de la gripa porcina. El único otro occidental que venía en el avión se puso a pelear con los médicos porque quería un termómetro nuevo para él, no uno que hubieran usado mil personas antes. Los médicos se miraban entre ellos como sin saber que hacer. Y cuando yo ya había pasado el chequeo médico, inmigración y salí con Alma y mi equipaje, el tipo seguía peleando con los médicos que lo que hacían era menear su cabeza, estilo indio. Espero que le vaya bién al hombre.

A la salida... ochenta y cuatro tipos se te lanzan encima a decirte que te llevan a un hotel, que tu hotel está cerrado, que mi taxi está averiado, que llevo muchas maletas, que mi bicicleta requiere sobrecargo bla bla bla. Los rebuscadores que se tiran como aves de rapiña a atacar el turista. Y más vale que me acostumbre, porque según dicen abundan por acá.

Pero nada, estoy acá, al fin, en Kolkata. La famosa ciudad de la alegría. La antigua capital del imperio comercial británico. Un pedazo del cielo y del infierno en la tierra. La ciudad más importante de Bengala. Mi puerta de entrada a la mística India...

Y pues... puf!!!!!! Es todo un cambio extremo con relacion a Tailandia o Laos o Japon o hasta China... Es como una explosion de humanidad encima de ti, un monton de colores y olores por todas partes... si pensaba que habia visto fuertes contrastes, pues no, estaba bién equivocado porque esto si es el verdadero contraste. Tan solo el viaje del aeropuerto al hotel, es uno de esos que te despierta el sentido de la aventura! El trafico es un caos, las reglas de tráfico brillan por su ausencia, los peatones, las vacas (sagradas todas, obviamente) y los carros comparten las vias y aca el más grande, o el que pite mas y el que pite mas duro es el rey.

El taxista se vino con musica india tipo Bollywood a todo volúmen, cantando y escupiendo y esquivando y pitando y fumando y riendo y atravesándose e insultando... Por ahi vimos un tipo atropellado y el man me dice "its no problem, people like this everyday, tomorrow he good, he works"... que no hay rollo, que asi es todos los dias y que mañana seguramente estara trabajando!

En la calle, abundan los ventorrillos, los puestos de especias y tabaco, las vacas, las basuras, los antiquísimos taxis Ambassador, los niños jugando Cricket (el deporte nacional, una especie de baseball) y las mujeres todas estan vestidas con los saris (el vestido tradicional Indio) que por algún milagro están siempre limpios sin importar de que charco o basurero salgan!

Pero bueno, lo bueno es que ya estoy bien por aca, un poco triste por dejar Tailandia y todo el SE de Asia pero enfrentado a una nueva aventura (y que aventura por dios!) Hoy estoy recien llegadito y pues ando como cogiendo las cosas suavemente antes de tirarme en la locura de cruzar con Alma éste subcontinente en la época más caliente del año.

domingo 5 de julio de 2009

Tailandia: Laa korn krap!!!

Hora de dejar Tailandia. Y estaba de nuevo en ese fantástico jardín de senderos que se bifurcan... Donde seguir? Que hacer? Como viajar? Viajar?

Luego de unas noches de poco sueño y mucho pensamiento rondando en la cabeza, una idea se fijó y me dijo que el espectáculo debe continuar, que ahora le tocaba el turno a India y que Alma quería guerra.

Así que luego de los trámites de rigor para la visa en la embajada, de preparar a Alma para el viaje, y de comprar el tiquete aéreo más barato que pude (porque no pude cruzar por tierra pasando por Burma y Bangladesh), estaba listo.

Solo hasta que el avión de Air India se empezaba a elevar luego de comerse toda la pista del aeropuerto de Bangkok, esa compuertita de las lágrimas que siempre se mantiene sellada se abrió y mirando desde el cielo a la Tierra de las Sonrisas, al Reino de Siam, te digo,

Gracias, muchas gracias Tailandia. Me diste de comer la mejor comida del mundo . Me acogiste con los brazos abiertos, me enseñaste, me dejaste dormir en tus bosques y tus mares. Me dejaste salir a jugar con tus hijos, me hiciste aprender que no tenemos nada más que el instante presente. Me seduciste, me embrujaste, me trataste como un miembro de tu familia.

Gracias Tailandia. Espero volverte a ver.

