A unos 140 kilómetros al norte de Don Det está ubicada Champasak, capital del norte del reino de Angkor. El viaje se hace por un camino bonito, con subidas y bajadas suaves, templos budistas sumamente ornamentados. Como siempre, sin carros, Laos es definitivamente un paraiso para montar en bicicleta. Aparte, aquellos poquísimos que pasan, no te pitan dementemente (tipo Vietnam) sino que te dan la vía tranquilamente y hasta te saludan! Y como contaba antes, te llueven botellas de agua fría!
Eventualmente llegué al pueblo que queda al otro lado del Mekong. Nuevamente hay que cruzarl, y teniendo en cuenta que solo hay dos puentes en todo Laos que lo cruzan en su totalidad, cuando no hay (como es la mayoría de los casos) hay que hacer uso de los botes o ferrys. Y el ferry en éste caso, no era más que dos canoas de madera amarrados con una cuerda, y encima un planchón de madera. No parecía muy seguro, pero como los locales montaban sus motocicletas encima, seguro que no le pasaría nada a mi Almita. Y efectivamente, nada pasó!
Champasak es un pueblo pequeñísimo, basicamente es una carretera que bordea el Mekong y a los lados algunas casas y edificaciones viejas. Es increible que hasta hace poco, Champasak fue casa de la realeza Lao... una calle polvorienta y el río Mekong era la vista del rey. Bueeeh. Pero la verdad tiene mucho caracter. Encontramos un hotel barato, por un par de dólares un bungalow con baño privado y todo. Cruzando la calle, estaba el Mekong, y un puesto de comidas con una señora sonriente y amablísima, no picada por la enfermedad del capitalismo salvaje, que te cobra lo mismo que le cobra a la gente de Laos. Y es la comida más barata que he comido en el SE de Asia! De hecho, por un dólar te hartas de khao niaw (sticky rice o arroz glutinoso) con frutas, carne, comida... en fin! De hecho, con ella estuvimos tomando el famoso lao lao o whiskey de arroz destilado artesanalmente en casa. Lo embotellan en botellas usadas de lo que encuentren, pero tienen preferencia por las botellas de cristal de ginebra inglesa, que le dan su elegancia al lao lao... una botella de esas basta para noquearte y dejarte con un dolor de cabeza que te mata la noche. Pero vale la pena! Así es tomar trago estilo Lao!
Pero la verdadera razón de estar acá en Champasak no era emborracharse con chirrinchi artesanal, ni ver más atardeceres en el Mekong. Como contaba anteriormente, era de ir a Wat Phu, ruinas de la antigua capital del norte de Angkor que quedaba a unos 10 kilómetros del pueblo. En realidad el sitio no es tan impactante como Angkor Wat, que tiene templos y ruinas e historia donde mires. Pero éste sitio era mil veces más real. Un amigo tocayo me contaba que viajó a Angkor Wat hace unos 30 años, antes del genocidio del Khmer Rouge. Y encontró ese lugar auténtico, con la amabilidad de la gente si dañar, con las ruinas conviviendo con la selva, con los monjes aún practicando en los templos. Lo que el me cuenta, es una descripción cercana de lo que es Wat Phu hoy en día, pero seguro en algunos años se convertirá en otra mecca turística, como mil otros sitios en Asia. La atmósfera en las ruinas tiene un aire más tranquilo, más especial. Puedes respirar y dejarte llevar, y no estar mirando el reloj y el mapa para seguir el siguiente sitio, porque lo van a cerrar de acuerdo con un bizarro itinerario (léase: la industria turística de Angkor Wat).
El templo está en la cima de una montaña, con jungla vasta por todas partes que un grupo de mujeres trabaja incansablemente por domar. Hay un pequeño monasterio en la cima, con monjes en servicio activo. También hay esculturas caídas, escondidas por todas partes. Piedras grabadas, y una pequeña caida de agua sagrada que cae de la montaña santa, y que según dicen los locales, tiene propiedades curativas (acaso no dicen todos lo mismo de su propio manantial de agua?). Pero también tiene serpientes, un par de ellas salieron a saludar cuando pasamos por ahí. Otra particularidad que se ve acá son piedras ceremoniales hechas para sacrificios humanos, con lugares para recoger la sangre en forma de lagartos gigantes... Una buena tarde en Wat Phu.
