Performancing Metrics

: relatos de una mochila :: marzo 2008

lunes, 31 de marzo de 2008

Tiger Leaping Gorge

Luego de unos dias en Shangri-La, aprovechando el calor y las altas temperaturas de 10 grados, los restaurantes que tienen carne de res, pizza y otros sabores casi olvidados, y una ciudad antigua reconstruida y llena de copias de casas tibetanas, llego la hora de abandonar Shangri-La e ingresar mas y mas de vuelta en la civilizacion. El trek obligado que aconsejaban las guias de viajes, junto con todo el mundo y su gato, era sobre el famoso Tiger Leaping Gorge (虎跳峡), o garganta del salto del tigre (si suena chistoso es porque se me pierde la traduccion correcta en este momento).

El Tiger Leaping Gorge es una de las gargantas mas profundas y majestuosas del mundo, puesto que el rio Yangtze queda atrapado a lo largo de 16 kilometros en un estrecho formado por las montanas Haba y Yulong, ambas de mas de 5,000 metros de altura. Debe su nombre a que algunas leyendas citan que hubo un tigre que salto de un lado a otro, cuando era acorralado por un cazador. Pero bueno, igual los Chinos tienen una manera particular y poetica de nombrar a sus sitios famosos...

Leyenda o realidad, el hecho es que el lugar es imponente y es visita casi obligada si uno esta en el Suroeste de China. El trek en si es una caminata de dos dias, incluyendo una noche en la que se duerme en la montana. Se puede demorar mas dias, si se quiere, pero para mi un par de dias bien recorridos estaban bien.

Estaba viajando con dos amigos que conoci en Shangri La, y el minibus nos dejo en la calle principal (y unica) de Qiaotou, la aldea en la que esta ubicado un extremo de la garganta. Con mochilas en los hombros, fuimos a buscar el Jane's Guesthouse para comer algo y dejar nuestras pesadas mochilas y llevar al trek algo mas liviano. Arrancamos, y siguiendo las indicaciones e instrucciones de los mapas a mano y del (la?) propietario (a?) del Jane's Guesthouse fuimos ascendiendo entre senderos estrechos pero bien marcados, siempre a la vista de las imponentes montanas de nieve que de lado y lado nos observaban.

El camino es pausado, poco dificil. Entre arboles, terrazas de cultivos de arroz, y agricultures de etnia Bai y Naxi, las horas fueron pasando lentamente, hasta llegar a las temidas 24 vueltas (del infierno!), un camino empinadisimo que escalaba la mayor parte de la ladera de la montana... Luego de ahi, el camino seguia facil y tranquilo hasta llegar al Tea Horse Guesthouse a eso de las 8.00pm, cuando la noche ya caia. Ahi, unas camas limpias y frias como la nieve nos aguardaban para recuperar energias y al otro dia eventualmente emprender el camino.

Cuando el sol salio por detras de las montanas sagradas y cubiertas de nieve, arrancamos nuevamente, viendo el rio miles de metros abajo, alimentado por enormes cascadas que esporadicamente hacian su aparicion en el camino, mientras que el frio viento soplaba fuertisimamente... Finalmente llegamos a Tina's Guesthouse, que marcaba el final del camino alto del trek. Luego de un mediocre almuerzo y recargar las botellas de agua, emprendimos el descenso de 3 horas hacia el rio YangTse y sus rapidos... Fue una bajada interesante, a veces resbalosa pero bastante senalizada y con un camino bastante labrado. En los rapidos, es asombroso que el magnifico rio Yang Tse, que atraviesa a China y proporciona comida, alimentacion y transporte a decenas de millones de personas, pase por un lugar tan estrecho como ese...

Eventualmente luego de estar acostados escuchando el rugido del agua y viendo las enormes montanas miles de metros mas arriba, emprendimos camino de vuelta, tomamos una minivan hacia Qiaotou, donde pasamos la noche en Jane's y al otro dia, de vuelta en otra minivan, destino final Lijiang, una de las ciudades mas bien preservadas (o reconstruidas) de China...

domingo, 23 de marzo de 2008

Hotel "Paraiso", Dege

Mi hogar por esas noches de Deg era un viejo y acabado bingguan (hotelcito) chino cerca a la estación de buses. Por 20RMB tenés una cama con cobija eléctrica que funciona a medias, una mesita de noche de la época de Mao, y un compañero de habitación chino sucio y maleducado que lo único que hace es escupir en el suelo toda la noche. No tenés derecho a agua caliente para tomar, y mucho menos para bañarte y limpiarte el polvo del camino. Pero eso sí, como gran promoción te enciman unos baños tenebrosos, que apestan a 100 metros a la redonda... y nada que ver con tenerlos de cerca! Fué tan monumental, que quise tomarle una foto, pero el sentido del asco fue peor.

Eso sí, están en el podio indiscutible del Baño Más Desastroso de China (BMDC Award). Aunque la lucha es reñida, éstos lograron la mención honorífica!