Laa korn krap.

sábado 4 de julio de 2009

El paraiso siempre queda en el sur

Tailandia está llena de pequeñas sorpresas día a día. En últimas, es un país que tiene montones de lugares interesantes para visitar, tiene algo para todos los gustos. Aventura, trekking, espiritualidad, adrenalina, aldeas remotas, parques naturales, resorts, modernas ciudades, pueblos olvidados... Un país que con justa razón se lleva la tajada más grande de turismo en Asia.

Pero en común, más allá de los sitios que aparecen en los libros de viaje y guías turísticas, está la gente. Gente amable, gente honrada, gente que se preocupa por vos, que te valora como ser humano, que te sonríe aunque no te entienda un carajo. La gente es la que hace al país.

Una vez terminado el viaje hacia la parte norte de Tailandia, quería darme unas vacaciones merecidas de tantas vacaciones (ja!!!). Así que dejé a Alma tranquila en Bangkok y compré un tiquete para un tren al sur. Mi idea del sur es la que te venden en los documentales de viaje, la que la gente comenta. Que tanto las islas del Golfo de Tailandia, como las de la costa del Andamán, tienen unas playas increíbles, unos paisajes sacados de la imaginación alucinada de un impresionista furibundo.

Y como soy de los que sostengo que en el país que me vió nacer y crecer tenemos de las montañas, selvas, paisajes, y por supuesto playas más hermosas del planeta, tenía que ver a las famosas playas de Tailandia con mis propios ojos y ver si tanta bulla era cierta...

Empecé con la costa del Golfo de Tailandia, con la famosa Ko Samui y su hermana mejor, Ko Pa Ngan. Terminé en la costa del Andamán con Ao Ton Sai en Hat Railay.

Y acá, bueno, una imágen en realidad vale más que mil palabras.






Y efectivamente, las playas del sur de Tailandia son hermosas, con un mar increiblemente claro para el buceo y el snorkeling, lleno de actividades para todo el mundo. Otra sucursalcita del cielo en la tierra, porque ya todos sabemos, que la más grande, queda en Colombia.

De paso por el norte de Tailandia

Visitar el norte de Tailandia es de alguna manera devolver el reloj y visitar esas aldeas de minorías étnicas que se quedaron congeladas en brumas y en el tiempo. Es darse un respiro de aire fresco y vegetación abundante, es subir por carreteras tortuosamente serpenteantes hacia las montañas, es empaparse de la tranquilidad de su ambiente, de sus habitantes.

Ésta vez no estuve con Alma, sino que nuevamente le toco el turno a una motocicleta anónima de 110cc, pero que se portó muy bién atravesando ríos, montañas, y carreteras destapadas, adentrándome más en la selva.

Cerca de las fronteras con Laos y Burma (o Myanmar), una región alejada del mundo moderno se podría describir (como alguien me diría alguna vez) un pedazo de cielo al que le hacen falta los ángeles.

viernes 3 de julio de 2009

Feliz año nuevo Thai!

Y qué diferencia al año nuevo Thai de las celebraciones del año nuevo que estamos acostumbrados? Bueno, en primer lugar, la fecha. El Songkran (festival de año nuevo) se rige bajo el calendario lunar thai, por lo que ocurree unos cuatro o cinco meses después del año nuevo oficial. Y segundo... bueno, el agua. Litros y litros de agua! Las ciudades se convierten en verdaderos campos de batalla en los que grandes y chicos afinan puntería, y con sus armas de agua (que pasan desde ingenuas pistolitas para bebés hasta verdaderos morteros que escupen chorros de agua a altísima presión) no dejan que nadie, nadie quede seco. Por cuatro días (en algunos sitios es hasta una semana), todo el mundo que sale de la seguridad de sus casas, queda totalmente empapado.

Los negocios se detienen (bueno, salvo aquellos relacionados con comida y bebida) y todo el mundo sale a la calle a, bueno, mojarse! El concepto de camisetas mojadas llega acá a su máxima expresión, y todo el mundo sin distinción de credo o clase social sale a divertirse como niños en el agua. Y como la celebración de año nuevo por lo general cae durante la temporada más calurosa del verano en Tailandia, la gente agradece el agua que abunda en todas partes.