De hecho fue una buena idea detenerse en este lugar olvidado de los circuitos turísticos. Es un lugar especialmente tranquilo, en el que parece que el tiempo se detuvo y te dan ganas de quedarte un poco más. En la última noche, en el mismo hostal habían un grupo de mochileros franceses, y nos pusimos a hablar y a compartir frutas y café (ya sé, no es una muy buena combinacion!). Y ahí entre historia e historia, uno se da cuenta de todo lo que el tiempo lo cambia a uno, de como las prioridades cambian en la vida, de como los ritmos se desaceleran, cambios... Todo cambia.
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miércoles, 27 de agosto de 2008
sábado, 23 de agosto de 2008
Mil islas, mil kilometros
La llegada a la frontera fue gracias a una impecable carretera, un día perfecto, sin un solo carro. Solo el sonido de los pajaros y los insectos se escuchaba por ahi, en esa nueva carretera del norte de Camboya. Lo chistoso es que cuando iba por la carretera, escuché a lo lejos un sonido, tipo el megaconocido reggaeton. En la mitad de la nada. No puede ser, pensé, hasta acá no puede haber llegado el virus. Efectivamente, el ritmo era reggaeton... pum pumpum pum pum... Reggaeton cambodiano! Pero no. Cuando llegué a la casucha donde estaba la fiesta improvisada, me di cuenta que eran un grupo de gente tomando cerveza (eran como las 9am) y cantando un reggaeton desconocido. En español. Me dió pena ajena, pero se les da puntos por el esfuerzo. Creo que si yo cantara un reggaeton en khmer, sería mas desastroso. Pero bueno, Daddy Yankee, revuélcate en tu tumba!!! Digo... en tu Hummer, o en tu Penthouse, o donde estés!
A la llegada a la frontera, te espera un puesto fronterizo lo más de particular. Al principio pensé que era una casucha de esas que venden agua y bebidas, una choza al lado de la carretera. Pero luego me di cuenta que había un par de buses y una barrera improvisada. Efectivamente, era la frontera. Éste es un puesto fronterizo que no mucha gente usa, porque la carretera es nuevisima y aún la gente no la conoce. No sale en las guías de viaje. Por eso su aspecto exterior. Pero no es sino darle unos años para que se convierta en todo lo que un paso fronterizo tiene: supermercados, casinos, prostíbulos. Pero hoy en día va hacia allá, como pirañas hay tipos que conducen buses piratas pescando a turistas ingenuos para que desocupen los contenidos de sus billeteras pagando el viaje en el único bus que hay ahi. A precios 50 veces más caros que la realidad... ugh!
Hasta en la frontera te quieren coger. Los tipos de Camboya luego de estamparte la visa, te piden 5 dólares. Luego, si les regateas, le bajan a 1. Como ya había pasado tiempo en Camboya, el tema es no ponerse bravo sino ponerse a bromear como ellos, a decir, si si, para tomarte una cerveza ahora, no? Y así te van bajando. En últimas como vieron que no tenía nada en mi bolso (que nunca tiene nada!) me dejaron pasar y me pidieron que volviera alguna vez a Camboya. Por que no... por que no....
Del lado de Laos, la misma situación. Solo que el puesto fronterizo da mas risa que el de Camboya. Un par de tipos dormidos sobre el escritorio esperaban a que el día terminara... E igual, estos tipos esperando por dinero. Que cinco dolares. No. Que tres. No. Que uno!! Que no tengo! Se pusieron medio reacios y me dejaron esperando un tiempo, hasta que al final me dejaron pasar con un 'welcome to Laos!'. No es el hecho de un solo dolar que están pidiendo, es el hecho que ellos no deberían estar pidiendo ese dinero teniendo uno la visa ya sacada y pagada en el consulado de Laos. Esos dolares que la gente deja no pagan sino la corrupción en los puestos de frontera, y tarde o temprano, cuando ya tienen el poder, podrán cobrar lo que les de la gana...