Pero si hay algo también por lo que éste hotel es famoso, es por el hecho que nunca uno pasa la noche solo en la habitación. Todas las noches, a eso de pasada las 12.00, empiezan a salir de todas partes una animada procesión de ratas y ratones de todos los tamaños. Cumpliendo con su deber, éstas comienzan a dar el tour obligado por tu mochila, por tu ropa, por tu cama, por tu almohada, y desafortunadamente, por tu cuerpo.

Y les importa un reverendo carajo el hecho que la luz esté encendida, o que estés despierto o espantándolas con un palo... Después de todo, uno es el que está en su territorio, uno es el vil invasor. Y bueno, como eran tantas y su cacería bastante infructuosa, no queda más remedio que apagar la luz, ponere los tampones en los oídos y t ener fé en que no les dé a ellas por bailar tregua y bailar catala en la almohada... Después de todo, mañana será otro día, y hay que recargar energías para ir a la casa de impresión de Bakong...

sábado, 22 de marzo de 2008

Dege (Derge), Tibet

Ésta es otra de las municipalidades de la región de Kham, en Tibet. Queda a 50kms de la frontera oficial con la región restringida de Tibet. A más de 4000 metros de altura, está situada en una estrecha garganta por la que pasa un rio que alimentará unos cuantos kilómetros más allá al Mekong, uno de los ríos más importantes de China y del Sudeste Asiático.

Bordeado por estupas, banderas de oración y enormes cascadas congeladas, Dege es uno de los tres sitios de peregrinación más importantes de Tibet, puesto que cuenta con el monasterio de más valor cultural tibetano en el mundo, el llamado Bakong Gompa, que posee la imprenta de madera más importante para el pueblo Tibetano. Ésta imprenta posee miles de tablas de madera y arcilla, con la cual se hace la impresión artesanal de cientos de textos religiosos y culturales que monjes de todas partes adquieren. De hecho, muchas tablas de madera cuentan con siglos de antigüedad y todavía siguen funcionando.

Dege también es importante por ser paso obligado en la carretera hacia Lhasa, donde camiones y buses llenos de peregrinos reabastecen antes de seguir su camino hacia el oeste. A Dege llegué de noche, completamente exhausto luego del tortuoso (y famoso) camino a través de las montañas Trola. Ese mismo camino que también te hace maravillar con lo grande que es el mundo, y lo pequeño, lo insignificante que es uno. Y también, te asombrás con lo rápido y real que es el cambio, la vida y la muerte.

En fín, la pequeña alegría del día que es vivir un día más te pinta una gran sonrisa en la cara...

viernes, 21 de marzo de 2008

El ejército rojo llega también a Shangri-La

Y las cosas no mejoran. Se suponía que Shangri-La, la puerta de entrada a la región de Tibet estaba a salvo, por su megaestructura hotelera y gran afluencia de turistas. Pero no. Justo hoy, cuando estaba almorzando en un café italiano, empezaron a llegar y llegar camiones militares llenos de fusiles y soldados profesionales del ejército rojo. Y claro, al rato llegó un agente de viajes con la cara descompuesta, porque varios de sus grupos de turistas extranjeros que iban a llegar en los próximos días tuvieron que ser cancelados, porque justo hoy las autoridades locales prohibieron el paso de extranjeros a la mítica Shangri-La. Y justo en la esquina, los soldados con caras de pocos amigos y uniforme de antimotín, empezaron a hacer sus prácticas militares, gritando y golpeando sus escudos y cascos con los bastones de mando...

Todavía no se si van a expulsar a los extranjeros que están quedándose (por cierto, hay bastantes), pero supongo que eventualmente lo harán. Lo más triste es que varios de los sitios a los que tenía pensado ir, también han sido cerrados. Ya el gobierno chino expulsó a la mayoría de extranjeros en Lhasa y en la región autónoma de Tibet, también cerraron las expediciones al Everest y al Himalaya.

Si las cosas siguen así, no me queda más remedio que abortar la travesía y viajar rápidamente al sur, Lijiang, Dali, Kunming y eventualmente saltar a Vietnam... Nunca pensé que esas noticias secundarias que aparecían perdidas en las páginas internacionales del periódico nacional me llegaran a afectar directamente! Ah, cosas de la política mundial...

jueves, 20 de marzo de 2008

Conflicto en Tibet

La última semana acá en Tibet fué como una de esas tormentas tropicales que llegan sin avisar, empañando un espectacular día soleado. Hace unos días estaba recorriendo la región autónoma de Tibet, tratando de acercarme por tierra a Lhasa, la capital sagrada de Tibet. Por esos mismos días, sin yo saberlo, empezaron unas protestas en varios lugares de Tibet, puesto que se cumplen los 49 años de la invasión China a Tibet. Las protestas empezaron de manera pacífica, impulsadas mayormente por los monjes y estudiantes Tibetanos. Pero el conflicto empezó a escalar, tornándose violento por ambas partes: el ejército chino respondió de manera violenta a los manifestantes, y los tibetanos a su vez comenzaron a retaliarse contra los chinos y sus negocios.

