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jueves, 20 de marzo de 2008

Conflicto en Tibet

La última semana acá en Tibet fué como una de esas tormentas tropicales que llegan sin avisar, empañando un espectacular día soleado. Hace unos días estaba recorriendo la región autónoma de Tibet, tratando de acercarme por tierra a Lhasa, la capital sagrada de Tibet. Por esos mismos días, sin yo saberlo, empezaron unas protestas en varios lugares de Tibet, puesto que se cumplen los 49 años de la invasión China a Tibet. Las protestas empezaron de manera pacífica, impulsadas mayormente por los monjes y estudiantes Tibetanos. Pero el conflicto empezó a escalar, tornándose violento por ambas partes: el ejército chino respondió de manera violenta a los manifestantes, y los tibetanos a su vez comenzaron a retaliarse contra los chinos y sus negocios.

Pero por esos días estaba yo viajando hacia Jomda y Qamdo, gozando de la inocencia de mi ignorancia. Pero no duró mucho. Debido a ésta situación, la policía reforzó sus esfuerzos y controles en las carreteras, haciendo los viajes dentro de tibet bastante difíciles... Obviamente, con tanta vigilancia policial, y con mis claros rasgos de NO chino, en uno de esos controles la policía China me detuvo. Me invitaron cordialmente a la estación, donde luego de conseguir un intérprete me preguntaron por mis permisos militares y civiles para estar en Tibet (que claramente no tenía!!!). Pues lo que había que hacer era pasar por estúpido, y decir "permiso? para que? ahh no sabía! perdón, fue sin querer queriendo, no lo volveré a hacer!"

El tema es que en otra época tal vez hubiera funcionado, y me hubieran enviado tranquilamente fuera de la región restringida. Pero en éste momento la situación estaba dura, y supongo que los chinos estaban bastante preocupados por los periodistas extranjeros en la región... Me pidieron mis documentos (visa y permiso de residencia), y también me revisaron la mochila. Se llevaron también mi cámara digital y me dejaron en un cuartito sentado en una silla desnuda unas largas horas...

Eventualmente, me devolvieron mis cosas claramente revisadas, también la cámara (con el menú de opciones en chino) y los papeles. Y también unos lindos documentos donde establecían que me debía pagar una multa tanto por la molestia causada a la policía, como por el tiquete de bus fuera de la región. Oficialmente, había sido deportado de la región restringida de Tibet.

Y bueno, de nuevo a tomar las majestuosas (y a veces tortuosas) carreteras del este tibetano, bordeando abismos altísimos, quedando atrapado decenas de veces en las nieves, terminando sucio y exhausto. Dos dias saltando de minivan en minivan, en sentido contrario, hacia el sur de Sichuan, hacia Yunnan. Qamdo, Jomda, Dege, Manigango, Ganzi, Xinlong, Litang. De camino, sorpresivamente venían bastantes camiones con insignias militares, en camino a Tibet... en ese momento tampoco sabía nada de lo que pasaba...

Eventualmente, luego de un par de días de viaje, llegué a Litang. Ésta es una ciudad tibetana bastante particular, en la que ví, luego de muchos días de viaje, un par de mochileros extranjeros. El primer día en Litang fue interesante... comida decente, cama limpia, gente con quién hablar... Todo un cambio radical de las últimas semanas! Ahí también fue donde me enteré que las protestas en Lhasa habían escalado, y de la situación se hablaba que habían cerca de 100 muertos en las principales ciudades... De cierta manera, me sentí afortunado de haber podido evitar toda esta confrontación, pero también triste de no haber podido llegar más adentro del TAR... Cosas del destino.

Al día siguiente me levanté temprano para reabastecer provisiones y revisar en internet que era lo que había pasado (puesto que las únicas noticias que se tenían eran de los canales de TV oficiales de China, con sus obvias censuras). Al salir y caminar un rato, me sorprendió no ver a nadie en la calle. Ni un alma. Solamente pasaban frecuentemente autos de policía anunciando algo por los altoparlantes. Luego de esperar como un imbécil por unas horas a que abrieran cualquier tienda, restaurante, algún lugar que tuviera algo para comer, empezó a haber movimiento en las calles... en el cruce principal de la ciudad, un monje tibetano empezó a gritar alguna especie de consigna. Al minuto, otros monjes llegaron y se le unieron en su clamor. En instantes, la policía llegó también con sus patrullas y se empezaron a formar, desenfundando sus bastones de mando y acercándose a los que protestaban... Y claro, empezó lo que uno se imagina, los forcejeos, empujones, las amenazas y los golpes... Pero igual de rápido como empezó la situación, llegaron unos tibetanos al lugar, y agarraron a los monjes y los subieron en un jeep con un conductor tibetano, quién los alejó del lugar rápidamente. Un par de carros de policía siguieron al prófugo, supongo para atrapar a los "insolentes monjes revolucionarios" y hacer un castigo ejemplar.