Pero bueno, nuevamente a la bici, otro país nuevo (mi país número 30!), otra aventura que está aguardando en la carretera!
La primera apariencia de Laos es de total silencio. Como en esa carretera de Camboya, en Laos no pasan autos. Es increible, el paraiso del ciclista. Solo se escuchan los sonidos de la selva, al lado de la carretera. Eventualmente pasa un songthaew o camión de pasajeros, o un esporádico y elegante bus de turismo. Eso si, los niños son tan psicóticos como en Laos. Todos te gritan «sabaideeeeeee!» cuando pasas, que puede significar "hola" o "como estas" o "estoy bien" o "que estes bien". Ah, que lindo, alguien que se emociona por ver a un empolvado extranjero pedalear por el frente de sus casas! Si alguien pasara al frente de mi casa, creo que no saldría corriendo a gritarles "quihubo hermano!!", pero bueno, no soy ni niño ni Lao...
Una piedra en el camino, me dijo que mi destino, era rodar y rodar... rodar y rodar... rodar y rodar... Literalmente! Decía que hasta Vientiane (la capital), eran algo así como mil kilómetros. Basicamente es recorrer Camboya desde el sur hasta el centro-norte. La cosa se pone bién! Pero mil kilómetros en bici es mucho... la cabeza se me hizo por un momento un nudo, tantas cosas pueden pasar en mil kilómetros... Pero de momento, es llegar a mi próximo destino, Si Phan Don o Mil Islas. Un paraiso en el Mekong, a unas decenas de kilómetros más allá.
Luego de unos kilómetros de pasar la frontera una minivan me pasó y casi me mata cuando bajaron la velocidad, y unas chicas me lanzaron de su interior una granada de fragmentación que casi destroza mi rueda delantera. Bueno no era una granada de fragmentación en realidad. Era una inocua botella de agua, pero que a altas velocidades tiene poderes destructivos! De cualquier manera estaba fría, y a la distancia les agradecí, mientra el carro se internaba más y más en Laos.
Efectivamente, llegué al embarcadero de Don Det luego de una mini odisea a través de una escondida desviación la cual casi pierdo, unos kilómetros de carretera polvorienta y destapada, y una serie de negociaciones para que nos llevaran a la isla (a Alma y a mi) por un precio justo. Porque claro, habiendo llegado solo no tengo poder de negociación. Es pagar el precio que ellos tienen, o te jodes. Eventualmente, un aleman que vive con su esposa de Laos me dijo que solo pagara por una persona y no por toda la barca como ellos querían, y que el mismo me llevaría a la isla. Y así fue como paso a paso, montado de lancha en lancha (la del aleman era la última), Alma y yo nos mojamos los pies en el Mekong del lao de Lao. El Alemán tenía unos bungalows tambien en la parte sur de la isla, y tenían casi el mismo precio que los demás sitios. Pero me enganchó a su sitio cuando me invitó a una cerveza Lao extragrande y extrafría en la única panadería de la isla, cuando ya habíamos llegado.
Y así que estaba de nuevo sobre el Mekong. Literalmente sobre el Mekong, porque el bungalow, o choza de paja que rentaba el tipo, estaba en unos pilotes sobre el río. Don Det. Un pueblo sin electricidad, sin acueducto, sin carros, sin motos, sin teléfonos, sin comunicaciones... sin problemas! Oh yeah! Un lugar para echarte en tu hamaca, y desatrasarte de los libros que no te has podido leer. De descansar merecidamente de todo este tema de conocer templos históricos y maravillosos, de conocer gente increíble, de ver puestas de sol únicas... Es una vida dura! Pero Internet es carísimo, porque la única manera de tenerlo acá es con una antena satelital y un ruidoso generador diesel de energía. Pero ahi, en el medio de la isla, me di cuenta que en realidad Internet hace del mundo la aldea global. No hay agua potable, pero hay internet, y te puedes enterar de lo que pasa al otro lado del mundo... Ah la tecnología.