Pero por esos días estaba yo viajando hacia Jomda y Qamdo, gozando de la inocencia de mi ignorancia. Pero no duró mucho. Debido a ésta situación, la policía reforzó sus esfuerzos y controles en las carreteras, haciendo los viajes dentro de tibet bastante difíciles... Obviamente, con tanta vigilancia policial, y con mis claros rasgos de NO chino, en uno de esos controles la policía China me detuvo. Me invitaron cordialmente a la estación, donde luego de conseguir un intérprete me preguntaron por mis permisos militares y civiles para estar en Tibet (que claramente no tenía!!!). Pues lo que había que hacer era pasar por estúpido, y decir "permiso? para que? ahh no sabía! perdón, fue sin querer queriendo, no lo volveré a hacer!"

El tema es que en otra época tal vez hubiera funcionado, y me hubieran enviado tranquilamente fuera de la región restringida. Pero en éste momento la situación estaba dura, y supongo que los chinos estaban bastante preocupados por los periodistas extranjeros en la región... Me pidieron mis documentos (visa y permiso de residencia), y también me revisaron la mochila. Se llevaron también mi cámara digital y me dejaron en un cuartito sentado en una silla desnuda unas largas horas...

Eventualmente, me devolvieron mis cosas claramente revisadas, también la cámara (con el menú de opciones en chino) y los papeles. Y también unos lindos documentos donde establecían que me debía pagar una multa tanto por la molestia causada a la policía, como por el tiquete de bus fuera de la región. Oficialmente, había sido deportado de la región restringida de Tibet.

Y bueno, de nuevo a tomar las majestuosas (y a veces tortuosas) carreteras del este tibetano, bordeando abismos altísimos, quedando atrapado decenas de veces en las nieves, terminando sucio y exhausto. Dos dias saltando de minivan en minivan, en sentido contrario, hacia el sur de Sichuan, hacia Yunnan. Qamdo, Jomda, Dege, Manigango, Ganzi, Xinlong, Litang. De camino, sorpresivamente venían bastantes camiones con insignias militares, en camino a Tibet... en ese momento tampoco sabía nada de lo que pasaba...

Eventualmente, luego de un par de días de viaje, llegué a Litang. Ésta es una ciudad tibetana bastante particular, en la que ví, luego de muchos días de viaje, un par de mochileros extranjeros. El primer día en Litang fue interesante... comida decente, cama limpia, gente con quién hablar... Todo un cambio radical de las últimas semanas! Ahí también fue donde me enteré que las protestas en Lhasa habían escalado, y de la situación se hablaba que habían cerca de 100 muertos en las principales ciudades... De cierta manera, me sentí afortunado de haber podido evitar toda esta confrontación, pero también triste de no haber podido llegar más adentro del TAR... Cosas del destino.

Al día siguiente me levanté temprano para reabastecer provisiones y revisar en internet que era lo que había pasado (puesto que las únicas noticias que se tenían eran de los canales de TV oficiales de China, con sus obvias censuras). Al salir y caminar un rato, me sorprendió no ver a nadie en la calle. Ni un alma. Solamente pasaban frecuentemente autos de policía anunciando algo por los altoparlantes. Luego de esperar como un imbécil por unas horas a que abrieran cualquier tienda, restaurante, algún lugar que tuviera algo para comer, empezó a haber movimiento en las calles... en el cruce principal de la ciudad, un monje tibetano empezó a gritar alguna especie de consigna. Al minuto, otros monjes llegaron y se le unieron en su clamor. En instantes, la policía llegó también con sus patrullas y se empezaron a formar, desenfundando sus bastones de mando y acercándose a los que protestaban... Y claro, empezó lo que uno se imagina, los forcejeos, empujones, las amenazas y los golpes... Pero igual de rápido como empezó la situación, llegaron unos tibetanos al lugar, y agarraron a los monjes y los subieron en un jeep con un conductor tibetano, quién los alejó del lugar rápidamente. Un par de carros de policía siguieron al prófugo, supongo para atrapar a los "insolentes monjes revolucionarios" y hacer un castigo ejemplar.

La multitud se fue disipando, y en esas pasó un carro de policía, haciéndome señas de que me fuera también... De vuelta en el único hotel "abierto", las chicas que atendían se apiadaron del pobre e ignorante laowai extranjero (yo) y me invitaron a su casa a comer y a pasar el día mientras la tensión bajaba.

Pero no bajó. Por la calle principal empezaron a pasar ruidosamente camiones del ejército llenos de soldados y tanques acorazados. Uno, dos, tres,... perdí la cuenta cuando iban en treinta. Todas las casas y tiendas estaban cerradas, pero por las ventanas se asomaban decenas de ojos asustados y a la expectativa. Mejor dicho, como dice el proverbio, caí de la sartén en la lumbre...