La multitud se fue disipando, y en esas pasó un carro de policía, haciéndome señas de que me fuera también... De vuelta en el único hotel "abierto", las chicas que atendían se apiadaron del pobre e ignorante laowai extranjero (yo) y me invitaron a su casa a comer y a pasar el día mientras la tensión bajaba.

Pero no bajó. Por la calle principal empezaron a pasar ruidosamente camiones del ejército llenos de soldados y tanques acorazados. Uno, dos, tres,... perdí la cuenta cuando iban en treinta. Todas las casas y tiendas estaban cerradas, pero por las ventanas se asomaban decenas de ojos asustados y a la expectativa. Mejor dicho, como dice el proverbio, caí de la sartén en la lumbre...

El problema adicional es que no había transporte fuera de la ciudad. Nadie se atrevía a salir. El lugar que tanto me había gustado, se había convertido de la noche a la mañana en un pueblo fantasma. En esa noche se sentía la tensión, los únicos sonidos eran de los carros de policía que pasaban frecuentemente, y el de los perros callejeros que tenían toda la ciudad a su disposición.

Al otro día, con ayuda de un chino, fui a intentar de nuevo a ver si tenía éxito con algún conductor para salir de la ciudad. Pero en la estación nuevamente la chica dijo mei you (no hay nada!). Resignado a pasar quién sabe cuantos días más en Litang, se nos aproxima un tibetano y nos dice en voz baja que si necesitábamos salir de la ciudad. Hablando con el hombre, nos comenta que había un par de extranjeros y un tibetano que iban a pagar una minivan privada, hacia el sur (hacia donde yo quería ir también). Y pues bueno, aunque salía un poco más caro, decidí empacar rápidamente e irme con ellos lo antes posible.

A eso le siguió dos días de viaje por carreteras espectaculares, imponentes, pero también complicadas y difíciles, de esas en las que uno se podía matar en cualquier momento. En los caminos llenos de hielo y nieve, el pobre conductor se choco tres veces y nos tocaba frecuentemente empujar el carro porque se quedaba atascado en los pasos más difíciles... pero bueno, eventualmente llegamos sucios, cansados, llenos de barro a la ciudad tibetana de Shangri-La, en la provincia de Yunnan, donde al parecer no hay situación complicada de órden público, por ser un destino bastante turístico en la región. O al menos eso espero...

(Foto: Reuters)

domingo, 16 de marzo de 2008

Manigango, Tibet

Manigango es uno de los pocos lugares tibetanos que conservan su nombre intacto en chino. Este no es sino un cruce de dos caminos polvorientos, uno al norte, a Sershu y a Yushu (Jyekundo) y eventualmente a la provincia de Qinghai. El otro, lleva al oeste, hacia el temido cruce de la montana Chola, hacia Dege y hacia la region restringida de la autonomía de Tibet. Mani esta lleno de perros callejeros hambrientos, yaks sucios que rebuscan comida entre los basureros, y conductores de minivans a la caza de personas para llenar su cupo y poder eventualmente salir. también abundan los que piden limosna, que se agolpan en torno al parqueadero del único hotel del pueblo, cuya función secundaria es ser una improvisada estación de transportes. De aca salen buses a Dege (50RMB, 5 horas), Yushu (100RMB, 10 horas) o a Ganze (25RMB, 3 horas).

Como buena ciudad de paso, no hay nada que hacer en Mani. A no ser que uno cuente el deporte de buscar un baño publico en el pueblo (nota mental: no hay). Pero en los alrededores hay un monasterio digno de mención, de la secta Nygmapa de budismo Tibetano, famosa por su fuerte y vistoso contenido tántrico y rituales impactantes. Se trata de la Dzogchen Gompa, que queda a una media hora de Mani, en camino a Sershu. En este trayecto conocí a un francés, que lleva fuera de su casa bastantes años, sea como mochilero, o como trabajador en ONGs. Especialmente esta vez esta viajando por Asia central y por la región del gran tibet, que es su pasión. Por ésta época no he visto muchos viajeros, por lo que tener a alguien con quién hablar, y que de paso es experto en Tibet, es bastante bién agradecido!!!!!

