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viernes, 17 de julio de 2009

Oda a los anónimos reparadores de bicicletas

En Asia, las bicicletas siguen siendo los vehículos de preferencia de la mayoría de personas, incluso aún más que las motocicletas o los carruajes tirados por búfalos (!). Por ello, y como caídos del cielo, hay cientos de amigables personajes que por una fracción de un dólar se encargan de reparar una llanta pinchada, arreglar un rin desbalanceado, reparar los frenos, o hacerle mantenimiento básico a tu bicicleta. Y es todo muy zen, porque todos ellos tienen en común que son tipos relajados, algunos silenciosos, algunos gregarios, pero siempre con esa tranquilidad y frescura que uno ve raras veces en las ciudades. Y aunque muchas veces no tienen las herramientas adecuadas, éstos tipos francamente logran hacer milagros. Gracias a todos ellos.

Pero a veces, uno necesita algo más específico, un repuesto en particular, una parte escasa, una pieza importada de calidad. Para eso, hay que buscar tiendas un poco mejores que tengan más surtido. Y en mi viaje de 8,000 kilómetros, han habido varias ciudades de Asia en las que he buscado mucho y encontrado las que, a mi parecer, son las mejores tiendas de bicicletas. Acá hay una lista que no es exhaustiva en absoluto porque la saco de memoria, pero que busco reconocer a quienes merecen ser reconocidos.


CHINA

Las ciudades capitales de provincia, son el paraiso para los ciclistas. Bicicletas de muy buenas marcas, partes de recambio de alta calidad y accesorios increíbles, todo a precio de remate. Mi primera bicicleta china la compré por unos 15 dólares... eso lo dice todo.

En Chengdu
Acá compré mi bici en una de las tantas tiendas de GIANT esparcidas por toda la ciudad. No vas a tener problema con encontrar una.

En Kunming
Ubicada al sur de china, es una ciudad que recuerda el calor del sureste de Asia. Es un buen lugar para hacerle servicio a la bici antes de cruzar las fronteras con Laos, Vietnam, o empezar una aventura Tibetana. Allí también están las ubicuas tiendas de GIANT, pero para piezas especiales o accesorios, el premio se lo lleva:

Sr. Xiong Jun Wu, de Fat Tyre Fun Mountain Bike Club (cerca a Yunnan University)
No. 51, Unit 5 of Beimen Road, Kunming, China
Mail: bear_bike@hotmail.com

Aunque su inglés era tan básico como mi chino, nos logramos comunicar y fuera de las piezas de excelente precio y calidad que le compré, me llevé una bolsa llena de regalos. Hay que pedir descuento.


VIETNAM

Vietnam, Vietnam. Sus calles están llenas de bicicletas, pero sus ciudades carecen increíblemente de buenas tiendas. La mejor opción es en Hanoi, en la calle de las bicicletas que queda al sur del lago central. Por allí hay muchas tiendas de bicicletas en las cuales se consiguen algunas cosas y se puede probar suerte. Tal vez tengan mejor suerte que yo!


CAMBOYA

Si preguntas por una tienda de bicicletas, lo más seguro es que los locales te señalen la vía que da al venerable anciano del pueblo que tiene dotes del arte zen de la reparación de bicicletas. De cualquier manera, en Phnom Penh se encuentran algunas cosas para bicicleta en el mercado central y en el mercado ruso. Pero ojo, es lo más barato de entre lo barato. Perdí dos seguros para la bici en menos de dos días, así que considerate advertido.


LAOS

En Vientiane conocí una chica que me dice que hay una tienda al norte de Talat Sadet (?) que importa bicicletas de buena calidad desde China. Las que encontré unicamente vendían bicicletas para niños y de esas enormes y monstruosas bicicletas de la segunda guerra mundial. En todo caso, si algo serio le pasa a la bici en Laos, lo mejor es esperar y llevarla a Tailandia donde se le puede dar el cariño que necesita.


TAILANDIA

Ah, Tailandia. En cualquier ciudad mediana o grande encontrarás tiendas que reparan bicicletas de todo tipo, y que venden las famosas Trek, Merida, Giant y hasta Canondale. En Bangkok hay un surtido de tiendas que traen bicicletas muy buenas y le hacen servicio completo a las bicis que lo necesitan. Para mi, el premio se lo lleva:

Sr. Fausto Ezequiel (?), en The Bike Zone
2nd Floor, Amarin Plaza
Bangkok, Thailand

Fausto, es un hermano de Venezuela que da todo a buenos precios, y lo mejor de todo, es honesto y siempre tiene un buen consejo para darte. Aparte, su céntrica ubicación y de fácil acceso en el Skytrain la hacen imbatible.

También están las conocidas Probike, al norte del parque Lumpini y Canondale, por allá en Sukkhumvit. En Chinatown también encontrás una calle de bicicletas con una decena de tiendas de bicis para todos los gustos (y presupuestos).


INDIA

India es el paraiso para aquellos que aman los vehículos vintage, en especial las bicicletas que pesan una tonelada y que tienen estilo de la segunda guerra mundial. Si, por el contrario, buscas una buena bicicleta de touring o todo-terreno, con cambios y de un buen marco, estás en problemas. Hasta los mejores mecánicos de las tiendas de bicis alucinan cuando ven el sistema de la cicla que llevas, y eso nunca, pero nunca es un buen signo.

De cualquier manera, si necesitas urgentemente alguna reparación que se les sale de las manos a los mecánicos de carretera, puedes preguntar por:

Sr. Ramesh Arora, en The Hero Zone (Zamindar Cycle House)
60A & B, Cycle Market, Phase 1, Jhandewalan, New Delhi, India

El hombre es muy, muy honesto, te da las cosas a precio de local, y si hay alguna pieza que no tiene en inventario, te lleva a donde la puedes conseguir. Aparte, su tienda es una de las que más movimiento tiene en el sector y tiene de los poquísimos mecánicos certificados que pueden hacerle servicio a bicicletas con cambios.

Como decía, éste post no puede interesar a muchos, y aparte dista mucho de ser un directorio exhaustivo, pero podría ser bastante útil por si necesitas urgentemente reparar el cassette de piñones estando en la mitad de la nada en Asia, sin saber por donde empezar.


Summary: Bicycles shops all around Asia: China, Vietnam, Laos, Cambodia, Thailand and India.

lunes, 21 de julio de 2008

Camboya y su bienvenida

La despedida de Ho Chi Minh City, y por ahi derecho, de Vietnam fue bastante difícil. Y no por cuestiones sentimentales, porque la verdad estaba más q ue feliz de abandonar la tierra de la Guerra de America y de los precios multiplicados por diez. Fue difícil porque era mi último día en la visa, y esa noche realmente no había dormido mayor cosa. Aparte, estaba con un dolor de cabeza aplastante (cortesía de una copa de más de ron demasiado barato Vietnamita). Y por el afán, no había comido absolutamente nada. Salimos a eso del medio día, lo que significa un sol agobiante, un calor infernal, una agotadora y torturante deshidratación que no es nada interesante en un viaje en bicicleta en total contrareloj...

En el mapa decía claramente: a la frontera, tan solo unos 80 kilómetros, desde Ho Chi Minh. Unas tres horas, a un buen paso. O sea, que lograría estar allá bastante antes de las 6.00pm, hora en la que cierran el paso de la frontera entre Camboya y Vietnam. Sin estrés. Pero lo que no tenía en cuenta es que el mapa no contaba con que para salir de Ho Chi Minh City, eran otros 25 kilómetros del caos vehicular más denso y puro que uno se pudiese encontrar en el mundo... Y es que no es para más: La ciudad de Saigon tiene casi una moto por cada habitante...

Eventualmente la salida de Ho Chi Minh city se logró. La carretera se despejó un poco y se respiraba ya más el aire de campo (combinado con todos los gases de los tractores y los camiones que pasaban de lado a lado). Pero llegó la sorpresa del día: un increíble viento de frente que hacía bajar la velocidad hasta casi 10kmph, haciendo que el esfuerzo por empujar la bicicleta se multiplicara por MUCHO. Y a ese paso definitivamente no íbamos a llegar nunca a la frontera... Cuando el tema parecía que ya no se podía poner complicado, pues se puso. Dryan estaba rayando en el completo agotamiento físico, y al cabo de un rato me di cuenta que estaba pedaleando bien extraño... Cuando le pregunté, me di cuenta que andaba con los ojos semi cerrados y me dijo que se había quedado dormido por un par de segundos. En realidad había batido el record de los Most Stupid Bikers In The World... Está bién quedarse dormido en un avión, en un bus, en un carro, hasta en una moto... pero pedaleando y manejando una bicicleta? La cosa se pone peligrosa!!!

Acá tocó entonces que el hombre se dopara con dos o tres Red Bulls en bolsa plástica (así las sirven en Camboya) y el resto del camino forzarlo a hablar para mantenernos despiertos. Y fué un largo camino, con ese (*&^^%^*(*&^@@ de viento de cara que nos bajaba la velocidad a la mitad... El problema, ese que no hablábamos en voz alta, es que el cruce de la frontera cerraba a las 6.00pm en punto y que con nuestra velocidad y deplorable estado, realmente no lo íbamos a lograr. El tema es que si no llegaba antes de las 6.00pm, posiblemente me tocara volver a Saigon a pagar la multa y de nuevo a la frontera... Un panorama no muy interesante, teniendo en cuenta que los ánimos estaban casi en el suelo.