Dicen los Thai que el mejor lugar para celebrar el Songkran es la pintoresca Chiang Mai, por la amabilidad de sus habitantes, lo colorido de sus desfiles y celebraciones y porque hay un foso lleno de agua alrededor de la ciudad antigua que regala munición gratis a todo el mundo. Y por aquellas cosas del destino, justo por esa época andaba tuve la fortuna de estar en Chiang Mai, porque en Bangkok e incontables otros lugares de Tailandia las celebraciones de año nuevo las aguaron los tipos de las camisas rojas, que con sus peleas y manifestaciones violentas en contra del gobierno, hicieron que la celebración se cancelara para la tristeza de muchos.

Pero bueno, en Chiang Mai la fiesta no se detiene y en las noches la celebración sigue en los bares y discos que abundan en todo lado. En esa semana la gente pareciera que no duerme porque hay constante actividad en las calles, en esa semana la gente se olvida del calor, de sus penas, y con agua limpian sus casas, sus calles, sus almas con la esperanza de un año nuevo mejor que el anterior.

jueves 2 de julio de 2009

De nuevo en el camino

Habría que despedirse de Tailandia de la misma manera con la que la saludé. En el camino, con la mochila al hombro. La idea era entonces recorrerla de norte a sur, empezando por las históricas rutas de las antiguas capitales del norte, pasando por las selvas y aldeas en la frontera con Myanmar (o Burma) antes de ir bajando lentamente al sur, a las famosas islas del Golfo de Tailandia y las playas paradisíacas de la costa del Andaman.

Acá los lugares y los tiempos se mezclan indiscriminadamente, porque me toca sacarlos de la poco fiable y fiel que es mi memoria.

De Bangkok el camino me llevó unos 100 kms al norte, a Ayuthaya que fue una de las capitales imperiales más importantes del reino de Siam en Tailandia. Ayuthaya es una ciudad tranquila con algunas ruinas regadas aquí y allá, en la que lo mejor que hay para hacer es sentarse en los parques a ver el sol caer detrás de los muros y fuertes que tienen centenares de veranos en sus caras.

Más al norte está Lopburi, otra ciudad imperial antigua llena de ruinas, pero con la particularidad de haber sido invadida completamente por los monos (no los de cabello rubio, sino los monos monos que comen bananas!), los que se han mezclado desde hace años en la vida y el día a día de los ciudadanos. Es común ver peleas entre hombres y monos porque éstos últimos se vuelven descarados y ladrones y se tratan de quedar con tus cosas, sea la bolsa con el mercado o las llaves de tu carro. Los monitos estos saltan de aquí a allá, suben a casas, asustan a las señoras, se roban tus compras, se meten en los autos, saltan sobre las bicicletas, y la vida continúa. Una ciudad bastante bizarra, pero no por ello deja de ser interesantísima!

En ruta a la famosa Sukkhotai, queda Phitsanulok, una tranquila ciudad hogar de decenas de Wats (o templos tailandeses) incluído uno que tiene la imágen más famosa y venerada en Tailandia, luego del reconocido Buda de Esmeralda del palacio real de Bangkok. Por suerte, estábamos en los días previos al Songkran o año nuevo Tai, y habían una cantidad de actividades interesantes en los templos, como por ejemplo la ceremonia de lavatorio de todas las imágenes de Buda, en la que tanto monjes como laicos esparcen un poco de agua sobre cada una de las estatuas de los templos. Una ceremonia netamente práctica que fue adquiriendo cada vez más y más matices religiosos y paganos. Inclusive, en algunos templos hay monjes que sirven de brujos que por una "donación" se atreven a leer tu futuro... Nada más en contra de las enseñanzas del Budismo, pero bueno... vive y deja vivir.

De ahí, el siguiente destino grande era el parque histórico de Sukkhotai, también patrimonio histórico de la humanidad como Ayuthaya, pero mucho más grande y bién conservado. El recorrer en bicicleta las ruinas de la antigua capital imperial, llenándose de historia, visualizando los imponentes edificios, templos y construcciones de la ciudad es algo mágico, sobretodo con la tenue luz del amanecer o del atardecer como cómplice. Obvio que después de Angkor Wat y Machu Picchu el estándar para las ruinas arqueológicas sube bastante, pero Sukkhotai es un lugar tranquilo y pacífico, en el que vale la pena perderse un buen tiempo.