El problema adicional es que no había transporte fuera de la ciudad. Nadie se atrevía a salir. El lugar que tanto me había gustado, se había convertido de la noche a la mañana en un pueblo fantasma. En esa noche se sentía la tensión, los únicos sonidos eran de los carros de policía que pasaban frecuentemente, y el de los perros callejeros que tenían toda la ciudad a su disposición.

Al otro día, con ayuda de un chino, fui a intentar de nuevo a ver si tenía éxito con algún conductor para salir de la ciudad. Pero en la estación nuevamente la chica dijo mei you (no hay nada!). Resignado a pasar quién sabe cuantos días más en Litang, se nos aproxima un tibetano y nos dice en voz baja que si necesitábamos salir de la ciudad. Hablando con el hombre, nos comenta que había un par de extranjeros y un tibetano que iban a pagar una minivan privada, hacia el sur (hacia donde yo quería ir también). Y pues bueno, aunque salía un poco más caro, decidí empacar rápidamente e irme con ellos lo antes posible.

A eso le siguió dos días de viaje por carreteras espectaculares, imponentes, pero también complicadas y difíciles, de esas en las que uno se podía matar en cualquier momento. En los caminos llenos de hielo y nieve, el pobre conductor se choco tres veces y nos tocaba frecuentemente empujar el carro porque se quedaba atascado en los pasos más difíciles... pero bueno, eventualmente llegamos sucios, cansados, llenos de barro a la ciudad tibetana de Shangri-La, en la provincia de Yunnan, donde al parecer no hay situación complicada de órden público, por ser un destino bastante turístico en la región. O al menos eso espero...

(Foto: Reuters)

domingo, 16 de marzo de 2008

Manigango, Tibet

Manigango es uno de los pocos lugares tibetanos que conservan su nombre intacto en chino. Este no es sino un cruce de dos caminos polvorientos, uno al norte, a Sershu y a Yushu (Jyekundo) y eventualmente a la provincia de Qinghai. El otro, lleva al oeste, hacia el temido cruce de la montana Chola, hacia Dege y hacia la region restringida de la autonomía de Tibet. Mani esta lleno de perros callejeros hambrientos, yaks sucios que rebuscan comida entre los basureros, y conductores de minivans a la caza de personas para llenar su cupo y poder eventualmente salir. también abundan los que piden limosna, que se agolpan en torno al parqueadero del único hotel del pueblo, cuya función secundaria es ser una improvisada estación de transportes. De aca salen buses a Dege (50RMB, 5 horas), Yushu (100RMB, 10 horas) o a Ganze (25RMB, 3 horas).

Como buena ciudad de paso, no hay nada que hacer en Mani. A no ser que uno cuente el deporte de buscar un baño publico en el pueblo (nota mental: no hay). Pero en los alrededores hay un monasterio digno de mención, de la secta Nygmapa de budismo Tibetano, famosa por su fuerte y vistoso contenido tántrico y rituales impactantes. Se trata de la Dzogchen Gompa, que queda a una media hora de Mani, en camino a Sershu. En este trayecto conocí a un francés, que lleva fuera de su casa bastantes años, sea como mochilero, o como trabajador en ONGs. Especialmente esta vez esta viajando por Asia central y por la región del gran tibet, que es su pasión. Por ésta época no he visto muchos viajeros, por lo que tener a alguien con quién hablar, y que de paso es experto en Tibet, es bastante bién agradecido!!!!!

Ganze (Garze), Tibet

Ganze es un pueblito pequeño con uno de los monasterios y conventos mas importantes y grandes de la región. Las temperaturas acá cambian drásticamente, de unos agradables 12 grados al sol, hasta unos -20 grados en las noches. De hecho, no es extraordinario el hecho de uno acostarse, y al levantarse ver la botella de agua congelada! Los días han estado acá bastante claros, con un sol espectacular que brilla en el hielo y la nieve de las montañas que bordean el valle.

El Garze Gompa, o monasterio de Ganze (10RMB), es bastante amplio y bonito, de salones grandes y solemnes, repleto de monjes ocupados que como hormiguitas laboriosas corren de lado a lado, sus túnicas dejando un rastro colorido de azafrán y rojo intenso al pasar. Permanentemente en la semi penumbra de sus salones, hay un movimiento de peregrinos, que hacen su kora uno tras otro. Los monjes, a su vez, rezan y cantan y realizan sus rituales vistosos con su rayo y campana (instrumentos ceremoniales para el budismo tibetano que simbolizan lo masculino y femenino). Como cosa curiosa, la mayoría de las paredes de este monasterio están adornados con los colores de la tricolor nacional: amarillo azul y rojo. Yo ya andaba perdido en la penumbra, intoxicado por los cantos y el fuerte olor a incienso, pero uno de los tantos peregrinos me agarro amigablemente de la ropa y me invito a dar el kora como se debe hacer. Y pues bien que es interesante, los monjes te dan agua santa (la que te echas en la cabeza, en las sienes y luego bebes), te invitan a tsampa, luego te muestran detalles de los cientos de pinturas en las paredes, como las dhaikinis carnívoras y ninfomanas, o el símbolo que materializa los canales por los cuales tenemos deseos (sobre una calavera estan los ojos, la nariz, la boca, los oídos y el sexo), o te tratan de explicar que el mandala se vuelve tridimensional y es una expresión del mundo...