Pero los kilómetros fueron quemándose uno trás otro, hasta que a lo lejos se veía una construcción tipicamente Camboyana. Faltaban 5 minutos para las 6.00. Y asi que gritando y pedaliando, dando lo máximo, logramos llegar a la frontera antes que la cerraran. En los últimos metros de Vietnam nos estamparon los pasaportes, con esa no-sonrisa que es no-amigable que caracteriza tanto a los Vietnamitas... y bueno, esa fue la despedida de ese país, sin pena ni gloria, que se quedará en mi memoria como uno de los destinos menos amigables para viajar en toda Asia (y tal vez del mundo).

Y entrando a Camboya? Sin visas, sin aduana, sin preocupaciones. Nada. Los tipos nos atendieron con una gran sonrisa en la cara. Y cuando pagamos la visa, los tipos no tenían cambio. En un lugar donde procesan (lease: venden) cientos de visas diariamente, no tenían para devolvernos. Y asi estabamos preparándonos para colgar la hamaca y dormir en el puesto de aduana, hasta que despertaron al jefe que estaba en su siesta y nos cambio el billete.

Welcome to Cambodia nos dijo riendose, cerrando la puerta del cruce fronterizo trás de nosotros!

Si señor, Welcome to Cambodia!

lunes, 14 de julio de 2008

Ho Chi Minh City, última parada en Vietnam

Es maratónico tratar de desatrasar el blog, sobretodo porque tantísimas cosas han pasado en las semanas que han pasado desde que salí de Vietnam... Pero bueno, con un poco de paciencia y otro poco de buena memoria, trataré de terminar y actualizar con las últimas noticias de Camboya.

A Ho Chi Minh City (o Saigon) nos tocó ir de rapidez, porque los días para que mi visa expirara estaban contados. Ésta es una enormísima ciudad con más de 7 millones de habitantes, antigua capital de Vietnam del Sur, bastión de Estados Unidos en la tristemente famosa guerra de Vietnam (o Guerra Americana, para los Vietnamitas). Es una ciudad caótica, increíblemente caótica, porque existen circulando casi cuatro millones de motocicletas... Es decir, de dos habitantes de Saigon (contando ancianos y niños), uno tiene motocicleta. Así que es tal vez es fácil imaginarse la congestión vehicular en las calles cuando es hora pico, peor aún teniendo en cuenta que en Vietnam las reglas de tráfico son inexistentes y los semáforos se construyeron para decoración unicamente... Y así, en medio de esa tormenta de pitos y ruidos de motores por doquier, entré a Saigon. Si había pensado alguna vez por allá en Danang que manejar moto en Vietnam era realmente suicidio, tenía que pensar nuevamente: Manejar bicicleta en Saigon es realmente lo más cercano a sobredosis de adrenalina que he sentido. Pero como siempre, uno se termina acostumbrando a absolutamente cualquier cosa... para eso es particularmente buena nuestra especie, los animales de costumbre que somos los seres humanos.

La ciudad de Saigon está llena de museos y sitios que comparten un tema recurrente: la guerra de los 70's. Como ya estaba en las últimas en Vietnam, y luego de visitar tantos otros museos similares en el norte, en ese aspecto en particular no se centró mi visita en Ho Chi Minh City. Más bién, fue dejarse llevar por la energía de la ciudad, por ese carisma de los callejones pequeños, por la vibra de la gente.

Y también confieso, que lo mejor de Saigon es algo compuesto por tres palabras: Banh Mi Thit. Son los mejores 8,000 Dong invertidos en Vietnam (algo así como medio dolar)... El famoso Banh Mi Thit no es más que un sublime sanduche de pan francés con paté, jamón y una cantidad de vegetales salteados... Acostumbrado como estaba al eterno y omnipresente pho, este cambio fue caído del cielo. El secreto de éste humilde sandwich vietnamita es que el pan francés es realmente sublime, con el punto exacto. Diría yo que es una de las pocas cosas positivas que quedó en Vietnam luego de la invasión francesa unos años atrás.

En Saigon también aproveché para hacer el famoso tour por el delta del Mekong, porque no me alcanzaba el tiempo para hacer la visita en bicicleta... Y aunque los lugares visitados fueron bastante bonitos y pintorescos, el hecho de andar en un tour te hace sentir como si te transportaran en un rebaño... Comer acá, caminar doscientos metros por acá, mirar a la señora que pinta, tocar el árbol tradicional, etc. etc. etc. Y por supuesto, no se les ocurra caminar por su propia cuenta!!!!! Ugh, detesto los tours organizados...

Pero no hubo tiempo para remordimiento, porque había llegado el último de mi visa!!! Y como buen latino que se respete, no había preparado nada, no sabía a donde ir, no tenía ningún plan. Dejando todo para última hora como diría mi santa madre!!!!

jueves, 10 de julio de 2008

Danang y Hoi An

Pasar el fin de semana en Hoi An no era una idea para nada mala. El único tema pendiente eran la logística con las bicicletas, porque si íbamos a Hoi An teníamos que devolvernos nuevamente a Danang (una ciudad para nada memorable) y continuar camino otra vez al sur, haciendo tres veces el mismo recorrido. Salomónicamente, cambiar de transporte por algo motorizado y decidimos rentar unas motos por unos días. En el hotel de Danang (que por cierto es de lo mediocre que hay), rentamos las poderosas Honda Dream a solo 6 dólares por día y con algo de equipaje salimos rumbo a Hoi An.

Tengo que confesar que el hecho de viajar a más del doble de velocidad que en la bici y sin esfuerzo alguno, hace que te aparezca una espinita de inconformidad, como si se requiriera mucho más esfuerzo para lograr lo mismo. Pero ésta miserable espinita murió al instante, por el solo hecho que en la bici no tenés que echarle gasolina, no hace ruido, y la única cosa que te lleva por el mundo son tus piernas, vos mismo sos el que viajás sin necesidad de complejos aparatos mecánicos ni contaminación. Estás cerca de la gente, del paisaje, del camino, ese camino que suena a unos cuantos centímetros mas abajo de tus pies. Y para rematar, las posibilidades de que uno se mate en la bicicleta son muchísimo, muchísimo menores que en la moto.

De paso hacia Hoi An, paramos en las montañas de mármol que son unos montecitos tipo karst llenos de pagodas y templos. Aunque en China vi muchísimas montañas de este estilo, una cosa que me pareció increíble fueron los templos llenos de incienso que estaban tallados dentro de las cavernas, utilizados aún hoy en día por los monjes que viven en el monasterio de la montaña.

Llegamos a Hoi An entrando la noche, pasando por una escuelita en la que estaban practicando el arte marcial de Vietnam, que aun no se el nombre. Lo interesante es que el entrenador era totalmente vieja guardia que con un palo golpeaba durísimo a los estudiantes que no eran capaces de hacer el ejercicio que les tocaba...

Los hoteles de Hoi An varían de ser increiblemente lujosos, a simples hotelitos de mochileros. Obviamente, a ese último rango fue al que le apuntamos, pero estuvo muy bién, cumplió con la regla de las tres B's: bueno bonito y barato. La comida tiende a ser carísima en los restaurantes que dan al río, pero nos encontramos con una joya que se llama Café 47 (o algo así) que por un par de dólares por persona te dá la mejor comida que probé en Vietnam... Tanto así, que ese lugarcito, atendido por sus dueños increíblemente buena gente, se convirtió en casi sitio de peregrinación todas las noches.

Hoi An, es otro lugar declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Es una ciudad pequeña, pintoresca, muy cercana al mar. Pero aunque está llena de casas históricas y monumentos interesantes, mi humilde opinión es que no puede competir con otros sitios también declarados patrimonio... Es una ciudad, cargada de contenido histórico, pero no te va a cambiar la perspectiva del mundo. Nuevamente, esa fue mi humildísima opinión.

Pero igual, la pasamos muy bién entre playas espectaculares y cálidas y sitios llenos de la historia de vietnam. Sería descarado quejarse!

martes, 8 de julio de 2008

Cruzando la montaña más alta de Vietnam, hacia Danang

Lan Co estaba relativamente cerca de Hoi An, menos de 100kms en total. El tema, es que en la mitad estaba la montaña más alta de Vietnam, el famoso Hai Van (mar de nubes). Ésta montaña la atraviesa un túnel de más de 30 kms de longitud, evitandole a los autos y buses la subida lenta y tortuosa hacia la cima de la montaña. Pero motivados por la idea de ver a Vietnam desde la cima de su montaña más alta, arrancamos por la carretera vieja, la que solo transitan los búfalos de trabajo y aquellos que no quieren pagar el peaje del túnel. Ah bueno, y los ciclistas que quieren matarse subiendo, esperanzados de una vista inigualable.

