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: relatos de una mochila :: Shimla

martes, 22 de septiembre de 2009

Shimla

Shimla es para muchos Indios uno de los refugios más famosos de verano. Incontables turistas y en particular parejitas en su luna de miel viajan a ésta pequeña ciudad colonial escapando del tortuoso verano en las planicies de la India. Shimla, ubicada en el estado de Himachal Pradesh, se hizo popular debido a que durante la invasión inglesa varios Europeos construyeron sus casas de veraneo y poco a poco fue ganando popularidad hasta convertirse en la capital de verano de toda India. Varios visitantes ilustres del gobierno tomaron grandes decisiones acá, como Gandhi, Nehru e Indira.

Es una ciudad que parece descolgarse de la cima de las montañas, donde casas de arquitectura Europea coexisten con sus contrapartes Indias, más simples, más humildes. Muy a la vista están varias iglesias y colegios católicos testigos de siglos de dominación Europea. En el corazón de Shimla, casi todas las casas sirven como tiendas, restaurantes, puestos de souvenirs, café internet, o algo relacionado con el turismo. Es una ciudad donde es común ver a las parejas (incluyendo a los mismos Indios) caminar tomándose de las manos o sentados cariñosamente en una banca cualquiera sin que nadie los mire como si estuvieran cometiendo el peor pecado. Shimla tiene un ambiente tolerante para los Indios y por eso acuden en manada en verano. Y de hecho, viajando solo, es difícil encontrar una cama para una sola persona y que además no tenga la forma ultra cliché de corazón, o redonda y giratoria con masajeador...

Pero yo no estaba en Shimla para hacer una investigación sobre los colores de las sábanas de las camas luna de miel. Había llegado a Shimla después de unas subidas que me habían recordado todo el tiempo que ha pasado desde que me he enfrentado a una montaña que valga la pena. También me dí cuenta que estaba llevando demasiado peso en las maletas y lo que es peor, ahora debido al frío estaba obligado a llevar aún más, gracias a que debería cargar ropa para climas mucho más fríos que el verano abrasador de las planicies de India.

Así que me vi obligado a regalarle a unos colegas viajeros la mayor parte de mi colección de libros que ni había terminado de leer, y a unos Indios un montón de tonterías que estaba cargando pero que en realidad no necesitaba. Después de viajar tanto, por tan diversos lugares y climas, alcanzo a veces a darme cuenta que tan poco es en realidad lo que necesito...

Y aproveché también para darme gusto, porque ya estaba un poco hastiado de la comida India, del dhal, chapatis y baht repetidos hasta la infinidad. Así que me tomé no se cuantos cafés espressos dobles, que tanto me acuerdan de la tierra que me vió crecer, y también para festejar el haber coronado la primera montaña con un banquete de comida occidental como el que hace tanto tiempo no me daba.

Ahora, comienzan varias semanas en las que abundarán los paisajes increíbles, los retos casi que sobrehumanos, las montañas vigilantes, la gente sonriente y sencilla.

Que bueno se siente estar de vuelta al Tibet una vez más.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yummy... disfruta cada pedazo de mundo que te le comes al día y goza en cada segundo el aire que respiras. Un abrazo!

Anónimo dijo...

Un graffiti es la voz de la ciudad, como este de vértigo para Sprite http://bit.ly/GraffitiSprite