E igual, al estar cerca al Songkran, o año nuevo Thai, el sitio estaba lleno de devotos que hacían los ritos tradicionales y para mi, era una preparación para un salto de lo místico a lo profano pues el siguiente destino más al norte, era Chiang Mai, famoso por sus infames batallas de agua y rumbas mojadas de año nuevo.

lunes 29 de junio de 2009

Recapitulando

Para retomar el blog y desatrasarme de todas las historias pasadas, tendría que contar una historia corta que tiene que ver con la maravillosa vida, lo inesperado y las decisiones.

Empezaría contando que mis días de monje se terminaron. Fueron muchos meses aislado del mundo, refugiado en el silencio y la tranquilidad del bosque, escondido en un pueblo olvidado del norte de Tailandia. Fueron días y días hechos cada uno de ellos de instantes surgiendo y cesando, de experiencias, de auto observación, de crecer más como hombre, como persona.

El vivir de manera austera y monástica, siguiendo exactamente la misma forma de vida que aquel gran profesor llamado Siddharta llevaba en India y Nepal hace más de 2,500 años hace cambiar la perspectiva frente a la vida, la muerte, la felicidad y en general, a todo con lo que me relaciono. Vivir el presente, subistir unicamente gracias a la generosidad de la gente, dedicarse a la observación y a la práctica de la meditación, en fín, son cosas que dejan una marca en uno. Una marca fuerte e imborrable. Muchísimas lecciones aprendidas, mucha gente increíble, incontables amaneceres y puestas de sol (e incontables también las picaduras de los insectos salvajes!).

Pero como todo en la vida, ese ciclo también llegó a su fin, y llegó a su fin gracias a algo que llegó totalmente de sorpresa.

Un día, como es costumbre, me levanté mucho antes del amanecer para las actividades de mañana en el monasterio, y hacer la visita al pueblo para obtener comida. Una de las personas que día a dia donaba arroz a los monjes, vió que mi pierna estaba notablemente más grande que lo normal (yo ni me había dado cuenta) y me lo hizo saber. Y efectivamente, estaba bastante más grande que lo usual. Ya días antes había sentido un dolor que me había tirado en cama por unos días, pero el médico del lugar me había dicho que lo que tenía era algo muy superficial, meramente muscular y que no le pusiera atención. Que me tomara un par de aspirinas para el dolor y ya está. Así que en esa época no le puse atención. Pero ahora era diferente, aunque no sentía dolor, podía ver que el pié estaba extrañamente grande y eso no estaba tan bién.

Como le había prometido a mi familia que en caso de que los síntomas se repitieran iba a un hospital mejor y más serio, viajé a Bangkok lo antes posible y en la primera clínica decente que encontré (que coincidiencialmente era cristiana), una doctora malencarada (por aquel cuento de que yo era monje budista y estaba en un hospital de un credo diferente) me mandó a hacer los exámenes de rigor, y los resultados era lo que temía. DVT, Deep Vein Thrombosis, o Trombosis Venosa Profunda. Y no solo eso, sino que la que tenía era severa, tenía tres coágulos en diferentes partes de la vena y uno de ellos tenía serias posibilidades de soltarse y viajar a los pulmones o hasta el cerebro, pudiendo causar un aneurisma, seguido seguramente de la muerte.

Y lo que siguió, pasó muy rápido. En cuestión de instantes estaba montado en una silla de ruedas, con todos los movimientos restringidos. Una ambulancia llegó por mí y me trasladó a otro hospital con un pabellón exclusivamente reservado para los monjes. Y en ese lugar estuve varios días, rodeado de monjes moribundos y médicos atentos, llenándome el cuerpo de anticoagulantes para licuar la sangre deshacer los coágulos que estaban por mi cuerpo... Y así no me sintiera fatal, los doctores me decían que estuve rozando las puertas de la muerte, porque así es como funciona la trombosis, la enfermedad silenciosa y mortal que se lleva a miles y miles de personas todos los días...

Lo que no me cuadraba es que la trombosis por lo general le dá a personas mayores de edad, no a gente como yo!!! Pues nada, la explicación oficial después de muchos exámenes, e ires y venires, fue que habiendo pasado de una actividad física extrema (recorriendo el mundo en bicicleta), a un estado de sedentarismo extremo (largas horas de meditación día trás dia), mi cuerpo poco a poco fue generando pequeñísimas capas de sangre coagulada en la venas, especialmente en los lugares donde la circulación quedaba cortada por la posición de la meditación y la presión de las piernas contra el suelo duro. Y como ésto era durante bastantes horas diarias, día trás día, la capa de coagulación se fue haciendo más y más grande hasta que terminó por bloquear casi que por completo la circulación en la pierna... y el resto es historia.