La subida, como era de esperarse, fue jodida. Sobretodo porque el día estaba particularmente sofocante, la subida era más pendiente de lo que me imaginaba, y un dolorcillo en la rodilla izquierda le dió por hacer su reaparición. Pero cuando se siente uno cansado, muerto, solamente es mirar hacia el lado del mar, parar un poco a respirar y dejarse llevar por el paisaje, kilómetros y kilómetros de playa limpia, un mar azul hasta donde el ojo puede ver, cubierto de juncos y barquitas de pescadores que se mecen tranquilas, como lo han hecho de siempre. Y enmarcando todo el cuadro, una de las pocas cadenas montañosas de Vietnam. Cada metro que subís, es un metro más conquistado, un metro más de paisaje y de vida.

A eso de la mitad del ascenso, paramos a descansar y tomar agua en el medio de la nada. Unos metros más adelante, había una casita de madera con techo de paja y de ella, salió un tipo lo más de contento a gritarnos 'Hello, hello, come in please' algo así como hola, por favor entren. El sol estaba literalmente rostizante, así que decidimos entrar y descansar un poco a la sombra. Resulta que Hai Van no solo es el paso de montaña más alto de Vietnam, sino que también es uno de los parques naturales más importantes del país. Y el tipo éste, era uno de los cuatro guardabosques encargados de proteger el parque, buenísima gente (a diferencia de un 98% de los vietnamitas) que nos invitó a té y a jugar ajedrez chino. Al rato, nos invitó también a conocer el sector, prometiéndonos una cascada natural con agua helada... semejante oferta no se rechaza facilmente. Y bueno, fuimos con las bicicletas montaña adentro, hasta que encontramos el cauce de un arroyo. Ahi las dejamos y subimos con nuestro improvisado guía, entre la selva, en dirección a la cascada. Eventualmente llegamos, y es una de esas experiencias que pocas veces se ven: vos en una cascada en la mitad de la selva, y de frente, la vista panorámica del mar cientos de metros más abajo. Al rato de andar en ese jacuzzi natural, era tiempo de continuar porque aún no habíamos coronado el paso de montaña. Nos despedimos del tipo increíblemente amable, que de paso nos llenó las botellas de agua con agua de manantial pura.

Luego de no se cuanto tiempo más, al final coronamos la cima... una vista sublime, única, solamente opacada por los bunkers y trincheras olvidados por el tiempo, dejados en el pasado por Estados Unidos, llenos de agujeros de bala y de quién sabe cuantos sueños rotos, testigos mudos de una guerra verdaderamente estúpida sin honor, gloria o victoria.

La bajada de la montaña fue obviamente un paseo. El recorrido que de subida tardó la mayor parte del día, al otro lado de bajada fue hecho en algo más de media hora... Y media hora más tardamos en llegar a Danang, una de las ciudades más grandes de Vietnam, lugar en el que solo estábamos de paso para reencontrarnos nuevamente con las francesas que volaban desde Haiphong, antes de continuar a Hoi An.

sábado, 5 de julio de 2008

Lan Co, una perfecta sorpresa

De Hue entonces la idea era seguir como de costumbre hacia el sur, en dirección a Da Nang y eventualmente Hoi An, una ciudad catalogada como patrimonio mundial por la UNESCO. En el camino, bastante congestionado por ser la principal autopista de Vietnam, encontramos algunos ríos en los cuales paramos para practicar el deporte olímpico de tirarse en clavado desde los puentes y refrescar el cuerpo bajo un rostizante sol. Al rato, empezó a llegar una brisa suave, pero con un olor a mar, a playa. A unos metros más adelante, luego de una curva se abrió la vista del mar del golfo de Tonkin, tranquilo, apacible, quieto. Nos metimos por un caminito destapado para acercarnos al mar y pedalear un rato junto a el, y en el camino nos encontramos con un pueblo de pescadores haciendo lo que han hecho sus padres y abuelos y bisabuelos. Generación trás generación de hombres de mar, de granjeros del oceano, que nos observaban con mirada dura, curtida por tantos atardeceres junto al mar. Adelante encontramos un restaurantucho, en el que nos comimos uno de los mejores almuerzos de Vietnam, pastas salteadas con frutos de mar, por 15,000 Dong, algo menos de 1 Dolar.


Luego del reposo obligado por un aguacero pasajero, hijo del monsón, seguimos camino. Llegamos al pueblito de Lan Co, uno de esos lugares que a duras penas aparecen en los mapas, y se ganan una mención de un par de líneas en las guías de viaje. Preguntamos por donde quedarnos en varios lugares, pero finalmente nos quedamos en una casa de familia que tenían una habitación para alquilar. Y aunque no tuvieran electricidad, ésto lo contrarestaban con creces con su buena energía, su ánimo y su calor. Y lo mejor, la playa quedaba solamente a unos metros, cruzando una duna.


Pero no era cualquier playa. Era una playa limpia, limpísima. De aguas cristalinas y arena suave. Sin turistas. Sin gente. Una playa solo para mí, sin nadie a kilómetros a la redonda. Una de esas sorpresas que le regala la vida a uno ocasionalmente, como las sorpresas que venían de vez en cuando en los paquetes de Chitos o Yupis!


Y fué ahí en esa playa también donde la vida me regaló otro atardecer, y otro amanecer, mientras nadaba en ese océano, al otro lado del planeta del lugar que me vió nacer, viviendo otra vida que nunca imaginé posible, viviendo, simplemente viviendo.

viernes, 4 de julio de 2008

Hue

A Hue llegamos a eso de las 3 de la mañana, medio muertos. El último trayecto lo hicimos en tren, porque el tiempo se nos estaba haciendo corto para atravesar los más de 2000 kilómetros de Vietnam. Y claro, como me había quedado gustando tantísimo la experiencia de montar en tren última clase acá, volvimos a tomar la misma clase, la más barata, la más pintoresca, y claro, la más jodidamente incómoda.

Lo triste es que en el viaje, a mi querida French Press con la que hacía café todos los días le salieron patas y salió de huida... seguro metiéndose en el bolso de algún Vietnamita que a estas alturas de la vida está usándola para limpiar el sanitario. Y también perdí mi juego de dibujo, completo con portaminas y difuminadores. Bueno, cosas de la vida... no todo puede ser perfecto!
En todo caso, faltaban aún varias horas para que saliera el sol y la ciudad seguía en REM. Encontramos por fortuna un puestecito callejero que venía Banh Canh, que es como una sopa de pescado con pastas, tradicional del área costera del centro y sur de Vietnam. Y acá viene una perla que muestra como es la cultura de negocios de los Vietnamitas, tratando siempre de tumbar a los turistas. Resulta que preguntamos cuanto costaba una cerveza. La chica, medio dormida, nos dijo el precio de 6,000 Dong que es un precio decente, por lo que pedimos un par. Y claro, cuando la chica se dió cuenta de su grave error de dar un precio honesto y no triplicado, volvió y nos dijo... 20,000 Dong, más del triple. Yo se que puedo tener cara de estúpido, pero no taaaanto... Muerto de la risa le dije que el precio normal era 6,000 y que no jodiera más, y la chica aceptó, seguramente pensando para si misma que igual hizo el intento de joder a los turistas, deporte nacional de Vietnam...

Luego de nuestro saludablísimo desayuno de sopa de pescado y cervezas (el corn flakes con leche es taaan del pasado!) estaba la idea de darle la vuelta a la ciudad imperial, pero desafortunadamente estaba desierta y cerrada. El plan B fue seguir recorriendo por las calles cercanas al río, despacio, lento, haciendo tiempo para que se hiciera de día. En esas, de improviso al sol le dió por salir, bañando de dorado, púrpura y rosa el río y la ciudad. La rabiecita por el robo de la cafetera y los lápices se esfumó por completo, era un día que valía la pena. Pero ya el cansancio acumulado de varios días de esfuerzo físico y poco sueño se hacía sentir, y el pensamiento de tener que buscar hotel y negociar a esas horas era pesadísimo, agobiante. Entra entonces el Plan C, encontrar un parquecito X en la ciudad, colgar las hamacas y hacer una siestecilla reparadora de algunas horas antes de ponernos en tarea de buscar el hotel. A eso de las 8 o 9 am nos despertó una señora que estaba haciendo deporte, creo que no le gustaba la visión de un par de extranjeros roncando al lado de sus bicicletas... hinchapelotas! Pero bueno, igual también era hora de buscar hotel. Conseguimos uno que parecía decente, con TV, cable, aire acondicionado, y baño propio por 5 o 6 dólares. El primer día fué de recuperar energías, porque en realidad estaba vuelto nada, exhausto.

Hue fue la capital del imperio de Vietnam en épocas antiguas, hogar de varias dinastías. La citadela histórica, está protegida del exterior por una gruesísima muralla defensiva, y un foso al mejor estilo de los castillos de las historias de caballeros y princesas. A veces me daba ese aire que me dan las ciudades amuralladas antiguas, tipo Cartagena en Colombia. Solo que al interior de ésta, en lugar de arquitectura colonial española, estaba llena de pagodas y edificaciones de un estilo algo achinado. Un lugar bastante tranquilo y bonito.


Cerca a Hue están los mausoleos de las varias dinastias que reinaron en la antigua capital. Son complejos funerarios enormes, majestuosos, imponentes, que nuevamente celebran la megalomanía de sus gobernantes, y la esperanza de que riquezas y poder pudieran comprar una mejor vida en el más allá... En uno de éstos mausoleos está una stelae gigante, que es como una piedra enorme que trajeron desde el norte de Vietnam, y tardaron más de 4 años en transportar. La finalidad? Poner la autobiografía del monarca de turno. Más megalomanía...