Después de estar perdido una mañana en el monasterio, caminando hacia la parte de atrás se encuentra uno con unas montanas en forma escalonada, y luego de subirlas le regala a uno la vida una vista majestuosa del pueblo y del valle. Como no hay caminos, solo es dejarse llevar por los caminos y las cimas, y seguir los grupos de yaks y caballos que tratan de arrancar cualquier cosa de la tierra árida y congelada... Y así, de pronto te encontras con una estupa perdida, o un campo de ofrendas de barro. Y caminando, luego, de repente en la cima te ves de frente con un campo sagrado, azotado por fuertes vientos que vienen de todas las direcciones, que tratan de deshacer a la fuerza las banderas de oración que están anudadas...

Y así, horas caminando bajo el sol, entre la soledad de las montanas alejadas del mundo, uno siente de repente que algo no encaja... Al rato, me di cuenta que la razón de esa sensacion extraña es que no se escuchaba absolutamente ningún sonido, aparte de mi respiración y las pisadas. El viento había dejado de soplar, y de repente entra esa sensación pocas veces experimentada de total quietud, de saber que uno es el único ser humano en la mitad de las montanas, a decenas de kilómetros a la redonda.

Sentir que no hay carros pitando y echando humo, no ver a nadie vendiéndote algo ni mirándote como un extraterrestre. Ningún celular sonando con el ultimo ringtone de moda. Nadie apresurándote por entregar el proyecto para cumplir la fecha. Ningún sonido del Messenger en los audifonos. Nada. Nadie. Solo vos, el cielo totalmente azul, la montana y las ruinas de un viejo monasterio...

Y así uno alcanza a entender un poco el por que las montanas son sagradas en el budismo tibetano. Alcanza a entender también el porque los nómadas hacen encantados sus kora y peregrinaciones a través de las montanas. Fue irresistible el impulso de extenderme ahi sobre la montana, con los brazos abiertos sobre el suelo, mirar el cielo y escuchar ese vacío a veces tan asustador... Ese vacío parecido al que sentía cuando de chico me sumergía en una piscina solitaria, aguantando la respiracion hasta lo que mas pudiera, solamente escuchando al silencio.

No se cuanto tiempo pase ahi en esa montana, pero el sol ya empezaba a despedirse detrás de los picos nevados. Estando en la mitad de la nada, estaba forzado a volver, pero un dolor y sensacion desagradable aparecieron, diciendome en la cara que no querían volver nuevamente allá abajo, a todo ese caos e ilusiones de la vida cotidiana, de esa bizarra fantasía que tenemos entre el cafecito de la madrugada y el primer sueno de la noche...

miércoles, 12 de marzo de 2008

Entierro Tibetano (Entierro de Cielo)

Tibet ha sido bendecida con una gran extensión de tierra, pero la mayoría tiene una altura de más de 4,000 metros. El suelo es seco, bastante rocoso y a menudo yace congelado por los fuertes inviernos que azotan la región la mayor parte del año.

Éstas son algunas de las razones por las cuales los tibetanos desde hace siglos no entierran a sus muertos (ni los incineran, ni los lanzan al rio -estilo Indio-) sino que desarrollaron una practica religiosa que va de acuerdo con sus tradiciones y creencias.

Ésta práctica funeraria es llamada "entierro en el cielo" (o sky burial). Lo siguiente es la descripción de éste según me contaba un Tibetano, sumado a lo que alcancé a presenciar en la mitad de las montañas.

Al morir una persona, de inmediato llaman al Lama del monasterio local, quién tiene como misión ayudar al difunto a pasar por las 49 niveles del Bardo, o las fases o estados que tiene que atravesar el alma luego de morir y reencarnar en otra. Para éste fin, casi ininterrumpidamente recitan los sutras del Bardo Thodol o Libro de los Muertos. Los familiares se reunen alrededor del cuerpo y rezan de igual manera, esperando una mejor transición hacia la muerte y una eventual reencarnación más próspera (tal vez en un monje, lama o hasta boddhisatva).

Una vez pasado el periodo de tres días, que es el período donde el alma está pasando de una vida a la otra, envuelven al cuerpo en una especie de sábana blanca y lo llevan hacia alguna de las montañas sagradas que tienen lugares particulares donde se realiza ésta ceremonia. El destino final del difunto es un campo repleto de banderas de oración, de pedazos de ropa hecha jirones, y de fragmentos de huesos en los suelos.

Algunos miembros de la familia cargan el cuerpo y lo deposita sobre una roca blanqueada con cal (o algo similar). Otros miembros se arman de palos largos y forman una especie de perímetro sobre la piedra ceremonial. La razón de ésto: espantar y alejar de momento a las docenas de buitres, cuervos y halcones que son animados por el olor de carne en la cercanía.