En el hospital, bueno, la gente se muere al lado de uno y uno no está acostumbrado a ésto. En el occidente, la muerte es algo que está escondido, que uno no quiere mirar, que se mira mal. Y cuando la tienes cerca, la sientes al lado en el vecino que se muere en la noche, en las ceremonias de cremación al aire libre del monasterio, pues la visión sobre muerte, sobre muerte y vida cambia dramáticamente. La muerte deja de ser un concepto abstracto y oscuro, y se convierte en algo que puedes sentir, palpar, te enseña sobre la impermanencia de todo, hasta de tu vida, y hace que viva con más intensidad, con menos apego, con menos pesadez.

Allí conocí también gente increíble. Desde el monje ex-médico que me adoptó como hijo temporal y veló por mi seguridad, hasta las enfermeras y camilleros que sin tener mucho dinero, hacían colectas para ayudar a pagar los gastos médicos (así me negara y les pidiera que no!!), gente que trabaja de voluntaria en los auspicios dándole a la muerte un tratamiento más digno, y sin olvidar a mis dos colombianas que iluminaron varios de mis días con historias y un poco del sabor de mi tierra que a veces se me hace tan lejana.

Pero ésta corta historia no tiene final triste. Luego al darme de alta en el hospital, me di cuenta que aún amaba la vida furiosamente y quería chuparme hasta la última gota de ella así diera igual. Y al mejor estilo Samsara, en un monasterio al lado de un río volví a la vida mundana, a la ropa que me sentaba tan extraña, al caos, al dulce y sublime caos que es la existencia en éste mundo loco.

lunes 27 de abril de 2009

Volviendo a mi

«Y le preguntó: "Si hoy fuese el primer día de su vida, ¿qué estaría haciendo?"»

Muchas, muchas cosas han pasado desde la última vez que me senté acá a enfrentarme de cerca con éste monstruo de memoria perfecta al que le digo 'Blog'. Muchas lunas. Muchas historias. Encuentros y desencuentros hasta que, finalmente, por brevísimos instantes, me encontré a 'mí'.

Y de esos encuentros, quedan algunas cosas claras. Que en ésta vida, mi única responsabilidad por la que debo vivir día a día es el ser feliz. Punto. No estoy viviendo por nadie y nadie vive por mí. No importa, en últimas, lo que la gente piense de uno. No importa llenarse los bolsillos de billetes o sentarse en la silla más alta, poderosa e imponente de la ciudad. No es llenar el mapamundi de banderitas, ni acostarse con decenas de mujeres e ir llenando el cinturón de marquitas. No. Ojalá fuera tan fácil y tan sencillo.

La búsqueda de esa elusiva felicidad es una tarea demandante, 7 x 24, cada día del año. Para mi, es simplemente ser, ser, sin engancharse ni aferrarse a caras y cosas. Es vivir hoy, ya mismo, en el ahora y recordar que el futuro, así como el pasado, no existe. Es no olvidarse de vivir con intensidad lo que haya que vivir, encarar de frente lo que venga. Cuando hay que reír, reír con ganas, con arrebato. Cuando hay que llorar, hacerlo de corazón.

Vivir, sencillamente, vivir.

No preguntarse por la comida de ésta noche, o darse golpe de pechos por lo hijo de puta que fuí en el pasado, o por querer ser mañana lo que no soy hoy. No engancharse. Así tengamos la ilusión de que podamos planear, o dirigir los destinos, en el fondo todo, absolutamente todo, es incontrolable.

No ser tan mezquino con el amor, no entregarse con cautela y a pedacitos. Amar a las personas y los días completamente, sea con furia o con ternura, pero que sea real. Real como esa sangre caliente que corre torpemente por mis venas, la que siento con más intensidad cuando hablo con alguien que me gusta de cualquier tontería. La que siento cuando soy consciente de mi cuerpo, y de los mensajes que me quiere decir.