Pero Hue estuvo bastante bonito, tranquilo e interesante. Bastante turístico también, pero hay suficiente espacio para respirar. Lo peor vino el último día en el hotel, que conocimos un fotógrafo Holandés al que se le habían entrado a la habitación y le robaron absolutamente todo (incluyendo todo su equipo de fotografía). Y en el hotel le responden tan tranquilamente que si vieron al ladrón llevarse sus mochilas y maletas, pero nadie dijo nada. Y aparte, no le respondieron por nada. Y justo ese mismo día, también se entraron a la habitación de nosotros y se le robaron al belga algo así como 50 Euros en moneda local, literalmente una millonada. Y obvio, el hotel tampoco respondió por nada.

Ah, Vietnam, Vietnam....

jueves, 3 de julio de 2008

Ninh Binh

Fué hace tantos días el paso por Ninh Binh que los recuerdos se han ido escondiendo un poco tras de esa nube de olvido y tiempo. Pero la verdad es que los recuerdos que quedan de Ninh Binh son de los mejores que hay de Vietnam.

Como luego de dejar las maletas en el hotel luego de hacer el check-in en Ninh Binh aún era temprano, pues no estaba de más dar una vuelta por los alrededores. En el hotelito familiar donde me quedé, el Xuan Hoa, la gente era demasiado amable y dibujaron un mapita especial para ayudarme a dar un paseo por los lugares que practicamente nadie visita. El tipo me decía, es un lugar complicado y los caminos no están muy buenos, pero tu vienes de China en bici y no vas tener problemas, seguro, y el camino y la gente están muy bién.

OK, perfecto, entonces con mapita en la mano me hice a la búsqueda de los caminos empolvados y pequeños, realmente en el centro de la nada. Lo bonito es que cuando atraviesas por las aldeas, la gente emocionada sale a saludarte, a sonreirte, a tocarte los brazos peludos y a decirte jeeelouuuuu con su mejor inglés, a mirar asombrados tu bicicleta que, oh por dios, tiene cambios!!! Y luego, al salir de las aldeas, te encontrás metido de lleno en un campo de arroz, rodeado por montañas karst que salen de la nada, de ríos y de campesinos trabajando sus granjas. Y de vez en cuando, ves un templo que nadie visita, en los que los monjes se apuran a salir a tu encuentro y mostrarte las cavernas y las modestas esculturas que el tiempo no ha cuidado muy bién. Sigues pedaleando por los caminos, generalmente cubiertos siempre por gajos de arroz que los granjeros dejan secando al sol, y luego los caminos se convierten en verdaderos pantanales, a las orillas de los riachuelos.

Y siguiendo el mapa, eventualmente llegás a Hoa Lu, la antigua e histórica capital del reino de Vietnam, en el medio de ese paisaje increíble que solo la naturaleza tiene la imaginación para crear. Del poderío y la majestuosidad de otros tiempos, solo quedaron rezagos, en forma de templos reconstruídos y paredes viejas. Pero igual, el lugar tiene ese aire que solo los lugares con fuerte contenido histórico tienen. Y cerca de Hoa Lu, está una montaña sagrada con la mejor vista sobre Ninh Binh. La verdad es que estaba destruído y la idea de subirme a la montaña sin agua no era la mejor, pero pudo más la curiosidad y las ganas de ver todo con la visión de un pájaro, así que manos a la obra y subir y subir y subir... la verdad, valió la pena!

Al otro día fué la grata sorpresa que Dryan, el belga que conocí en Hanoi, venía en camino hacia Ninh Binh acompañado de Celine y Marie que también se habían tomado el fin de semana. Y claro, había que celebrar el reencuentro!

En el hotel se quedaron una pareja de ciclistas suizos que estaban de vacaciones haciendo un circuito rápido por Vietnam. Estaban viajando con unas bicicletas Giant, similares a la mía pero un poco mejores, y decían que había sido la mejor compra que habían hecho. Obviamente, les dí la razón. También en el hotel había una de las leyendas de Ninh Binh, la famosa agua de Ninh Binh. Y ésta agua no era más que un potente alcohol de arroz fermentado en casa, y añejado por varios años. Solo que el proceso de añejamiento es algo particular. La foto puede dar algunas pistas... Efectivamente, es un añejamiento con las delicadezas del Dragón de Vietnam (iguana) y algunos cientos de gusanos, muy buenos para la potencia masculina. Ja!

El dueño del hotel, orgulloso de su tesoro alcohólico, le ofreció a los ciclistas una prueba del alcohol sagrado... Y claro, como siempre le entramos a ver que era el tema. El sabor... mmm... distinto. El olor... alcohol industrial. El efecto... bueno, digamos que yo estaba virtualmente prendido con solo dos copas de ese brevaje. Oh yeah!

Al otro día visitamos también el famoso Tam Coc, que se me hizo muy similar a Guilin en China. Basicamente vas en tu barquito con tu remera, y te haces el camino entre campos de arroz y cavernas en el río. Un recorrido bastante tranquilo, pacífico, simplemente hermoso.

Esas noche, con el dueño del hotel que es un tipo 5 estrellas, nos fuimos a tomar cervezas a un beer garden estilo Vietnamita, a celebrar que en la estación de trenes y de buses logramos persuadir a unos turistas sin idea de nada a que se quedaran a su hotel, que en realidad es excepcional. Y un par de jarras de cerveza más tarde, hizo alarde de las costumbres de Vietnam y nos invitó a fumar la ubicua pipa de agua. Cosa poderosa!

La próxima estación sería Hue, otra capital del imperio de Vietnam. Ésta vez viajaría nuevamente con Dryan, el belga. Dejando atrás a Ninh Binh, coincidimos en que esa ciudad había sido una de las mejores experiencias en Vietnam, no solo por los paisajes y la historia, sino porque particularmente la gente era buena gente, sencilla, alegre, a diferencia de la mayoría de sitios de Vietnam hasta el momento.

martes, 1 de julio de 2008

A un paso de Ninh Binh

Como había que pagar por horas, me quedé en el hotelito de paso el tiempo estrictamente necesario, forzándome a salir recién salido el sol hacia Ninh Binh. El día estaba particularmente caliente, sofocante, asfixiante... Pero igual a lo hecho pecho. La ruta cambió un poco para mal, porque la carretera deja de ser secundaria para convertirse en autopista nacional, llena de carros, buses, motos a toda velocidad... Y el común denominador es que todos, TODOS, pitan al pasar. Y no pitan una vez, sino que pitan frecuentemente y sin parar... Para ellos, usar el pito es algo tan básico como frenar o mirar por el espejo retrovisor. Y aparte de ser molesto, se vuelve algo verdaderamente estresante, sobretodo cuando el que te pita es un camión enorme con un pito que dejaría mudo a un concierto de Sepultura...



Ya llegando a Ninh Binh, hubo una imágen que quedó grabada fuertemente en mi cabeza, y que desafortunadamente, no la he podido borrar. Iba por la carretera pedaleando tranquilamente en uno de los días más calientes, 40 grados de infierno, cuando de frente venía una moto cargada con unas jaulas a cada lado. Suponía que eran pollos o algo así, como generalmente se ve en las carreteras de China y Vietnam. Pero no. El tipo en la moto se bajó frente a un restaurante y soltó la jaula aquella. Y la jaula comenzó a aullar. Y el tipo agarro un palo y empezó a soltarle golpes a la jaula, a las extremidades que lograban sacar desde adentro. Cuando pasé cerca, me di cuenta que el cargamento no era mas que perritos que estaban literalmente uno encima de otro, sin espacio para respirar. Todos estaban jadeando, tratando de pelear por aire, por algo de espacio.




Los mas desafortunados, los que estaban abajo, estaban muertos en su mayoria, aplastados por otros perros, por el hambre, por la sed, por el calor, por el desespero. Tenia la ultima botella de agua y trate de darles algo que los sacara un poco de ese infierno, y en esas llego el conductor afanado al ver que un desconocido se metia en su cargamento. Le trataba de decir que los perros estaban muriendose literalmente en el calor, en el sol, que los soltara, pero el tipo como buen vietnamita trato de sacar negocio mientras se moria de la risa del estúpido extranjero que se llenaba de pesar por los perros que serían devorados en el restaurante más cercano. Me dijo su precio... 'uan, ajandredolas' 100 dolares cada uno. Y mientras seguía riendose, volvió a subir los pobres perros a la moto, alejándose de mi camino, pero dejando en mi mente uno de los sabores más agrios del viaje.


Y está bien, entiendo que en Vietnam se coman a todo lo que se mueva... después de todo, el hombre es omnívoro y acá han pasado tiempos salvajes que hacen que el hambre pueda más que todo y no se le haga el fó a ningún tipo de comida. Pero también, los perros estaban pasando por una situación traumática, torturadora, injusta, sin dignidad, bárbara... Y eso no se lo merece cualquier ser viviente. Te hace pensar bastante sobre la calidad de vida (y muerte) de los animales que nos comemos en la sopa del día o en la hamburguesa o en nuestro KFC...