Ganze (Garze), Tibet

Ganze es un pueblito pequeño con uno de los monasterios y conventos mas importantes y grandes de la región. Las temperaturas acá cambian drásticamente, de unos agradables 12 grados al sol, hasta unos -20 grados en las noches. De hecho, no es extraordinario el hecho de uno acostarse, y al levantarse ver la botella de agua congelada! Los días han estado acá bastante claros, con un sol espectacular que brilla en el hielo y la nieve de las montañas que bordean el valle.

El Garze Gompa, o monasterio de Ganze (10RMB), es bastante amplio y bonito, de salones grandes y solemnes, repleto de monjes ocupados que como hormiguitas laboriosas corren de lado a lado, sus túnicas dejando un rastro colorido de azafrán y rojo intenso al pasar. Permanentemente en la semi penumbra de sus salones, hay un movimiento de peregrinos, que hacen su kora uno tras otro. Los monjes, a su vez, rezan y cantan y realizan sus rituales vistosos con su rayo y campana (instrumentos ceremoniales para el budismo tibetano que simbolizan lo masculino y femenino). Como cosa curiosa, la mayoría de las paredes de este monasterio están adornados con los colores de la tricolor nacional: amarillo azul y rojo. Yo ya andaba perdido en la penumbra, intoxicado por los cantos y el fuerte olor a incienso, pero uno de los tantos peregrinos me agarro amigablemente de la ropa y me invito a dar el kora como se debe hacer. Y pues bien que es interesante, los monjes te dan agua santa (la que te echas en la cabeza, en las sienes y luego bebes), te invitan a tsampa, luego te muestran detalles de los cientos de pinturas en las paredes, como las dhaikinis carnívoras y ninfomanas, o el símbolo que materializa los canales por los cuales tenemos deseos (sobre una calavera estan los ojos, la nariz, la boca, los oídos y el sexo), o te tratan de explicar que el mandala se vuelve tridimensional y es una expresión del mundo...

Después de estar perdido una mañana en el monasterio, caminando hacia la parte de atrás se encuentra uno con unas montanas en forma escalonada, y luego de subirlas le regala a uno la vida una vista majestuosa del pueblo y del valle. Como no hay caminos, solo es dejarse llevar por los caminos y las cimas, y seguir los grupos de yaks y caballos que tratan de arrancar cualquier cosa de la tierra árida y congelada... Y así, de pronto te encontras con una estupa perdida, o un campo de ofrendas de barro. Y caminando, luego, de repente en la cima te ves de frente con un campo sagrado, azotado por fuertes vientos que vienen de todas las direcciones, que tratan de deshacer a la fuerza las banderas de oración que están anudadas...

Y así, horas caminando bajo el sol, entre la soledad de las montanas alejadas del mundo, uno siente de repente que algo no encaja... Al rato, me di cuenta que la razón de esa sensacion extraña es que no se escuchaba absolutamente ningún sonido, aparte de mi respiración y las pisadas. El viento había dejado de soplar, y de repente entra esa sensación pocas veces experimentada de total quietud, de saber que uno es el único ser humano en la mitad de las montanas, a decenas de kilómetros a la redonda.

Sentir que no hay carros pitando y echando humo, no ver a nadie vendiéndote algo ni mirándote como un extraterrestre. Ningún celular sonando con el ultimo ringtone de moda. Nadie apresurándote por entregar el proyecto para cumplir la fecha. Ningún sonido del Messenger en los audifonos. Nada. Nadie. Solo vos, el cielo totalmente azul, la montana y las ruinas de un viejo monasterio...

Y así uno alcanza a entender un poco el por que las montanas son sagradas en el budismo tibetano. Alcanza a entender también el porque los nómadas hacen encantados sus kora y peregrinaciones a través de las montanas. Fue irresistible el impulso de extenderme ahi sobre la montana, con los brazos abiertos sobre el suelo, mirar el cielo y escuchar ese vacío a veces tan asustador... Ese vacío parecido al que sentía cuando de chico me sumergía en una piscina solitaria, aguantando la respiracion hasta lo que mas pudiera, solamente escuchando al silencio.

No se cuanto tiempo pase ahi en esa montana, pero el sol ya empezaba a despedirse detrás de los picos nevados. Estando en la mitad de la nada, estaba forzado a volver, pero un dolor y sensacion desagradable aparecieron, diciendome en la cara que no querían volver nuevamente allá abajo, a todo ese caos e ilusiones de la vida cotidiana, de esa bizarra fantasía que tenemos entre el cafecito de la madrugada y el primer sueno de la noche...

jueves, 6 de marzo de 2008

De cinco numeros y el destino

Eran las cinco de la mañana y estaba haciendo un frío de los mil demonios. La ciudad de Ganzi apenas iba por su decimotercer sueño y sin embargo estabamos yo y un compañero de viajes francés esperando algún tipo de transporte que nos llevara al occidente, un poco más cerca de la región autónoma de Tibet. Por las calles solamente pasaban unos cuantos perros callejeros, y una que otra minivan gritando destinos que no nos servían. En una esquina rodeada de nieve y agua sucia congelada, estaban sentadas dos mochilas, mas sucias y empolvadas que sus propios dueños.

