happiness is a journey, not a destination...Gracias mani!
[souza]
for a long time it seemed to me that life was about to begin - real life. but there was always some obstacle in the way, something to be gotten through first, some unfinished business, time still to be served, a debt to be paid. at last it dawned on me that these obstacles were my life. this perspective has helped me to see there is no way to happiness. happiness is the way. so treasure every moment you have and remember that time waits for no one.====la felicidad es un viaje, no el destino...
[souza]
por un largo tiempo me parecía que la vida estaba a punto de comenzar - la vida real. pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que se tenia que atravesar primero, algún negocio sin terminar, tiempo que esperar, una deuda que pagar. al final fue claro para mi que estos obstáculos eran mi vida. esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay ningún camino a la felicidad. la felicidad es el camino. asi que atesora cada momento que tengas, y recuerda que el tiempo no espera a nadie.
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sábado, 16 de febrero de 2008
De una carta que atravesó unos cuantos mares y llegó unos meses tarde... pero llegó!
martes, 24 de abril de 2007
El antes y el después
La vida y las experiencias son siempre cíclicas al parecer. Nada ni nadie se escapa de ello. Saliendo un poco de lo intangible, acá va la historia.
Hoy, por motivos consulares, me tocó visitar una torre repleta de oficinas de grandes multinacionales de tecnología, finanzas y de petróleo. Estaba de jeans viejos, chaqueta (o campera) de cuero negro, tennis y con barba de algunos días. Mientras esperaba en el lobby, una avalancha humana de gente tan exitosamente linda y bién arreglada me pasaba por los lados, y recordaba que yo hace tal vez unos cinco años, a ésta misma hora, formaba parte de la misma jauría de encorbatados que se lanzaban al ascensor después de comer una ensalada en McDonald's.
Flashback a unos cinco años atrás. Con todo la indumentaria que uniforma a los jóvenes exitosos, caminaba yo con paso decidido y firme con el celular en una mano y el laptop en la otra, buscando obtener un campo en el apretado ascensor. Y una vez dentro (sin importar a quién llegara a pisar, porque obviamente estaban en MI espacio) podía respirar tranquilo y el único pensamiento solía ser el que no se cayera la conexión celular para no perder esa importantísima llamada con los clientes. En esa época solía ser uno de los tantos empleados exitosos para la empresa estrella del hombre más rico (y nerd) del mundo.
Y bueno, luego de bajarme del ascensor y seguir hablando por teléfono con alguno de los importantísimos (pero ya olvidados) clientes, distraídamente recuerdo que me puse a mirar en la cartelera que hay en todos los edificios de negocios en el que listan todas sus oficinas y ocupantes. Petrobras, Siemens, Huawei, Microsoft... y embajadas??? Embajada del Japón. Embajada de la India. No tenía ni idea que acá estuvieran también esas embajadas! Y como suele pasar, aunque estuviera aún en la línea (buscando por cierto un tumor en la cabeza por tanta radiación) me puse a soñar despierto. Que bueno sería un viaje largo, único. Como desde hacía algunos años practicaba aikido me hubiera encantado viajar a Japón y recibir unas clases allí. De comprender más esa cultura. De ahí podría viajar a India, y además, ambas embajadas estaban a solo un par de pisos de diferencia de mi oficina! Que tantas cosas podría conocer, aprender. Que tanto de mí además podría entender.
Pero la persona al otro lado de la línea se empezaba a inquietar porque solo le respondía monosílabos, ahhhs, y hmm-hmmms. De vuelta a la realidad. Me pregunté a mi mismo "Que carajos estabas pensando Gregorio? Volvé a la tierra y poné los pies en el suelo carajo, que por ésto es que te pagan. Dejá de soñar idioteces y más bién cerrá negocios. Esas niñerías de viajes y cosas de soñar despierto solo son para vagos, soñadores y desocupados, como aquel tipo de allí, de jeans viejos, chaqueta de cuero y tennis que tiene una mirada medio rara."
Es real. En esa época, simplemente me arreglé el nudo de la corbata, me miré en el reflejo del tablero y nuevamente, de vuelta a la realidad.
Hoy, por motivos consulares, me tocó visitar una torre repleta de oficinas de grandes multinacionales de tecnología, finanzas y de petróleo. Estaba de jeans viejos, chaqueta (o campera) de cuero negro, tennis y con barba de algunos días. Mientras esperaba en el lobby, una avalancha humana de gente tan exitosamente linda y bién arreglada me pasaba por los lados, y recordaba que yo hace tal vez unos cinco años, a ésta misma hora, formaba parte de la misma jauría de encorbatados que se lanzaban al ascensor después de comer una ensalada en McDonald's.
Flashback a unos cinco años atrás. Con todo la indumentaria que uniforma a los jóvenes exitosos, caminaba yo con paso decidido y firme con el celular en una mano y el laptop en la otra, buscando obtener un campo en el apretado ascensor. Y una vez dentro (sin importar a quién llegara a pisar, porque obviamente estaban en MI espacio) podía respirar tranquilo y el único pensamiento solía ser el que no se cayera la conexión celular para no perder esa importantísima llamada con los clientes. En esa época solía ser uno de los tantos empleados exitosos para la empresa estrella del hombre más rico (y nerd) del mundo.