Pero bueno, con los ánimos en el suelo llegué a Ninh Binh, a buscar por la mayor parte de una hora la esquiva guesthouse donde pasaría la noche, a buscar algo que comer.

lunes, 30 de junio de 2008

Hacia el suuuur...

Ninh Binh desde Haiphong se podría hacer en un día, pero mejor decidí tomarme el tiempo y hacerlo en dos días relajados, con escala en Tai Binh, una minúscula ciudad en la mitad del camino. La salida de la ciudad fué sin novedades, el día estaba con un sol débil, perfecto para montar sin deshidratarte en el camino.

A diferencia de la autopista hacia Haiphong, esta carretera era secundaria, lo que la hacía menos llena de buses, camiones, carros y motos, pero más llena de granjeros con sus típicos sombreros cónicos, manejando carretas tiradas por búfalos y sus bicicletas caseras hechas de madera.

A mediodía, cuando el calor se vuelve insoportable, el hambre se convierte en un pretexto para buscar cualquier lugar para sentarte y comer lo que sea que esté preparando la cocinera de turno. Ésta vez, el turno nuevamente fue para el omnipresente pho bo que nos ha salvado tantas veces. Mientras estaba en el restaurante, un camión enorme se detuvo y se bajan dos tipos a comer también, comensales frecuentes del restaurante porque estaban como en su casa. Y como en su casa, me invitaron a sentarme a su mesa, y a entrarle a la comida de ellos que valga la pena aclarar, dejaba a la mía palideciendo de envidia.

Y bueno, como en Vietnam todo vale, los conductores del camión pidieron su postre: una dosis personal de alcohol de arroz (un litro), y empezaron a entrarle fuerte. Por transitividad, mi vaso pasó de tener agua, a tener un whiskey casero fuertísimo, de más de 50% de contenido de alcohol. Y como de costumbre, es supremamente maleducado rechazar una invitación de esas... aparte que ni te dejan. Y encima, cuando brindas en Vietnam, dices "chama cham", que literalmente significa 100%... es decir, que te tenés que tomar todo el contenido de tu vaso.

Finalmente, muchos vasos vacíos más tarde, como pude les expliqué que tenía que partir ya en mi bici, porque si me quedaba corría el riesgo de pasar la noche en ese mismo minúsculo restaurantito del borde de la carretera, y yo quería llegar a Thai Binh esa noche. Los tipos me dijeron que antes tenía que fumar con ellos la pipa de agua, y que luego, podía irme. Es más, si quería ellos me llevaban de vuelta a Haiphong, pero la idea no era muy interesante porque estaría perdiendo tiempo y recorrido... Así que solo me quedé para la pipa de agua. Esta pipa es muy similar a las del sur de china, en las que le ponen un tabaco fuertísimo que te deja un poco en knock out a los pocos segundos de fumar. Puf...! Casi se mueren de la risa cuando casi se me sale el alma tosiendo y tosiendo. Definitivamente el tabaco de Vietnam es algo a lo que hay que tenerle respeto!!!!

De vuelta en el camino, varios locales en sus motocicletas medio asombrados de ver a ese montado en bicicleta con sus maletas, más por pasar el rato que por otra cosa empezaron a apostar carreras conmigo. Y el tema era fácil: ellos en sus motos, manejando sin manos, y yo en mi cicla, dándole fuertísimo, a lo que más pudiera. Obviamente, la pelea fué reñida, pero técnicamente yo gané porque tarde o temprano ellos usaban las manos para esquivar un búfalo perdido, o un tractor que venía a toda velocidad de frente...

Ya cayendo la noche, llegué al famoso (ja!) Thai Binh, un pueblucho con un templo o dos dignos de visitar. El lugar para pasar esa noche fue un humilde hotel de paso relativamente barato, de esos que pagas por horas... ehm... sin comentarios. Otra interesante experiencia en Vietnam.

viernes, 27 de junio de 2008

A Hai Phong

La ceremonia de todas las partidas. Hacer check-out, revisar la bici, cargar el equipaje, apretar las correas, y enfrentarse a ese tráfico matutino de la ciudad. Solo que ésta vez habían un par de cosas diferentes...

La primera, el tráfico matutino no era el de cualquier ciudad sino el de Hanoi, mundialmente conocido por su comportamiento demencial, orgánico, suicida. En ésta ciudad todo el mundo y su madre maneja moto... Digo maneja en el sentido que se montan al aparato y lo aceleran a lo que más da, sin darle mayor importancia a las reglas básicas de tránsito, como el sentido de la vía, o todos los peatones que pueden morir atropellados en cada cuadra. Ese tipo de tonterías.

Otra novedad ésta vez es que no estaba saliendo solo de la ciudad, sino acompañado por Dryan El Mexicano. Y así el tema cambia un poco, uno se da ánimos, se puede turnar enfrentar el viento de frente, y tenés a alguien con quien hablar en el almuerzo.

La salida fué a lo latino: tarde. Lo cual no fue tan bueno más tarde, porque el día estaba totalmente despejado, lo que significaba un sol berracamente duro a mediodía, lo que significa parar a comprar agua cada diez, veinte kilómetros, lo que significa a su vez tener que negociar siempre con los Viets precios absurdos, que por lo general son 10 veces el precio original. Pero bueno, esos son gajes del oficio. En una de esas, nos encontramos con Carlos, otro belga que también estaba haciendo la vuelta por Vietnam en bici. Increíble, en China ví a muy pocos ciclistas, en su mayoría eran chinos, solo una pareja de suizos medio malencarados que pasé en camino hacia la frontera con Vietnam. Y ahora, en tan solo un par de días en la capital, ya van más de 3 ciclistas viajeros, más un par de locos que se compraron una bicicleta borrachos y estaban planeando arrancar a mitad de la noche...

El caso es que Carlos, el otro belga, tenía una bicicleta con equipo que costaba más de ocho mil dólares. Mejor dicho, solo una de sus maletas de ultra-tecnología, costaba más que mi humilde bicicleta completa... El día estaba largo, caliente, pesado... Pero eventualmente llegamos a Hai Phong, hechos un desastre. Es increíble lo tanto que uno depende de las condiciones climáticas... que si está lloviendo, es difícil, que si está haciendo muchísimo sol, peor. Que si hace viento de frente, es una pesadilla. Y si combinás todo en un día... bueno, ese día NO es tu día. Pero eso también hace parte del viaje, esas cosas que antes uno ni se daba por enterado mientras viajaba en tren o en bus... ahora hacen parte del día a día, y tenés que mantener un ojo abierto a ellas. Antes, practicamente nunca miraba al cielo para mirar la dirección del viento, la forma de las nubes. Ahora, es un acto reflejo. Las cosas cambian tan fácil en solo algunos meses... días...

En Hai Phong logramos encontrar el hotel donde estaban las niñas, nuestras anfitrionas en la ciudad. Y la verdad es que se pasaron de buena onda, y en dos días de poco sueño nos llenaron de buenísima energía y recuerdos.

En Haiphong me despedí de ellas y del belga, porque ellas se quedaban trabajando en su ciudad, y el hombre continuaría hacia Halong Bay, y yo hacia el sur, hacia Ninh Binh que ya estaba un poco retrasado.

Tal vez nos veríamos en el futuro, el camino dirá.

martes, 24 de junio de 2008

De vuelta a la capital

De vuelta a la capital, a la dama del norte, a la vibrante, caotiquísima, inentendible y loquísima Hanoi. Habían sido unos días largos e intensos nadando, haciendo snorkeling y kayaking y conociendo gente en la bahía de Halong, una de las maravillas naturales del mundo. Ya nada más atándome a Hanoi, el plan era salir temprano al otro día hacia el sur, hacia Ninh Binh, famosisimo por ser uno de los sitios más fotogénicos de Vietnam, en el que numerosas películas se han filmado, incluyendo la Indochine (que por cierto nunca me ví).


En esas que salgo al balcón a colgar las tres camisetas y dos pantalonetas que tengo por equipaje, veo parqueada en la calle abajo una bicicleta que sin duda alguna es de viaje. Y con esa curiosidad que le da a uno por saber que tal es la máquina del otro, bajé y me puse a chismosiar. Y en esas, un tipo con cara de mexicano me dice que que ondas, que que estaba mirando (la bicicleta estaba sin cable de seguridad). No nada viejo, acá mirando no más, y así empieza esa conversación entre viajeros en bicicleta, entre medio contandose la vida y midiéndose el terreno, mirando de que está hecho el otro. Pero bueno, resulta que el tipo se llama Dryan, y es de Bélgica pero con padre de Camboya. El hombre recién llegaba del sur, desde Bangkok haciendo la ruta mas o menos que quería hacer yo. En esas también empezamos a hablar con un par de chicas de Francia, que andaban haciendo su pasantía de enfermería en Vietnam. Y como todo el grupo resultó siendo rebuena onda, quedamos de salir a comer algo y tomarnos unas Bia Hoi que es cerveza hecha en casa, a un precio absurdamente barato. Con un dolar, te terminas tomando como 6 o 7 vasos grandes de cerveza!


