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: relatos de una mochila :: Ninh Binh

jueves, 3 de julio de 2008

Ninh Binh

Fué hace tantos días el paso por Ninh Binh que los recuerdos se han ido escondiendo un poco tras de esa nube de olvido y tiempo. Pero la verdad es que los recuerdos que quedan de Ninh Binh son de los mejores que hay de Vietnam.

Como luego de dejar las maletas en el hotel luego de hacer el check-in en Ninh Binh aún era temprano, pues no estaba de más dar una vuelta por los alrededores. En el hotelito familiar donde me quedé, el Xuan Hoa, la gente era demasiado amable y dibujaron un mapita especial para ayudarme a dar un paseo por los lugares que practicamente nadie visita. El tipo me decía, es un lugar complicado y los caminos no están muy buenos, pero tu vienes de China en bici y no vas tener problemas, seguro, y el camino y la gente están muy bién.

OK, perfecto, entonces con mapita en la mano me hice a la búsqueda de los caminos empolvados y pequeños, realmente en el centro de la nada. Lo bonito es que cuando atraviesas por las aldeas, la gente emocionada sale a saludarte, a sonreirte, a tocarte los brazos peludos y a decirte jeeelouuuuu con su mejor inglés, a mirar asombrados tu bicicleta que, oh por dios, tiene cambios!!! Y luego, al salir de las aldeas, te encontrás metido de lleno en un campo de arroz, rodeado por montañas karst que salen de la nada, de ríos y de campesinos trabajando sus granjas. Y de vez en cuando, ves un templo que nadie visita, en los que los monjes se apuran a salir a tu encuentro y mostrarte las cavernas y las modestas esculturas que el tiempo no ha cuidado muy bién. Sigues pedaleando por los caminos, generalmente cubiertos siempre por gajos de arroz que los granjeros dejan secando al sol, y luego los caminos se convierten en verdaderos pantanales, a las orillas de los riachuelos.

Y siguiendo el mapa, eventualmente llegás a Hoa Lu, la antigua e histórica capital del reino de Vietnam, en el medio de ese paisaje increíble que solo la naturaleza tiene la imaginación para crear. Del poderío y la majestuosidad de otros tiempos, solo quedaron rezagos, en forma de templos reconstruídos y paredes viejas. Pero igual, el lugar tiene ese aire que solo los lugares con fuerte contenido histórico tienen. Y cerca de Hoa Lu, está una montaña sagrada con la mejor vista sobre Ninh Binh. La verdad es que estaba destruído y la idea de subirme a la montaña sin agua no era la mejor, pero pudo más la curiosidad y las ganas de ver todo con la visión de un pájaro, así que manos a la obra y subir y subir y subir... la verdad, valió la pena!

Al otro día fué la grata sorpresa que Dryan, el belga que conocí en Hanoi, venía en camino hacia Ninh Binh acompañado de Celine y Marie que también se habían tomado el fin de semana. Y claro, había que celebrar el reencuentro!

En el hotel se quedaron una pareja de ciclistas suizos que estaban de vacaciones haciendo un circuito rápido por Vietnam. Estaban viajando con unas bicicletas Giant, similares a la mía pero un poco mejores, y decían que había sido la mejor compra que habían hecho. Obviamente, les dí la razón. También en el hotel había una de las leyendas de Ninh Binh, la famosa agua de Ninh Binh. Y ésta agua no era más que un potente alcohol de arroz fermentado en casa, y añejado por varios años. Solo que el proceso de añejamiento es algo particular. La foto puede dar algunas pistas... Efectivamente, es un añejamiento con las delicadezas del Dragón de Vietnam (iguana) y algunos cientos de gusanos, muy buenos para la potencia masculina. Ja!

El dueño del hotel, orgulloso de su tesoro alcohólico, le ofreció a los ciclistas una prueba del alcohol sagrado... Y claro, como siempre le entramos a ver que era el tema. El sabor... mmm... distinto. El olor... alcohol industrial. El efecto... bueno, digamos que yo estaba virtualmente prendido con solo dos copas de ese brevaje. Oh yeah!

Al otro día visitamos también el famoso Tam Coc, que se me hizo muy similar a Guilin en China. Basicamente vas en tu barquito con tu remera, y te haces el camino entre campos de arroz y cavernas en el río. Un recorrido bastante tranquilo, pacífico, simplemente hermoso.

Esas noche, con el dueño del hotel que es un tipo 5 estrellas, nos fuimos a tomar cervezas a un beer garden estilo Vietnamita, a celebrar que en la estación de trenes y de buses logramos persuadir a unos turistas sin idea de nada a que se quedaran a su hotel, que en realidad es excepcional. Y un par de jarras de cerveza más tarde, hizo alarde de las costumbres de Vietnam y nos invitó a fumar la ubicua pipa de agua. Cosa poderosa!

La próxima estación sería Hue, otra capital del imperio de Vietnam. Ésta vez viajaría nuevamente con Dryan, el belga. Dejando atrás a Ninh Binh, coincidimos en que esa ciudad había sido una de las mejores experiencias en Vietnam, no solo por los paisajes y la historia, sino porque particularmente la gente era buena gente, sencilla, alegre, a diferencia de la mayoría de sitios de Vietnam hasta el momento.

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