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domingo, 18 de mayo de 2008

En Jiangcheng enseñando inglés

Ese día me levanté aperezado y con ganas de relajarme. Pero igual el lugar donde estaba no ha ganado premios a la tranquilidad, así que preferí montarme con la bici en algún bus que me llevara donde quería. Y estuve de suerte, porque luego de decidirme, a la hora pasó el único bus del día que me podía servir, y tenía hasta espacio adentro para la biela!

Luego de seguir metido en más carreteras vueltas nada, más derrumbes y más espera, llegamos a Jiangcheng, otro pueblo de la región que milagrosamente si aparece en los mapas. Un pueblo tan genérico que no hay nada particular para acordarse. El plan era el mismo de siempre, comer algo fresco, buscar un hotelito decente y quedar noqueado hasta la mañana siguiente.

En el tema de restaurantes, no había mucha elección: habían un par de carpas con dos fogones a carbón debajo, que aunque no tuvieran clasificación en tenedores, se podían llamar restaurantes: vendían comida, o algo que se le parecía. Pedí lo que estaba comiendo el vecino: grave error, porque parecía que el chino aquel tenía una disposición para devorar tripas de pato... ugh. Pero en fin, más valía el hambre y como me rijo por el tema de «al pueblo que fueres, haz lo que vieres»... nada que hacer, buen provecho y p'adentro!

En esas llegan un tipo y se me sienta al lado disimuladamente. Luego empieza a mirar con insistencia, por unos incómodos diez minutos mientras me terminaba el suculento plato de intestinos de pato con picante (que estará en mis sueños pesadillas por un buen tiempo). Cuando terminé, el hombre me soltó el ubicuo "hello" de siempre, con una sonrisota de oreja a oreja. "Hello viejo" le digo. Generalmente en China ese es el dominio de inglés de un 99,9% de la población (bueno, la cifra me la invento). Pero éste tipo era persistente... empezó a dispararme "How are you" "Where do you come from" "Do you like China" "Do you like Jiangcheng"... etc. El tipo tenía un inglés pasable. Pero igual estaba a la defensiva, porque en otras ocasiones gente con muy buen inglés lo único que quiere es sacarte plata (escenarios tipo estudiantes de arte, turistas chinas en busca de diversión, ceremonia del té, o minorías oprimidas)...

Pero el hecho de estar en el medio de la nada, y no en una mega atracción turística bajaron mis defensas. El caso es que el hombre estaba estudiando inglés en la única universidad de la región y estaba verdaderamente animado porque no pasaban muchos extranjeros por estas tierras, y mucho menos comían en el mismo restaurante de él. Súper animado, me invito a que conociera su universidad y sus compañeros, y que estaría honrado si le diera una visita a su profesora.

Pues bién que luego de pagar y seguir respondiendo mil preguntas, salimos a su universidad, donde conocí a sus compañeros de dormitorio, y en resumidas cuentas terminamos jugando basketball, ping-pong, cartas... inmersión en la cultura universitaria China! Finalmente conocí a la famosa profesora, que estaba un poco apenada de hablar inglés conmigo, supongo por el eterno cuento de no perder la cara (mianzi) ante sus estudiantes si llegaba a cometer algún error en inglés y que yo la corrigiera...! Pffffft! Pero luego se relajó y estaba más interesada que sus estudiantes por saber de mi cultura, de mi tierra, de como carajos había llegado a ese lugar, en fin. Y es que no es tan sorprendente: para ellos, suramérica es un lugar tan raro, lejano, misterioso y ajeno como lo es para nosotros el pueblo de Jiangcheng en el medio de las montañas de Yunnan, en el sureste de China. Y lo de siempre, les parecía inconcebible que una persona estuviera solo viajando por tanto tiempo, tan lejos de su país, de las personas que quiere, de ese lugar que uno puede llamar 'hogar'...

La profe esta me hizo prometer que me pasara al día siguiente por su clase, antes de tomar la carretera. Quería mostrarle a sus alumnos que hay un mundo allá afuera, que hay gente distinta que también ríe y llora, tiene problemas, ilusiones y sigue su propio camino. Me decía que muchos alumnos se aburren y no se animan a seguir estudiando porque en algún momento pierden las ilusiones. Y cuando se pierde la ilusión, se pierde el combustible de la vida... Cuanta verdad Sra. Profesora, cuanta verdad...

Estaba entonces en la moción de despedirme de ellos y buscar el hotel, pero obviamente no me dejaron ir. Me dijeron que no me preocupara, que mejor les respondiera si me gustaba la cerveza (la respuesta es fácil!!). En ese caso, que dejara las cosas en mi dormitorio (!) y me fuera a tomar unas cervecillas con ellos. La profe y los tipos me habían conseguido una habitación para mi en el dormitorio de la U, cero estrés. Por lo único que me tenía que preocupar, era por el esfuerzo que me tomara en levantar el codo, una y otra vez, brindando con gan bei en un bar puesto de venta de frutas, con ya media clase que estaba entusiasmada por un laowai que apareció de la nada en una bicicleta.