Evidentemente, al otro día no madrugué para comerme los 100 kilómetros que me separaban de Ninh Binh. El fin de semana pasó, con muchas palabras, muchas conversaciones en inglés-francés-español y poco sueño. Eventualmente, los planes cambiaron un poquillo, puesto que en vez de viajar al destino hacia el sur, decidimos compartir ruta con Dryan hacia Hai Phong, donde las niñas vivían y muy amablemente nos invitaron a pasar algunos días.


Y esa es otra historia.

domingo, 22 de junio de 2008

Halong Bay

Halong Bay queda a unos 150 kms de Hanoi, y es otro de los sitios natural declarados como patrimonio universal por la UNESCO. Y con mucha razón, porque el lugar como tal es verdaderamente increíble. Luego de revisar en Hanoi en algunos lugares, había conseguido el tour más barato para visitar el lugar. El plan era dos días en un barco atravesando la bahía, con una noche a bordo. Estaba un poco pesimista porque el clima en Hanoi estaba hecho un verdadero desastre, y las personas que habían ido a Halong decían que había sido una pérdida de tiempo y de dinero, porque todo el tiempo se lo pasaron dentro de su camarote, haciendo nada... Tanto, que el tipo que me vendió el paquete, decía que en último caso podría tomarle fotos a la tormenta... Nada alentador, pero al menos sincero.

En el trayecto de ida, se desató una tormenta increíble, llevandose el polvo de las carreteras y por ahi derecho las esperanzas de un lindo viaje en barco. Pero una vez llegamos horas después a Halong, milagrosamente el cielo se despejóy empezó a brillar un enorme sol.

Luego de esperar a que nuestro "guía" preparara toda la documentación del caso y que el barco estuviera listo, nos indicaron como llegar allá. El barco en cuestión era un junco de 4 niveles, con capacidad para unas 16 personas más la tripulación. Compartiendo barco había unas personas de Australia, USA, Canadá, Holanda y Vietnam. Lo curioso es que hablando de los precios, me enteré que todos pagaron más del doble de lo que pagué yo por mi tiquete... o estuve demasiado de buenas, o les vieron la cara de turistas... lo cual desafortunadamente es el pan nuestro de cada dia acá en Vietnam. Ugh.

Eventualmente el barco zarpó y luego de que nos mostraron los camarotes fué el tema de la comida, uno de esos banquetes de comida de mar que pocas veces me había tragado comido. Es que ya estar comiendo el pho todos los días de desayuno, almuerzo y comida, cansa!!! Me dió hasta pena de mis modales de mesa con los demás compañeros de viaje, pero bueno...

De vuelta a la cubierta superior, el día seguía espectacular. Rodeados de karsts por todas partes, un paisaje alucinante. Es difícil describir con detalle las escenas, por lo que mejor es ver las fotos que abundaron, porque era jodido tomar una foto fea. Y bueno, el tiempo en el barco pasó y pasó entre charlas con los viajeros, saltando y nadando en el mar y haciendo kayaking entre las rocas y cavernas marinas... Todo un espectaculo de la naturaleza al que tuve el privilegio de visitar.

miércoles, 18 de junio de 2008

Hanoi, impresiones

Llegás a Hanoi y te enfrentás a ese caudal increíble que son los millones de motos en la ciudad, ruidosísimas, que aparecen por todas partes y en todas las direcciones. Pero lo más increíble es que todo ese caos tiene de alguna manera un orden orgánico, que el tráfico fluye sin que veas accidentes por ahí. La gente no muere ni se cae, simplemente se mueve... Las moticos son como camiones por acá, cargan dos, tres, cuatro, cinco personas con su mascota. Cargan jaulas llenas de animales, pollos, cerdos o perros. Cargan enormes vidrios. Tanques de gas. O costales llenas de comida. A diferencia de China, no hay casi de esas bicicletas electricas, mas sencillas y silenciosas... acá Hanoi es ruido y actividad, una ciudad que vibra a toda hora.

Pero había mucho que hacer en la ciudad, y poco tiempo, así que el tema es madrugar y visitar el famoso mausoleo de Ho Chi Minh, residencia permanente del cuerpo del difunto tío Ho. No es que ver gente muerta y preservada sea mi tema, pero el famoso mausoleo está rodeado del palacio presidencial, el museo de Ho Chi Minh, la casa antigua de Ho y la pagoda de un pilar. En eso facilmente se vá la mayor parte del día, pero como andaba con ganas de entender un poco más el rollo de Vietnam y su historia, también me di una pasada por el museo/prisión de Hoa Lo (conocida como el Hanoi Hilton) donde estuvieron presos algunos pilotos de Estados Unidos y también fueron ejecutados muchos revolucionarios vietnamitas por manos francesas. Lastima que el lugar es apenas un fragmento de lo que fué antes, pero es interesante ver la historia.

Otros museos interesantes en Hanoi fueron el de la Revolución de Vietnam, donde muestra todas las dificultades y conflictos por los que ha pasado el pais. Un poco sobrado en propaganda política comunista (como los demás museos acá) pero igual bastante interesante. Es una lástima de ésta gente, le ha tocado dura. Si no es peleando con los Chinos, es con los Europeos o los Estadounidenses... Pero por eso es orgulloso, porque después de tanta mierd** que le ha tocado comer, siguen fuertes y con la convicción de salir victoriosos siempre.

Para rematar, está el museo de etnología, en las afueras de Vietnam. Éste es un museo interesantísimo, porque cuenta la historia de todas las minorías de Vietnam y del sur-este asiático. Aparte, muestra detalles muy bacanos de cada una de ellas, y tiene representaciones en tamaño real de las casas y las aldeas de ellas. Vale la pena la vuelta hasta allá.

Hanoi tiene muchas cosas por ver, como una buena capital tiene museos y galerías que pueden dar sobredosis de cultura. Pero habiendo estado tanto tiempo en pueblitos y ciudades pequeñas, y además, al ser la primera ciudad grande de Vietnam que visité, efectivamente invertí unos buenos días acá, dando vuelta de museo en museo. Vale totalmente la pena. Igual ahí conocí a unas chicas que estaban estudiando en la Uni de Hanoi, que hablaban un inglés perfecto y pasamos una tarde muy bacancita.

Otra cosa que impresiona de acá es la cantidad de extranjeros que se ven en las calles, y que Hanoi está muy adaptada al turismo. Hasta los conductores de moto-taxi (Xe Om) hablan un muy buen inglés, al igual que la mayoría de tenderos de la ciudad. Ésto es por una parte bueno, porque facilita el viaje enormemente, pero tiene desastrosas consecuencias, como que ya no se siente tan auténtica, que la gente quiere cobrarte precios absurdos, no se, no se siente tan bién como debería. Pero bueno, igual voy poco a poco por el campo también y ahí se siente mejor la vibra de la gente, la esencia de Vietnam.

Y mañana, parto a Halong Bay, una bahía alucinante declarada patrimonio natural de la humanidad por la UNESCO. En fotos se ve increíble! Amanecerá y veremos.

domingo, 15 de junio de 2008

Bye bye China - Welcome to Viet Nam

La pasada por la frontera entre Lao Cai y Hekou fue en realidad un paseo. Nada de las historias de terror que escuchaba, en las que el tema de sobornar a los guardias era cosa de todos los días. Tuve hasta tiempo de gastarme los últimos Yuan que me pesaban en el bolsillo, atiborrándome de baozi, jiaozi y doujia.

La salida de China fue facilita, simplemente te dan una tarjeta que tenés que llenar con los datos de siempre y te sellan el pasaporte. Como andaba en bicicleta, pasé por la puerta donde estaban todos los camiones y gente con carretas llenas de frutas y productos a exportar. Todo ese tiempo, estuve escoltado por un guardia de la aduana, más interesado en saber cosas de la bici que de formalidades aduaneras. Es más, me hubiera podido llevar un par de cabezas de los soldados de terracota en la mochila, porque no la revisaron en absoluto!

De ahí, se cruza un puente que atraviesa el Hong He o Río Rojo, y es entrada a Vietnam. Cruzando el puente cometí uno de los pecados que no se deben, y es mirar atrás... En esos momentos que andaba mirando y cruzando el puente, se me encogió un poquito el corazón, recordando tantas, tantísimas cosas de un país que empezó por ser una de las experiencias más raras, pero terminó por ser un lugar queridísimo por mi. Tantos recuerdos, tantos momentos increíbles, vivencias, esos meses espectaculares vividos en Suzhou, en fin, cosas que pasan y nunca volverán, pero que te marcan y te sacan una sonrisa cada vez que pensás en ellas.

Pensé que el tema era similar que en China, que era pasar por la puerta de los vehículos, pero luego de hacer la fila el tipo me mira, se parte de risa, y me dice que no, que es por la puerta de los turistas comunes y silvestres. Bueno... entonces voy a hacer la fila con los peatones. Treinta personas, un guey con una bicicleta sucia, y otros treinta detrás... uno de estos animales no es como los otros, es diferente de todos los demás... lalalala

Cuando me llegó el turno, miran el pasaporte, dicen "ooooh Colombia" y me dicen que espere un momento, que me haga a un lado. Sacan un libro de anotaciones con los diferentes paises y empiezan a buscar... Colombia... Colombia... Colombia... Estuvieron buscando un buen rato, luego hicieron una llamada, y repetían Colombia varias veces por teléfono. Eventualmente colgaron y me devolvieron el pasaporte... Siga, siga... Supongo que el librito ese explica el procedimiento que hay que tener con cada uno de los ciudadanos de distintos paises, pero que por alguna razón no estaba nuestro humilde país escrito ahí. Mejor! Porque o si no, como siempre, me hubieran esculcado hasta el alma.