Si Phan Don es la parte del mundo donde el Mekong es más ancho, aún más que en el delta del Mekong en Vietnam (que por cierto fue absurdamente grande). Acá, de orilla a orilla en temporada de lluvias, son unos 20 kilómetros. Se me ocurrió comprobar la veracidad del tipo que me decía eso haciendo un breve recorrido a nado. Pero no, mejor decidí creerle... En Don Det el Mekong se come todos los días los caminos, por el hecho de estar en temporadas altas. Así que Alma le tocó probar lo que es nadar en el Mekong, de aguas turbulentas y calientitas. También, aparte de echarte todo el día en tu hamaca, puedes ver los rápidos del Mekong, en una isla famosa por tener la cascada y rápidos más grandes del Mekong. De hecho se llama la cascada de la muerte, en Laos, porque si caes ahí, nunca más volverás a ver una puesta de sol. Y efectivamente, bajando venía un desafortunado búfalo que seguramente dio un paso en falso y trataba de mover su enorme cuerpo en el río. Pero los búfalos no son conocidos globalmente por ser unos nadadores con estilo y gracia. Así que todo su masivo cuerpo cayó en los rápidos y no se volvió a ver más. Solo más allá, a un centenar de metros se volvió a ver el bufalo. Un bulto enorme, color café, pesado y tristemente inerte.
Don Det, también es famosa por tener una panadería. Pero no es una panadería cualquiera. Construida y atendida por un tipo de Nueva Zelanda, tiene los brownies, pasteles de banano y coco y chocolata, doughnuts más deliciosas que he probado en el viaje. Caras, pero valen la pena. Me hicieron todo un adicto... O tal vez es que a punta de pho y de especialidades callejeras khmer (como arañas y sopa de sangre) han hecho que mis estándares de degustación de comida hayan bajado al punto de ser casi inexistentes. Pero el tema es que uno de los mejores puntos de Don Det es su panadería malditamente adictiva.
Luego de un par de días de completo relax, era hora de volver a la civilización. Una última visita a la panadería, y allí un par de chicas alemanas y totalmente desconocidas me hacen una pregunta insólita. Me preguntan si tengo de casualidad un sombrero. Eh... si. Y me preguntan si lo tengo grande. El sombrero. Si, claro. Y luego me explican y todo se hace claro cuando me dicen que ellas fueron las que me tiraron la botella de agua helada desde la minivan en la carretera. Y bueno, la parada técnica meramente de tipo desayuno se convirtió en una charla sobre viaje, común denominador por éstos lugares. Pero quedé con dos cosas muy importantes. Una, es que me contaron ella que querían ir a Vientiane también, pero que por la catástrofe de lluvias (catástrofe de lluvias?!?!?!??! no otra vez!!!) la carretera estaba impasables. Así que no habían ni buses ni nada. Y el servicio de aviones, claro, había duplicado el precio. O sea, no tan buenas noticias. Nuevamente los desastres naturales que han azotado de vez en cuando el viaje vienen a la mente: la helada de China, la explosion de protestas en Tibet, el ciclón en Myanmar... Pues bién, no me queda mas tiempo que tomármela bién suave, con la esperanza tal vez que cuando llegue al área devastada ya haya mejorado la condición. Bueno y la otra es que vieron mi adicción y tuvieron compasión al invitarme a mi dosis personal de pasteles de chocolate... Oh dios, bendícelas!
La próxima parada será Champasak, hogar de la antigua capital del norte del reino de Angkor, donde aún quedan las ruinas de Wat Pho Champasak, uno de los templos más sagrados de los Khmer en su época dorada.