Y bueno, luego de bajarme del ascensor y seguir hablando por teléfono con alguno de los importantísimos (pero ya olvidados) clientes, distraídamente recuerdo que me puse a mirar en la cartelera que hay en todos los edificios de negocios en el que listan todas sus oficinas y ocupantes. Petrobras, Siemens, Huawei, Microsoft... y embajadas??? Embajada del Japón. Embajada de la India. No tenía ni idea que acá estuvieran también esas embajadas! Y como suele pasar, aunque estuviera aún en la línea (buscando por cierto un tumor en la cabeza por tanta radiación) me puse a soñar despierto. Que bueno sería un viaje largo, único. Como desde hacía algunos años practicaba aikido me hubiera encantado viajar a Japón y recibir unas clases allí. De comprender más esa cultura. De ahí podría viajar a India, y además, ambas embajadas estaban a solo un par de pisos de diferencia de mi oficina! Que tantas cosas podría conocer, aprender. Que tanto de mí además podría entender.
Pero la persona al otro lado de la línea se empezaba a inquietar porque solo le respondía monosílabos, ahhhs, y hmm-hmmms. De vuelta a la realidad. Me pregunté a mi mismo "Que carajos estabas pensando Gregorio? Volvé a la tierra y poné los pies en el suelo carajo, que por ésto es que te pagan. Dejá de soñar idioteces y más bién cerrá negocios. Esas niñerías de viajes y cosas de soñar despierto solo son para vagos, soñadores y desocupados, como aquel tipo de allí, de jeans viejos, chaqueta de cuero y tennis que tiene una mirada medio rara."
Es real. En esa época, simplemente me arreglé el nudo de la corbata, me miré en el reflejo del tablero y nuevamente, de vuelta a la realidad.
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lunes, 2 de abril de 2007
El cambio (2)
Y hoy fue el tratar de frente (y de nuevo) con la impermanencia. Es levantarse por la mañana y ver por tus propios ojos, que eso que eras, que tenías ayer, ya no está más allí. Sea eso un billete de mil, una casa, un auto, un par de tetas, o una cara linda, ya no está ahí.
Y sin embargo, uno es tan egocéntrico que cree que el techo debajo el cual uno duerme y se despierta tranquilamente, o la propia salud, o las personas con las que se han compartido pedacitos de la vida van a ser eternas, o al menos tan eternas como uno mismo.
Pero en realidad, el cambio está todo alrededor. Uno mismo es el cambio. Nadie ni nada escapa a las pequeñas o grandes transformaciones de las que el universo está saturado. De hecho, esas metamorfosis son las que hacen que ese universo se mueva, se agite, respire, viva!
No somos nada (y que perdonen los nadaístas). Una leve llama en la superficie de una supernova. Una pequeña burbuja dentro de un océano agitado. Un parpadeo en el tiempo en la mirada de uno de los miles de billones de seres que viven sobre la tierra.
Y sin embargo, uno es tan egocéntrico que cree que el techo debajo el cual uno duerme y se despierta tranquilamente, o la propia salud, o las personas con las que se han compartido pedacitos de la vida van a ser eternas, o al menos tan eternas como uno mismo.
Pero en realidad, el cambio está todo alrededor. Uno mismo es el cambio. Nadie ni nada escapa a las pequeñas o grandes transformaciones de las que el universo está saturado. De hecho, esas metamorfosis son las que hacen que ese universo se mueva, se agite, respire, viva!
No somos nada (y que perdonen los nadaístas). Una leve llama en la superficie de una supernova. Una pequeña burbuja dentro de un océano agitado. Un parpadeo en el tiempo en la mirada de uno de los miles de billones de seres que viven sobre la tierra.
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miércoles, 28 de marzo de 2007
El cambio
No es más que darse una vuelta por la ciudad. O revisar antiguos cuadernos de hace cinco, diez años. Hablar con gente que no veías hace algún tiempo. Ahí, en esos nuevos edificios que crecen sobre las ruinas de construcciones antiguas, o en esa caligrafía que se te hace tan distante, ahí en todo eso, sientes claramente que la vida es impermanente, es un devenir de constante cambio y agitación, donde lo viejo se hace de lado para dar paso a lo nuevo.
No es sino que te preguntes periódicamente, "quién soy", o "que quiero" para darse cuenta de todo lo diferente que uno puede llegar a ser. Aquel niño ingenuo, silencioso, tímido, se hizo de lado para dar paso a su polo totalmente opuesto.
Aquel viejo bar, con sus sillas, sus velas, fue derrumbado para hacer de sí un fantástico y abrumador complejo habitacional.
Los amigos que dejaron de serlo y volvieron. Amantes dejadas atrás vuelven a tu puerta. Recuerdos rebeldes que se revuelcan y luchan para no ser dejados olvidados en el pasado...
Lo único permanente es el cambio.
No es sino que te preguntes periódicamente, "quién soy", o "que quiero" para darse cuenta de todo lo diferente que uno puede llegar a ser. Aquel niño ingenuo, silencioso, tímido, se hizo de lado para dar paso a su polo totalmente opuesto.
Aquel viejo bar, con sus sillas, sus velas, fue derrumbado para hacer de sí un fantástico y abrumador complejo habitacional.
Los amigos que dejaron de serlo y volvieron. Amantes dejadas atrás vuelven a tu puerta. Recuerdos rebeldes que se revuelcan y luchan para no ser dejados olvidados en el pasado...
Lo único permanente es el cambio.
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