Y bueno, de ahí fue de nuevo el choque cultural, no volver a entender un carajo, señales diferentes, comida diferente, gente diferente. El cambio con China se nota inmediatamente, Vietnam se ve mucho menos desarrollado, más pobre, más del estilo de un pueblo viejo, tranquilo, cansado.

Decidí entonces darme a la ruta, y cometí el primer error. De momento, solo sabía que quería llegar a Hanoi, y que debía haber un camino. El mapa de Lonely Planet que tenía lo decía clarito, "hay un camino que une a Lao Cai con Hanoi". Pero no estaba muy detallado, no mostraba distancias ni pueblos intermedios. Bah, no importa, yo se que deben ser dos, tres días de viaje máximo y deben haber lugares en el medio.

Salí entonces contento, saludando a los niños que gritaban 'hello' en el camino, animado, impulsado por esa energía que te da lo desconocido. Pasaron las horas y las horas, y las aldeas que pasé no tenían nada que se pareciera remotamente a un hotel. No hay problema, más adelante hay, pensaba yo. En una de esas paré a comer algo, el típico pho ga, o sopa de pasta con carne, menta, y otras hierbas que ni idea. Seguí, pero ya se estaba haciendo tarde y nada que encontraba algún lugar para pasar la noche y estaba cansado... La oscuridad cayó, y como no hay iluminación en las carreteras de Vietnam, todo era como boca de lobo lo cual no es muy interesante en una carretera tortuosa. Y mientras tanto, seguía dándole al tema, comiendo mas kilometros hasta que ya casi rasgando la medianoche llegue a una 'ciudad' mas decente llamada Yen Bai, a unos 180 kilometros de la frontera.

Como cosa rara, destrozado, cansado, sucio, vuelto un desastre, ahora en la tarea de buscar cerca de la estacion de trenes algun hotelito barato para pasar la noche. Pero estuve de suerte, porque afuera de la estacion habia mucho movimiento, algo raro para esas horas de la noche. El tema es que estaban a punto de pasar dos trenes que tenian como destino final Hanoi. En la taquilla me dijeron que si habia puesto, pero solo en los vagones de ultima clase, los famosos hard seat que tantas lindas historias me dieron en China. Pero lo bueno es que tambien habia espacio para la bici. Como la carretera no habia sido tan interesante y estaba tan vuelto nada, no lo pense mucho y automaticamente dije que listo, que me diera un tiquete para mi y para la bici, para terminar la segunda mitad del camino hacia Hanoi.

Y claro, el vagon de ultima clase en Vietnam es bastante parecido a los de China... Gente durmiendo en el piso, gente orinando en botellas, niños evacuando lo suyo por las ventanas, ventiladores de la segunda guerra mundial, sillas de madera con el premio a la incomodidad... Pero bueno, esa es otra historia.

A las horas estaba llegando a Hanoi convertido en un zombie. En piloto automatico tambien logre llegar al hostalito, a descansar un poco antes de seguir conociendo este pais rojo, rojisimo llamado Vietnam.

sábado, 14 de junio de 2008

Hekou

Hekou, en pocas palabras, es una ciudad fronteriza, llena de contrabandistas, cambistas ilegales, gente de diferentes etnias y prostitutas.

Hay por todas partes una gran actividad, porque es uno de los puertos de entrada más importantes del sur de China. Los letreros de las calles están escritos en Chino y en Vietnamita (?). Entender a la gente es particularmente difícil, porque muchos no hablan mandarín estándar, sino una mezcla con un acento fuerte y golpeado, que es mi primera impresión del idioma del vecino país del sur.

Pero como lugar de paso, también sirvió para lavar y dejar a punto la bici, aprovechar y comer lo que pude de comida china, y cambiar mis últimos Yuan chinos por Dong Vietnamita. Y justamente, ahora, con unos millones de Dong en el bolsillo, hace que me sienta un poco millonario, como cuando jugaba Monopolio de chico.

Los Dong son billetitos que tienen la particularidad de ser de plástico y tener algunas transparencias. Es decir se mojan y no pasa nada, lo que los hace perfectos para ésta estación de monzón tropical. Un dólar hace unos 16,000 Dong, por lo que es realmente fácil hacerse millonario.

Pero bueno, me toca cortar rápido, porque tengo apenas el tiempo para ir por la cicla, empacar las bolsas, preparar el pasaporte y cruzar el puente, que me lleva a otro país, otra cultura, otro día más que vivir y conocer...

Camino a la frontera

Y las lluvias siguen, y siguen. Y los caminos, continúan empeorando. Pero no es que las carreteras en China estén hechas un desastre... Justamente lo contrario. Los Chinos andan ocupadísimos trabajando en mejorar la infraestructura vial, creando súper autopistas por todas partes, de alta velocidad. El tema es que justo por ésto los vehículos, ejem, menores como los burros, caballos, búfalos y bicicletas no pueden transitar por ellas. Entonces están condenados a usar los caminos de segunda categoría, aquellos que ya ni siquiera reciben mantenimiento por el gobierno. Obvio, entonces éstas carreteritas están llenas de cráteres y de mierda de búfalo... ah, y eventualmente pasa por ellas uno que otro ciclista perdido, en camino a Vietnam.

Desde Yuanyang hasta Hekou, la ciudad fronteriza con Vietnam, son unos 220 kilómetros. El primer trayecto fué hasta Manhao, un pueblucho de casas de tejas de zinc y bambú, que quedaba a 90kms. El caserío tenía un par de restaurantes y una estación de policía, pero ni rastros de algo que se asemejara a un hotel, albergue, algo así. En la estación de policía, me atendió el intendente. El tipo en cuestión, estaba viendo televisión con los pies en el escritorio, muy elegantemente vestido con tan solo sus sandalias y sus calzoncillos blancos, me dice que me despreocupe, que a unos 10 kilómetros más adelante hay un hotel de camioneros, donde puedo pasar la noche. Supongo que no hay mucha acción en el área, para que el tipo esté con semejante frescura... Pero igual ni los policías, ni la gente en calzoncillos es algo que particularmente me guste, así que "muchas gracias, muy amable, que le rinda con su programa de tele", y de nuevo a buscar el famoso hotel, esperándome lo peor.

Pero no estuvo tan mal, la verdad fue una habitación enorme, con balcón, baño decente (sin hueco en el piso) y vista al río. Estaba en el mismísimo Manhao Marriot (plop!)!!! Lo único no tan interesante, es que estaba al lado de una carnicería-restaurante y de un KTV. En la carnicería, todo el día se la pasaban sacrificando reses y búfalos, y gente comiendo carne. Y en el KTV, bueno, toda la noche se la pasaron también comiendo carne... otro tipo de carne.

Al otro día, hora de seguir camino al lado del Hong He, o Río Rojo. Y apenas salí del hotel, empezó a diluviar. La carretera, que antes tenía barrizales y huecos esporádicos, se convirtió en un camino sin pavimentar con un permanente fluir de barro. No habían autos ni buses, solamente unos enormes Jeep 4x4 que servían como transporte público. En una de esas, caí en un río charco tan profundo que la cicla no se podía ni mover, y ahí con dificultad salí de a pocos, y me tocó obligado quedarme escampándome de la lluvia debajo de la super autopista, por donde los bienaventurados podían pasar sin problemas. Al rato llegó un carro, que también escampó en el mismo lugar. Obvio, lo de siempre, se bajan los tipos y me miran como a un alienígena. Después de saludar y de la charla corta de siempre, me dicen (claro, cómo no) 'pero... pero es que es temporada de lluvias!!!'! Si, si... pero nada que hacer, ya era hora de salir de China y bueno, show must go on. Nadie muere con un poquito de agua.

Eventualmente, el #$^%&$% aguacero disminuyó un poquito, y pude seguir adelante. Pero la carretera no mejoró... y así, de nuevo cubierto de barro hasta el alma, seguí hacia Hekou (en chino traduce: boca del río) que me recibió ya de noche. Pero aprendí un par de datos importantes: el barro seco y la cadena de la bici no son buenos amigos. Y otra, en la tienda "especializada" donde compré las maletas, en la misma donde me juraron y rejuraron que eran impermeables, y casi a prueba de balas... Bueno, todos ellos estaban equivocados. Entre un gran bloque de barro seco, logré encontrar mi desodorante y mi cepillo de dientes...

viernes, 13 de junio de 2008

Yuanyang, revisitado

La idea era ir de nuevo a Yuanyang, separado solo por 40 kilometros. Pero habia un pequeñisimo detalle... Si Nansha estaba a 300 metros sobre el nivel del mar, Yuanyang (Xinjie) estaba a unos 1800 metros. O sea que eran 40 kilometros en los que tenia que subir 1,500 metros! Una cuesta para nada despreciable... Pero hacia un lindo dia, y ya estaba limpio de barro (y de malas energias).