Nuevamente a saludar a mis viejos amigos, las increíbles ruinas khmer de la época de Angkor! Oh yeah!
Hasta en la frontera te quieren coger. Los tipos de Camboya luego de estamparte la visa, te piden 5 dólares. Luego, si les regateas, le bajan a 1. Como ya había pasado tiempo en Camboya, el tema es no ponerse bravo sino ponerse a bromear como ellos, a decir, si si, para tomarte una cerveza ahora, no? Y así te van bajando. En últimas como vieron que no tenía nada en mi bolso (que nunca tiene nada!) me dejaron pasar y me pidieron que volviera alguna vez a Camboya. Por que no... por que no....
Del lado de Laos, la misma situación. Solo que el puesto fronterizo da mas risa que el de Camboya. Un par de tipos dormidos sobre el escritorio esperaban a que el día terminara... E igual, estos tipos esperando por dinero. Que cinco dolares. No. Que tres. No. Que uno!! Que no tengo! Se pusieron medio reacios y me dejaron esperando un tiempo, hasta que al final me dejaron pasar con un 'welcome to Laos!'. No es el hecho de un solo dolar que están pidiendo, es el hecho que ellos no deberían estar pidiendo ese dinero teniendo uno la visa ya sacada y pagada en el consulado de Laos. Esos dolares que la gente deja no pagan sino la corrupción en los puestos de frontera, y tarde o temprano, cuando ya tienen el poder, podrán cobrar lo que les de la gana...
Pero bueno, nuevamente a la bici, otro país nuevo (mi país número 30!), otra aventura que está aguardando en la carretera!
La primera apariencia de Laos es de total silencio. Como en esa carretera de Camboya, en Laos no pasan autos. Es increible, el paraiso del ciclista. Solo se escuchan los sonidos de la selva, al lado de la carretera. Eventualmente pasa un songthaew o camión de pasajeros, o un esporádico y elegante bus de turismo. Eso si, los niños son tan psicóticos como en Laos. Todos te gritan «sabaideeeeeee!» cuando pasas, que puede significar "hola" o "como estas" o "estoy bien" o "que estes bien". Ah, que lindo, alguien que se emociona por ver a un empolvado extranjero pedalear por el frente de sus casas! Si alguien pasara al frente de mi casa, creo que no saldría corriendo a gritarles "quihubo hermano!!", pero bueno, no soy ni niño ni Lao...
Una piedra en el camino, me dijo que mi destino, era rodar y rodar... rodar y rodar... rodar y rodar... Literalmente! Decía que hasta Vientiane (la capital), eran algo así como mil kilómetros. Basicamente es recorrer Camboya desde el sur hasta el centro-norte. La cosa se pone bién! Pero mil kilómetros en bici es mucho... la cabeza se me hizo por un momento un nudo, tantas cosas pueden pasar en mil kilómetros... Pero de momento, es llegar a mi próximo destino, Si Phan Don o Mil Islas. Un paraiso en el Mekong, a unas decenas de kilómetros más allá.
Luego de unos kilómetros de pasar la frontera una minivan me pasó y casi me mata cuando bajaron la velocidad, y unas chicas me lanzaron de su interior una granada de fragmentación que casi destroza mi rueda delantera. Bueno no era una granada de fragmentación en realidad. Era una inocua botella de agua, pero que a altas velocidades tiene poderes destructivos! De cualquier manera estaba fría, y a la distancia les agradecí, mientra el carro se internaba más y más en Laos.