Según contaban, de Ganzi (donde estábamos) hacia Dege (un pueblo de mier... en la esquina de Tibet) solo pasan un puñado de buses y camiones esporádicamente, y definitivamente hoy no era el día. La razón yacía en que para llegar a Dege (o Derge) es necesario pasar por la montaña sagrada de Chola (o Trola en chino), que con sus 6500 metros de altura presenta un peligro real para todos los vehículos que osan atravesarla. Lastimosamente, ese día en particular parecía que nadie viajaba a Dege y al parecer tendríamos que pasar otra nochae esperando a algún perdido que viajara al oeste.

Pero la suerte parecía cambiar. Uno de los conductores tibetanos a los que le había preguntado sobre el estado de la vía y de buses que fueran por esa ruta me llamó animadamente. Según me contó, llamó por celular a preguntar si alguien subía a Dege, y pues era nuestro día de suerte, porque un bus directo hacia Dege que salía desde Chengdu pasaría en unos quince minutos. El buen hombre me dijo que estuviera pendiente de la placa, y como no tenía donde anotarla, buscó su paquete de cigarrillos, rompió un pedazo y escribió en ese pedazo cinco números que equivalian a la placa del carro que teníamos que esperar. Quince minutos, dijo, quince minutos para que puedan tomar el carro.

Y pues bién que con las buenas noticias que no teníamos que echar dedo para llegar a Dege, rescatamos las mochilas de su rincón congelado y nos paramos al lado de la carretera desierta. Con el pedacito de cartón en la mano esperando a que el famoso vehículo pasara, los minutos fueron pasando despacito. Al rato, pasó un bus sonando el pito y con las luces altas encendidas, de tal manera que no pudimos ver la placa. Cuando pasó, nos dimos cuenta que ese efectivamente era el bus que tanto añorábamos y que pasó rápido sin recogernos. Mierd...

Con los ánimos en el piso, guardé el maldito pedazo de cartón en mi bolsillo y eventualmente volvimos a la búsqueda de cualquier otro transporte que nos llevara hacia el oeste. Tuvimos suerte de encontrar un camión regional que nos acercó a Manigango, y de ahí pudimos unirnos a una minivan repleta de monjes recitando mantras en voz baja, que iba en camino hacia Dege.

El camino hacia Dege es uno de los más bonitos e impactantes que he visto. Como decía antes, esta carretera cruza por el paso de Chola, que es la montaña más alta del occidente de Tibet. Nieves perpetuas cubrían todas las montañas, y como el día estaba claro los ojos dolían de tanto brillo. En cierto momento el hielo y la nieve llegaron a ser tan fuertes que tuvieron que ponerle cadenas a las ruedas del carro para poder tener control en esas carreteras curveadas y peligrosas, con caídas de miles de metros a los lados.

Íbamos con buen tiempo, apenas rasgando un poco más de las 4pm, cuando llegamos a una barrera de la policía, en medio de la montaña. Sin saber que pasó, nos bajamos todos de la van a morirnos del frío afuera a ver que había pasado. Como pude, hablando con el conductor tibetano (cuyo idioma chino era peor que el mío) me explicó que hacía un par de horas hubo un accidente terrible en la montaña, que un bus se despeñó y hasta el momento iban 5 muertos y bastantes heridos graves, y que la policía estaba actualmente auxiliando la emergencia.

Nuestra suerte parecía que iba de mal en peor, porque cruzar esa montaña en la noche era más tenebroso, porque la nieve y el hielo se habrían derretido y todo el camino sería una pista de hielo resbaloso. Pero al cabo de un par de horas se abrió el camino y pudimos pasar el famoso paso sin problemas, llegando a Dege a eso de las 6.00pm.

Para hacer ésta historia un poco más corta, al día siguiente de llegar a Dege nos enteramos que el bus que se había desplomado miles de metros al vacío era uno que provenía desde Chengdu. En el periódico que habia en el hotel, en la tercera página en una columna casi olvidada aparecían los cinco números que formaban la placa del bus que debimos haber tomado en Ganzi. Los mismos números que todavía estan escritos en un pequeño pedazo de cartón arrugado que sigue guardado en mi bolsillo.