Fueron tres horas y media de subida (y sudada!) pero eventualmente llegue apenas para el almuerzo y para el mercado semanal. Lastima que no queria comprar un bufalo, porque este era el momento perfecto, ademas que estaban en promocion... PERO, si me tome mis tres raciones de fideos de arroz (mi xian). Hay que cuidar la forma!

Yuanyang, aparte de estar de camino hacia el sur, es un pueblo incrustado en el centro de las montañas, lleno de paisajes absurdamente bonitos y minorias de todos los estilos y colores. Pero esta vez, tambien me sirvio para una parada de unos dias, obligada por el hecho de que mi visa de Vietnam no empezaba sino hasta mitad de Junio... o sea que me toca esperar un tiempo mas. Pero no esta del todo mal, porque sirve para seguir estudiando fuerte el idioma de Vietnam, para al menos no morirme de hambre y poder pedir indicaciones de la ruta alla... Ah y aparte me pude terminar (al fin!) el libro de Los hermanos Karamazov que me estaba haciendo un peso bestial en la mochila! Lo bueno fue que lo cambie por otro par de libros menos pesados, uno, el archireconocido Diarios de Motocicleta del buen Che, y el otro, uno sobre la historia reciente y sangrienta de Camboya... A ver si nos culturizamos carajo!

Mucha gente de paso habia en el hotelito, pero en particular fue impresionante el tema del unico profesor de ingles de Mianyang, una de las ciudades que fue afectadas mas duramente por el terremoto de ya hace un mes. El tipo este, un ingles de unos veintitantos, nos contaba todas las historias jodidas que habia visto y vivido, de hecho nos mostro las fotos de su pesadilla en Sichuan, y su obligada partida. Increible tantos miles de muertos, tanto sufrimiento, tanto dolor, a tan solo unas centenas de kilometros mas al norte, mientras uno sigue en otras preocupaciones tan esteriles... que en la comida, que en el taller, que en el hotel...

"Life is what happens while you are all busy making plans"
"La vida es lo que pasa mientras estas tan ocupado haciendo planes"

- J. Lennon

martes, 20 de mayo de 2008

De vuelta en Kunming, en resumen

De nuevo en Kunming, de nuevo en el Hump, de nuevo el mismo dormitorio. Lo unico que habia cambiado era el clima, que ahora estaba miserablemente lluvioso, de esos que no te dan ganas ni de salir a la puerta...

Pero bueno, estaba era en visita estrictamente de negocios... La idea era aprovechar los supermercados para reaprovisionarme de algunas cositas que me hacian falta, como mi avena y leche en polvo, desayuno al que ya me habia acostumbrado antes de las jornadas del dia a dia. Tambien, aplique para la visa de vietnam, la cual costo unos venenosos 50USD, y mas encima demorada! Y adicionalmente, no me la dieron por los 3 meses que esperaba, sino por apenas el mes que no alcanza ni para entender la punta del dedo me~nique de un pais... En fin.

Aproveche el tiempo tambien para subir a las monta~nas del occidente de Kunming, a visitar el Templo de Bambu (Bamboo Temple o Qiang Zhu Si). Como estaban en la epoca de recordar a los caidos en el terremoto de Sichuan, habian un monton de celebraciones religiosas, el animo no era el mejor. Explotaron mucha polvora, para ahuyentar a los malos espiritus, y quemaron alimentos y dinero de papel, para que a las almas de los caidos no les falte nada en el mas alla...

Tambien aproveche y fui a ver al oftalmologo en un hospital, porque ya el ojo si me estaba preocupando bastante. En resumen, una tremenda odisea, teniendo en cuenta mi limitado chino para explicar las dolencias del ojo, y la cantidad de vueltas y tramites que tuve que hacer por toda la clinica... Pero bueno, eventualmente llego mi turno y el medico, un viejo buena gente, trato de hacerse entender, usando la combinacion de mi mal chino con el mal ingles de una chica que, dios la bendiga, trato de ayudarme un poco. Y como ver un extranjero en un oftalmologo, del mas movido hospital publico de la ciudad no es cosa que se vea todos los dias, el minusculo consultorio se lleno de curiosos que querian ver los ojos de ese 'oji-grande', perdido en China.

Todo iba bien, pensaba que me habian entendido todo... Cuando de la nada, el doctor saco un juego de agujas para acupuntura. Me inquieto un poco, teniendo en cuenta que el ojo no es un lugar para hacer este tipo de terapias... pero me trate de relajar, pensando tal vez que me pondria en cualquier otro lugar del cuerpo. Pero no!!! Como sacado de una pesadilla, o de una mala pelicula de terror de HBO, el tipo se fue acercando lentamente con el pulso certero, esperando clavarme la aguja en el centro del ojo... Cuando la situacion se volvio insoportable, le dije (casi con pavor) que lo sentia, pero que ese tipo de tratamiento no iba conmigo.

En ese momento, TODOS los que estaban en el consultorio se mataron de la risa, aprovechandose de la ingenuidad de este pobre laowai que tenia algun mal de ojo... Todavia con carcajadas en la boca, el doctor me dice que no hay problema, que me relaje, que es solo una infeccion que a fuerza de tanto viaje y exposicion al viento y al sol no ha tenido tiempo de curarse. Igual, me receto unas gotas y pomadas y antibioticos, que la verdad me sentaron muy bien, porque a los dos dias ya estaba mucho mejor... Pero de todas maneras, la experiencia en el hospital me hace caer en cuenta que ese es uno de los lugares en los que el humor negro no funciona demasiado bien... al menos no para el paciente! Lo bueno es que si me hubiera dado un infarto, urgencias no quedaba sino un piso mas abajo...

Tambien visite otro medico, el de la bici. Revise uno que otro ruido que me preocupaban, compre una brujula de manubrio (santo invento!) y le pegue una lavada enorme, porque no estaba de presentar... Mejor dicho, una sesion de salud y spa completo para ella!

En esta oportunidad, conoci bastante gente interesante: un griego que llego de Wenquan (el epicentro del terremoto en China) en bicicleta contando sus historias de terror... no solamente por todo el tema de la catastrofe, sino por los hechos del dia despues... Cuando trataba de salir de la region afectada, le toco huir literalmente porque la gente queria robarse su bicicleta y las cosas que tenia en las maletas, esperando desesperadamente una manera de salir, algo que comer, algo que vender en semejante caos... Que dura esa situacion, y que afortunado que no me toco vivirla... Tambien conoci a un chino de Beijing que recorria China con una amiga en una mini bicicleta de esas que se doblan, y caben en una maleta. De hecho parecen de juguete, pero el hombre me dijo que de Beijing hasta aca solo se tardo 20 dias! Y yo quejandome del tiempo...

Y tambien conoci a Isabel, una chica española re buena onda, que aposto conmigo a que se compraba una bici y seguia viaje como yo en ella, si me ganaba al ping pong. Y por culpa de mi reves patetico, efectivamente gano la apuesta en el ultimo punto y se aprovecho de mi 'experiencia' rutera (ja!) para comprarse su nueva compañera de viaje, para marcharse a Laos. Buen viaje para ella!

Lo bueno es que eventualmente recogi mi visa para Vietnam. Y me doy en cuenta que mis dias comienzan a estar contados en China, ya se acabo la aventura de casi un año llendo y viniendo por sus regiones llenas de constrastes... Esa China que esta atrapada en la imagen que uno tiene del pais clasico lleno de historia y dinastias, y del dragon que esta despertando para llenarse de megaciudades y comerse el mundo... China... tan llena de recuerdos y de bonitos momentos... en fin, hasta para quererla es de extremos: hay dias de odio visceral, pero tambien hay otros en que te nace por China y su gente un cariño que te calienta el corazon.

Ya me habia acostumbrado igual a su creencias, a su comida, a su gente, a sus extravagancias y cosas bizarras. Mucho tiempo. Pero igual, creo que igual me hara bastante falta. Pero el camino no se detiene, y Vietnam ahora esta a tiro de piedra...

domingo, 17 de febrero de 2008

Decisiones / cada dia / alguien pierde, alguien gana / avemaria!

De nuevo en Shanghai, aprovechando el tiempo visitando los museos que no alcance a visitar en las trescientas ochenta y cuatro veces que pase por la sucursal mas desarrollada del infierno en la tierra. Y bueno, es chistoso como las dudas principales de un dia a dia actual se reducen básicamente a pensar si es mejor seguir insistiendo con el viaje a Tibet (por mas problemas y complicaciones burocracias que tenga) o si cambiar de aires -y países- y empezar a buscar la visa de Vietnam. Por un lado, la ida a Tibet era algo que esta marcado en mis pendientes desde hace un buen rato, pero por otro, no se si valga tanto la pena pelear y guerrear y gastar plata en algo de un par de semanas. Es que aparte, estando en la región de Shanghai, el viaje a Tibet seria algo asi como tres dias sin parar en tren (termino quedando bien cerca de Nepal e India), y luego la devuelta seria similar...
Por otra parte, ya hace falta el clima caliente y nuevas aventuras y caras del sureste de Asia. Si bien Tibet llama, Vietnam, Laos, Camboya y Tailandia formaron grupo y también jalan fuerte...
En fin, amanecerá y veremos. En el peor de los casos, la suerte la decidira una moneda!