Mientras se hacen éstos preparativos, hacen entrada los verdaderos maestros de ceremonia. Son esas dos o tres figuras altas y fuertes que vienen armados de cuchillos, hachas y martillos ceremoniales. Vienen hablando entre ellos, caminando con toda naturalidad. La familia se retira un poco, a excepción de los que están alejando a las aves hambrientas. Uno de los maestros de ceremonia (no se si son monjes, lamas, carniceros... o que) comienza a entonar algún mantra y los demás afilan sus herramientas en una piedra de amolar.

De repente, sin tanta ceremonia, uno de ellos levanta su cuchillo y ayudado por el martillo, comienza a descuartizar el cuerpo del difunto. Primero extrae las visceras que deposita en un cuenco especial destinado a tal fin, para ser mezcladas con harina de cebada tostada, o Tsampa. Luego sigue cortando las demás extremidades del cuerpo, lenta pero conscienzudamente. Una vez su trabajo ha terminado, hacen una señal a los encargados de alejar las aves para que dejen de hacerlo.

Los seres queridos, guardando cierta distancia, siguen con la mirada las acciones que se presentan ante sus ojos. No hay señal de tristeza, ni de amargura, porque saben que el cuerpo es tan solo el envase del alma y en éstos momentos, el envase está vacío. El alma ya está haciendo su viaje místico hacia la siguiente vida.


Y lo que sigue, es que los grandes buitres se avalanchan sobre los restos sanguinolentos del cuerpo del difunto y se dedican a satisfacer su básica necesidad de alimentarse. Luego de unos minutos, cuando ya están totalmente saciados, algunos emprenden el vuelo, otros, se repliegan a descansar en las proximidades. Sobre el suelo solo quedan algunos pedazos de huesos ensangrentados. Y es allí donde entran los cuervos, halcones y otras aves que esperaban pacientemente, a terminar el trabajo.

Los parientes y seres queridos (grandes y chicos) que presenciaron la ceremonia, comienzan a alejarse del sitio, dejando solo a las aves y a los maestros que eventualmente pulverizarán los restos de huesos y mezclaran con tsampa, para que sea también consumidos por alguna otra ave hambrienta.

Al salir éstos, no quedará más rastro del ritual sino unas marcas de sangre y cientos de banderitas de oración de papel, que fueron lanzadas por sus familiares.

Las últimas aves emprenden vuelo, llevándose al cielo los fragmentos de esa persona que pisó la tierra, y fue feliz, y sufrió, y comió, y amó, y eventualmente murió.

Me contaban en la Universidad con teoremas y diagramas en el tablero, que "...la energía no muere, no nace, sino que simplemente se transforma". Y creo que nunca, nunca ésto había tenido tanto sentido para mí como en ese momento.

(Nota: haz click en las imágenes para agrandarlas)

martes, 11 de marzo de 2008

Sichuan-Tibet Highway

He aquí imágenes de la famosa autopista Sichuan-Tibet, una de las vías más altas, más legendarias y más espeluznantes del mundo. Gran parte del recorrido se hace bordeando los 4,000 metros de altura, y se logran cruzar pasos de cerca de 6,000 metros... El transporte público es caótico (y algunas veces inexistente) forzándolo a uno muchas veces a el viejo truco de echar dedo... Pero eso sí, tiene una vista espectacular y los tibetanos lo consideran como una vía sagrada puesto que rodea muchas montañas sacras para ellos...




jueves, 6 de marzo de 2008

De cinco numeros y el destino

Eran las cinco de la mañana y estaba haciendo un frío de los mil demonios. La ciudad de Ganzi apenas iba por su decimotercer sueño y sin embargo estabamos yo y un compañero de viajes francés esperando algún tipo de transporte que nos llevara al occidente, un poco más cerca de la región autónoma de Tibet. Por las calles solamente pasaban unos cuantos perros callejeros, y una que otra minivan gritando destinos que no nos servían. En una esquina rodeada de nieve y agua sucia congelada, estaban sentadas dos mochilas, mas sucias y empolvadas que sus propios dueños.

Según contaban, de Ganzi (donde estábamos) hacia Dege (un pueblo de mier... en la esquina de Tibet) solo pasan un puñado de buses y camiones esporádicamente, y definitivamente hoy no era el día. La razón yacía en que para llegar a Dege (o Derge) es necesario pasar por la montaña sagrada de Chola (o Trola en chino), que con sus 6500 metros de altura presenta un peligro real para todos los vehículos que osan atravesarla. Lastimosamente, ese día en particular parecía que nadie viajaba a Dege y al parecer tendríamos que pasar otra nochae esperando a algún perdido que viajara al oeste.