Y no se si había contado antes, pero la tolerancia al alcohol de los chinos cuando el limite de las cervezas es infinito, tiende a cero. Desafortunadamente para ellos, solo estaba yo y no podía cargarlos en hombros a todos... Pero dando tumbos lograron llegar a su dormitorio y mostrarme donde dormiría yo. Pobres, a la mañana siguiente tenían que madrugar con un guayabo (o resaca) de los mil demonios...

Al día siguiente en la famosa clase esta, la animada profesora había pintado un mapa del mundo con muchos países, y la idea era que hablara en inglés de donde venía, y que ellos me hicieran preguntas de mi tierra, y de otros lugares que había visitado. Las preguntas me sorprendieron, por lo atinadas e ingenuas de algunas, y lo increíblemente chistosas de otras... Hubiera querido anotarlas para tener material de diversión por un buen rato!

Habiendo pasado gran parte de la mañana, era ya hora de partir, y luego de decirles zai jian a los entusiasmados estudiantes, empaqué las cosas y nuevamente pedaleando un poco aperezado, pero con el corazón contento de haber conocido tanta gente interesante... Ojalá la ilusión, esa gasolina de la vida, no se les agote nunca!

viernes, 19 de octubre de 2007

Recuento de mid-term

Con el invierno tocando la puerta de la casa y luego de una semana intensa de exámenes de mid-term, sin querer queriendo uno termina por hacerse también una evaluación de mitad de semestre. Sin calificaciones, sin cuadernos, sin noches de trasnocho a última hora para aprenderse los caracteres hanzi de turno. Solo están sobre la cama los recuerdos, los pensamientos y la vocecilla de la consciencia que de vez en cuando aparece.

Han sido ya varios meses de estudiar y vivir en una ciudad bastante diferente a lo que uno está habituado, de sumergirse día tras día en una cultura ajena, de aprender diariamente decenas de nuevas palabras y letras que antes parecían formar un extraño jeroglífico, y a fuerza de repetir, (tratar de) memorizar y hábito, van siendo más familiares.

Aprender Chino/Mandarín/Putonghua no es tan sencillo como aprender otros idiomas más cercanos, como el inglés o alemán, o los más emparentados francés, italiano o portugués que aparte de compartir alfabeto, comparten igualmente raíces, lo que hace que la gramática y el vocabulario sea más intuitivo.

Aprender Chino, por otra parte, es aprender también costumbres, tradiciones, simbologías que no son tan evidentes, al menos para los ojos de un laowai como yo. Es también aprender a diferenciar más que los tonos de cada sílaba, la emoción detrás de ellas, el sentido que se les quiere dar.

Lo primero que uno tiene que tener antes de estudiar Mandarín, es una fuertísima dosis de motivación. De paciencia también, y no está de más también tener algo bajas las expectativas. Al ser un idioma del que se está aprendiendo todo, absolutamente todo desde cero, la curva de aprendizaje es sumamente larga… por lo general necesitás bastante tiempo para tener un nivel decente.

En suma, es un un idioma bastante desagradecido como diríamos en casa. Allí es donde entra en juego la motivación.Por qué uno se motiva a estudiar Chino? Pueden haber tantas respuestas como personas aprendiendo, pero hablando con los compañeros de clase, y amigos, por lo general éstas razones se agrupan en unas categorías muy definidas.

Está la más obvia, que son los que están estudiando el idioma como parte de su carrera profesional de idiomas. En la Universidad se ven muchos éstos, que son los Koreanos o Japoneses que duermen en los dormitorios de la Uni y se mantienen con sus libros de estudio debajo del brazo. Participan en todas las actividades académicas y extracurriculares, y en un par de semestres ya hablan chino con una facilidad increíble.

Luego, están los verdaderos apasionados por China y por la cultura, que motivados por la llama de la ilusión de acercarse más al camino de la sinología, estudian el idioma por hobbie y se ven en las clases de pintura o caligrafía. Les encanta China, la gente, la cultura y las tradiciones ancestrales. Se saben de memoria pasajes enteros de poetas antiguos, logran gran satisfacción viendo las acuarelas de paisajes de bambú, lirios y cascadas envueltas en bruma. Para ellos, es un sacrilegio el hecho que Occidente penetre, viole y corrompa los velos sagrados de las tradiciones, con sus McDonalds, Porsche, y aeropuertos en cada ciudad...