Darme cuenta que la vida es realmente un suspiro, y que es maravilloso que todo sea tan vano y efímero porque le dá una cualidad de inciertidumbre y emoción que no tendría si nos creyéramos eternos. Nos hace que dejemos de ser tan timoratos y nos arriesguemos y tomemos riesgos y nos estrellemos y nos demos en la cabeza, pero tambien hace que otras veces ganemos y disfrutemos plenamente del dulce sabor de la victoria. Tener la certeza que tarde o temprano vamos a morir nos fuerza a tomar las riendas y hacer todo a consciencia, intensamente.

Ésta misma brevedad es una gran maestra que me enseña lo estúpido que es odiar y perderse en el rencor. Es claro, así como uno ha hecho mal en el pasado, algún mal eventualmente le llegará a uno. Así como no le cae uno bién a todo el mundo, hay gente que francamente uno quisiera verla nadando en ese misterioso lugar al que dan las aguas de todos los sanitarios del mundo. Pero es inútil, y hasta idiota perder días y días en ese odio visceral que a final de cuentas no lleva a ninguna parte. «El odio es el único veneno que puede destruír tanto a su víctima, como al recipiente que lo contiene».

Es hora de pasar la página y dejar otra más atrás. Es hora de seguir caminando, corriendo, cayéndome, levantándome, volando y desaparecer.

Es hora de seguir.

Es hora de volver a mí.

Y esto, hoy, es lo que hay.

miércoles 11 de marzo de 2009

De nuevo, Bangkok

lunes 9 de marzo de 2009

Ithaka

Cuando emprendas tu viaje a Ithaka
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
no temas a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al colérico Poseidón,
nunca encontrarás seres así en tu camino en tu camino,
si tu pensar es elevado,
si intensa es la emoción
que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no los despierta tu alma ante tí.

Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los mercados de Fenicia
y consigue cosas hermosas,
nacar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Y que visites muchas ciudades egipcias
para que puedas aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ithaka en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Pero no apresures nunca tu viaje.
mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin esperar a que Ithaka te enriquezca.

Ithaka te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ithaka no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya, al fín, qué significan las Ithakas.


--C.P. Cavafy

miércoles 25 de febrero de 2009

Una Locita que anda por ahí me hizo el reclamo, con justa razón, que había abandonado lo más parecido que tenía a eso que llaman trabajo. Y es cierto, por acá por el blog no había vuelto ni por equivocación.

Son ciclos, como todo en la vida. A veces siento que hay una cosa que otra por contar, otras veces siento que eso para contar es tan personal que me lo reservo absolutamente para mi mismo, y otras veces definitivamente no hay nada relevante por decir. Y otras veces, cómo ésta, no se en que categoría poner lo que pasa.

La vida sigue naturalmente en el bosque. No hay calendarios, hora, ni obligaciones. Solo amaneceres y puestas de sol. No existe el dinero, no existe la prisa, no existe la presión. Cuando llueve, llueve y está bién. Cuando hace sol, también está bién. Los animales siguen su vida como lo han hecho miles de años, sin mucho cambio. Siguen con su rueda de la vida. Todos los días nace vida, todos los días muere vida.

Y uno, con su carga emocional, con los pensamientos que no paran, con las pasiones testarudas, se siente a veces como un invitado extranjero, como alguien que no encaja. Pero eso al bosque le tiene francamente sin cuidado. Es tan viejo y sabio que entiende que las ilusiones y las tribulaciones humanas son efímeras, vacías. La vida tiene esa manía de continuar día trás otro sin realmente interesarse en lo absoluto por nuestra enorme auto-importancia, nuestros planes, tristezas o soledades.

Estuve enfermo tirado en la cama unas semanas, sin poderme realmente mover. Lindo regalo de cumpleaños. En su momento me preocupé mucho, pero ya camino normalmente (casi) y todo va bién. Es que nada, nada, por más preciado que sea como la salud, o la misma vida, se escapa a esa ley del cambio, de la eterna transitoriedad.

Es un golpe a tu ego, al «yo» que tanto uno ha cuidado, el hecho de sentirse inútil, enfermo, casi un estorbo humano. Estar olvidado en la mitad de la nada, mientras todo pasa allá afuera. Pero es bién, porque en últimas ver tan de cerca la impotencia y el dolor le resta enormemente importancia a la inútil vanidad del ego.

En unas semanas viajo a otra ciudad por un tiempo para asistir a un curso de meditación vipassana, enfocado para farang (extranjeros). Es completamente en inglés así que el idioma no será barrera para preguntarle al profe, cómo sucede acá.

Y feliz año chino atrasado!