Pero la suerte parecía cambiar. Uno de los conductores tibetanos a los que le había preguntado sobre el estado de la vía y de buses que fueran por esa ruta me llamó animadamente. Según me contó, llamó por celular a preguntar si alguien subía a Dege, y pues era nuestro día de suerte, porque un bus directo hacia Dege que salía desde Chengdu pasaría en unos quince minutos. El buen hombre me dijo que estuviera pendiente de la placa, y como no tenía donde anotarla, buscó su paquete de cigarrillos, rompió un pedazo y escribió en ese pedazo cinco números que equivalian a la placa del carro que teníamos que esperar. Quince minutos, dijo, quince minutos para que puedan tomar el carro.

Y pues bién que con las buenas noticias que no teníamos que echar dedo para llegar a Dege, rescatamos las mochilas de su rincón congelado y nos paramos al lado de la carretera desierta. Con el pedacito de cartón en la mano esperando a que el famoso vehículo pasara, los minutos fueron pasando despacito. Al rato, pasó un bus sonando el pito y con las luces altas encendidas, de tal manera que no pudimos ver la placa. Cuando pasó, nos dimos cuenta que ese efectivamente era el bus que tanto añorábamos y que pasó rápido sin recogernos. Mierd...

Con los ánimos en el piso, guardé el maldito pedazo de cartón en mi bolsillo y eventualmente volvimos a la búsqueda de cualquier otro transporte que nos llevara hacia el oeste. Tuvimos suerte de encontrar un camión regional que nos acercó a Manigango, y de ahí pudimos unirnos a una minivan repleta de monjes recitando mantras en voz baja, que iba en camino hacia Dege.

El camino hacia Dege es uno de los más bonitos e impactantes que he visto. Como decía antes, esta carretera cruza por el paso de Chola, que es la montaña más alta del occidente de Tibet. Nieves perpetuas cubrían todas las montañas, y como el día estaba claro los ojos dolían de tanto brillo. En cierto momento el hielo y la nieve llegaron a ser tan fuertes que tuvieron que ponerle cadenas a las ruedas del carro para poder tener control en esas carreteras curveadas y peligrosas, con caídas de miles de metros a los lados.

Íbamos con buen tiempo, apenas rasgando un poco más de las 4pm, cuando llegamos a una barrera de la policía, en medio de la montaña. Sin saber que pasó, nos bajamos todos de la van a morirnos del frío afuera a ver que había pasado. Como pude, hablando con el conductor tibetano (cuyo idioma chino era peor que el mío) me explicó que hacía un par de horas hubo un accidente terrible en la montaña, que un bus se despeñó y hasta el momento iban 5 muertos y bastantes heridos graves, y que la policía estaba actualmente auxiliando la emergencia.

Nuestra suerte parecía que iba de mal en peor, porque cruzar esa montaña en la noche era más tenebroso, porque la nieve y el hielo se habrían derretido y todo el camino sería una pista de hielo resbaloso. Pero al cabo de un par de horas se abrió el camino y pudimos pasar el famoso paso sin problemas, llegando a Dege a eso de las 6.00pm.

Para hacer ésta historia un poco más corta, al día siguiente de llegar a Dege nos enteramos que el bus que se había desplomado miles de metros al vacío era uno que provenía desde Chengdu. En el periódico que habia en el hotel, en la tercera página en una columna casi olvidada aparecían los cinco números que formaban la placa del bus que debimos haber tomado en Ganzi. Los mismos números que todavía estan escritos en un pequeño pedazo de cartón arrugado que sigue guardado en mi bolsillo.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Monasterios entre Cielos y Montañas

El sol salio retrasado pero el día pedía a gritos ser aprovechado. Salí del único hotel del pueblito a conocer el gompa (monasterio) y chörten (estupa o stupa). Luego de atravesar las cinco calles que componían el pueblito y llegar a la tierra abierta, fue necesario saltar cercos y atravesar campos desiertos para llegar a la famosa stupa, que quedaba en la ladera de una montaña sagrada repleta de banderas de oración y montículos de piedra. La stupa en si es una construcción enorme, de forma simétrica y de color blanco, que simboliza la iluminación en el Budismo. Las tierras tibetanas están pobladas de estas construcciones, de todos los tamaños y estilos.

Pues bién que ésta era una de las más grandes de la región, con cientos de ruedas de oración y una multitud de peregrinos con sus vestidos tradicionales haciéndolas girar, mientras hacen el kora. El kora es un circuito sagrado para los Tibetanos, en los que se recorre en sentido de las manecillas del reloj algún lugar sagrado, como un monasterio, montaña o stupa. En el budismo tibetano, se hace uso extensivo de éste kora a manera de peregrinación y para ganar buen karma, puesto que cumple una función como de rezo u oración. Los recorridos pueden ser tan pequeños como el perímetro de un pequeño altar, o tan grandes como una gran montaña sagrada en el Himalaya! Muchas personas logran hacer una kora hasta miles de veces!!!