En la lista también están los que tienen la plena certeza que aprender Chino es algo que es necesario para ser altamente competitivo en el siglo XXI, una herramienta imprescindible del know-how para ser un profesional exitoso y dinámico, capaz de enfrentarse a los riesgos y retos de un mundo globalizado, guiado por amplias estrategias de flexibilidad y pluriculturalidad, en un esquema macro… ya saben a que me refiero. China es un país lleno de oportunidades, como lo fue el famoso wild west en la época de la fiebre del oro, o como fue América con sus ríos de plata, caciques vestidos de oro que reinaban sobre indígenas que eran algo más que meros animales.

Están también los que aprenden en Chino para no tener que quedarse en la casa viendo televisión o rascándose las… Son por lo general esposas, novias o hijos de los expatriados que trabajan en las multinacionales. O son los que están en China por purísimo azar… los tipo “su dinero puede estar en el lugar equivocado”.

Finalmente, están aquellos que están estudiando Chino porque… bueno… porque… es complicado. Les gusta China, pero sin fanatismo. Les gusta, simplemente. Creen que el idioma es interesante, y puede o no ser útil en un futuro. En el fondo, esperan que sí sea. Les gusta la comida, pero les asquea el olor a tofu en las calles. Entienden y desentienden todos los días las costumbres chinas.

En cual estoy? Já....

viernes, 28 de septiembre de 2007

De yuppie a hobo a estudiante...

Ya hace un poquitico más de un mes que me regresé al que sería de momento mi hogar. Suzhou. En la provincia de Jiangsu, a un poco más de media hora en tren rápido de Shanghai. Hace un poquitico más de un mes que mi amada y vieja mochila quedó vacía, vacía de ropa gastada, de mapas rayados y de botellas de agua.

De momento, y en contra del deseo de viajar y viajar de esa mochila, me establecí en ésta ciudad porque de tanto viajar en China, decidí quedarme un poquito más a estudiar Chino... La verdad, China me gustó bastante, y al igual que Japón, me gustaría quedarme a aprender el idioma.

Por Suzhou pasé hace un par de meses, en el pico del verano históricamente más fuerte de la región... los recuerdos de Suzhou de esa epoca están entre jardines impresionantes, una ciudad que contrasta la arquitectura tradicional china con el empuje y velocidad de la China moderna, recuerdos tambien de días de incontable calor y sofoco, noches de conocer gente nueva y huir siempre del calor...

Suzhou me gustó justamente por su ubicación estratégica cerca a Shanghai y en el centro de la China del este. Los jardines y las calles tradicionales, con sus linternas y faroles rojos redondos me enamoraron. Y el contraste entre ciudad nueva/ciudad vieja se me hizo bastante interesante... No es tan contaminada como tantas ciudades como Beijing y sus alrededores, el invierno no es tan frío y es mucho más pequeña y manejable... digo "pequeña", porque aunque la ciudad es de tamaño reducido para los estándares chinos, sus cinco millones de habitantes la hacen de un tamaño respetable.

El mes pasado fue mes de locos... de ubicación, de trámites de visas y matriculas en la universidad, de buscar apartamento, de comprar las cosas necesarias, para la habitación, para la cocina, para el baño... todas esas cosas que como mochilero son lujos, ahora se convierten en necesidades... ironía ante todo.

Llevo un mes de arreglarme el cabello con peinilla, de lavar la ropa en lavadora (y no a mano, como siempre), de no tener que empacar tus cosas cada noche, de no tener que compartir habitación con cinco personas más y hacer competencia de ronquidos. De tener tu propia cama, y aire acondicionado en la habitación. De poder cocinar lo que vos querés. Es un mes de adaptarse nuevamente de volver a la vida tradicional, y de también volver a la vida de estudiante que hace tiempos había dejado atrás...

Volver a comprar cuadernos, libros y CDs de estudio. De levantarse tempranísimo a terminar una tarea que se me olvidó hacer en el día anterior. De hacer planas y planas, y repetir mil veces los trazos de los caracteres chinos que son tan abstractos en principio, y tan difíciles de recordar.

Es un mes de un cambio repentino, de aprender el idioma, las costumbres y la convivencia. De retomar los hábitos de madrugar a la hora que se debe madrugar, y no a la hora que uno se quiere levantar. Pero sería un mentiroso si dijera que no me gusta, que el idioma es aburrido y mi nueva vida me hace bostezar. Aunque hay algunos detalles que no esperaba, la vida en China me gusta bastante, todos los días aprendés mil cosas, todos los días los ojos que no se acostumbran aún a lo que ven, no se cansan de asombrarse.

Y la cabeza, a mil por hora, te llena de pensamientos, recuerdos... algunos felices y algunos no tanto... Pero es un tiempo para aprender y crecer y tratar de ser un poquito más feliz. Porque después de todo, para qué más estamos acá en esta nave llamada Tierra?