Luego de unirme con la peregrinación en el circuito (con los saludos alegres de los peregrinos que también estaban ahí) y de tratar de entender la sobrecarga de imágenes y sonidos que provienen de la stupa, me alejé un poco de la gente y me quedé un rato sentado mirando la colina que tenía frente mi, llena de altares, banderas de oración, y estupas. La idea, era eventualmente subirla y mirar que había del otro lado.

En esas andaba cuando una anciana de mil años se acercó y me empezó a hablar en tibetano, lo más de contenta. Como en éste pueblito no se ven muchos occidentales, y mucho menos en ésta estupa alejada, me imagino que andaba contenta con que uno de los "bárbaros de piel blanca" se les hubiera unido en la kora. Y pues bién que haciéndole honor a la hospitalidad Tibetana, se hizo entender que quería invitarme a tomar el té en su casa. Si ésto hubiera sido en cualquier otra parte, sería medio raro, pero los tibetanos son exageradamente amables con los visitantes. Pues bién que la seguí como pude (tenía una vitalidad increíble, que sería la envidia de muchos abuelos del mundo), y luego de cruzar por unos caminos pequeñísimos y un par de arroyos, llegamos a su hogar.

Era una vivienda típica nómada, hecha de madera, plástico y piel de Yak. Dentro, como es costumbre, estaba una hornilla de madera candente en la que se calentaba lentamente una tetera, mientras también calentaba a un anciano y a dos niños. Era claro que no tenían muchas posesiones que cuidar, pero lo increíble fue que empezaron a buscar entre todos los rincones de la casa alimentos que me imagino estaban guardando para alguna ocasión especial... Carne de Yak seca, mantequilla también de Yak, tsampa dulce, pretzels tibetanos, te de mantequilla... todo un festín! Y bueno, entre mi Chino roto, un cuaderno de apuntes, mi cámara digital y muchas risas y paciencia logramos comunicarnos la mayor parte del día.

Al rato les dije que quería subir a la montaña y pues uno de los niños se ofreció para acompañarme. Para hacer la historia corta, subimos a las montañas sagradas detrás del monasterio, y mientras eso le presté mi reproductor de MP3 y quedó fascinado con la música latina... Terminó cantando y todo. Una vez arriba, le dimos vueltas a todas las construcciones, que desde hace muchos años se nota que vigilan y protegen el valle rodeado de montañas sagradas salpicadas de nieve.

De bajada por el otro lado de la montaña, al fondo se veía un movimiento de gente y el niño me dijo que me detuviera. Alcanzaba a ver un campo cercado de banderitas de oración, con mucha gente y algunos cuervos y halcones sobrevolando y aterrizando. Una especie de ceremonia religiosa estaba terminando, y por la cara de mi guía improvisado era algo serio. Me dijo algo en Tibetano, dimos media vuelta y nos regresamos en silencio por donde habíamos entrado.

Pues bién, sin saberlo había presenciado de lejos el final de una de las ceremonias más impactantes de la cultura de ésta región: la ceremonia funeraria tibetana, llamada "sky burial" o entierro en el aire...

sábado, 1 de marzo de 2008

Tagong, Tibet





Tawu, Tibet

Estoy en este momento sentado en una ventana golpeada por los vientos y los años, en una vivienda típica Tibetana. Al fondo, unas montañas con sombreros de nieve dominan el paisaje. Yo, acá recibiendo el sol que se pone, y que nos regaló un día espectacular. Estoy en Tawu (o Daofu), un pueblecito pequeño donde me invitaron a pasar unos dias en una escuelita Tibetana para niños huérfanos, muy pobres.

Tres cosas que me impactaron de Tibet luego de tanto tanto en China... Los cielos son claros, inmaculados. El aire es fresco y limpio. Y finalmente, la gente es extremadamente amable. En este momento, los niños corretean y gritan entre las praderas, se esconden y juegan al fútbol con piedrecitas. Las niñas, entre ellas, se inventan a su vez historias de héroes y princesas y ríen y el tiempo pasa.

La madre encargada, una señora de largos cabellos vestida con sus ropajes tradicionales, no les pierde de vista mientras prepara unos vegetales en una olla inmensa, puesta sobre un fogón de leña. Un grupo de patos, bastante optimistas por cierto, pasa afanado buscando comida debajo de las piedras y la nieve de la dura estepa Tibetana.

El viento comienza a soplar fuerte, agitando las banderas de oración que cubren las montañas, haciéndola parecer más viva. Una motocicleta, curtida de polvo y de aventuras, lleva a un tibetano con sombrero que hace recordar aquellos spaguetti westerns que veía cuando niño. El silencio del valle es así interrumpido, pero al cabo de un par de minutos solo se escucha el tronar del viento y las risas de los niños.

A lo lejos, se ve el resplandor del techo dorado de un distante monasterio budista, rodeado también de banderitas de oración. Estoy en Kham, una de las tres regiones de Tibe, en la que sus habitantes son bravos y orgullosos portadores de su tradición. Estoy en Kham, presenciando un día a día cualquiera en la vida de los nómadas Tibetanos.