Efectivamente, llegué al embarcadero de Don Det luego de una mini odisea a través de una escondida desviación la cual casi pierdo, unos kilómetros de carretera polvorienta y destapada, y una serie de negociaciones para que nos llevaran a la isla (a Alma y a mi) por un precio justo. Porque claro, habiendo llegado solo no tengo poder de negociación. Es pagar el precio que ellos tienen, o te jodes. Eventualmente, un aleman que vive con su esposa de Laos me dijo que solo pagara por una persona y no por toda la barca como ellos querían, y que el mismo me llevaría a la isla. Y así fue como paso a paso, montado de lancha en lancha (la del aleman era la última), Alma y yo nos mojamos los pies en el Mekong del lao de Lao. El Alemán tenía unos bungalows tambien en la parte sur de la isla, y tenían casi el mismo precio que los demás sitios. Pero me enganchó a su sitio cuando me invitó a una cerveza Lao extragrande y extrafría en la única panadería de la isla, cuando ya habíamos llegado.
Si Phan Don es la parte del mundo donde el Mekong es más ancho, aún más que en el delta del Mekong en Vietnam (que por cierto fue absurdamente grande). Acá, de orilla a orilla en temporada de lluvias, son unos 20 kilómetros. Se me ocurrió comprobar la veracidad del tipo que me decía eso haciendo un breve recorrido a nado. Pero no, mejor decidí creerle... En Don Det el Mekong se come todos los días los caminos, por el hecho de estar en temporadas altas. Así que Alma le tocó probar lo que es nadar en el Mekong, de aguas turbulentas y calientitas. También, aparte de echarte todo el día en tu hamaca, puedes ver los rápidos del Mekong, en una isla famosa por tener la cascada y rápidos más grandes del Mekong. De hecho se llama la cascada de la muerte, en Laos, porque si caes ahí, nunca más volverás a ver una puesta de sol. Y efectivamente, bajando venía un desafortunado búfalo que seguramente dio un paso en falso y trataba de mover su enorme cuerpo en el río. Pero los búfalos no son conocidos globalmente por ser unos nadadores con estilo y gracia. Así que todo su masivo cuerpo cayó en los rápidos y no se volvió a ver más. Solo más allá, a un centenar de metros se volvió a ver el bufalo. Un bulto enorme, color café, pesado y tristemente inerte.
Don Det, también es famosa por tener una panadería. Pero no es una panadería cualquiera. Construida y atendida por un tipo de Nueva Zelanda, tiene los brownies, pasteles de banano y coco y chocolata, doughnuts más deliciosas que he probado en el viaje. Caras, pero valen la pena. Me hicieron todo un adicto... O tal vez es que a punta de pho y de especialidades callejeras khmer (como arañas y sopa de sangre) han hecho que mis estándares de degustación de comida hayan bajado al punto de ser casi inexistentes. Pero el tema es que uno de los mejores puntos de Don Det es su panadería malditamente adictiva.
Luego de un par de días de completo relax, era hora de volver a la civilización. Una última visita a la panadería, y allí un par de chicas alemanas y totalmente desconocidas me hacen una pregunta insólita. Me preguntan si tengo de casualidad un sombrero. Eh... si. Y me preguntan si lo tengo grande. El sombrero. Si, claro. Y luego me explican y todo se hace claro cuando me dicen que ellas fueron las que me tiraron la botella de agua helada desde la minivan en la carretera. Y bueno, la parada técnica meramente de tipo desayuno se convirtió en una charla sobre viaje, común denominador por éstos lugares. Pero quedé con dos cosas muy importantes. Una, es que me contaron ella que querían ir a Vientiane también, pero que por la catástrofe de lluvias (catástrofe de lluvias?!?!?!??! no otra vez!!!) la carretera estaba impasables. Así que no habían ni buses ni nada. Y el servicio de aviones, claro, había duplicado el precio. O sea, no tan buenas noticias. Nuevamente los desastres naturales que han azotado de vez en cuando el viaje vienen a la mente: la helada de China, la explosion de protestas en Tibet, el ciclón en Myanmar... Pues bién, no me queda mas tiempo que tomármela bién suave, con la esperanza tal vez que cuando llegue al área devastada ya haya mejorado la condición. Bueno y la otra es que vieron mi adicción y tuvieron compasión al invitarme a mi dosis personal de pasteles de chocolate... Oh dios, bendícelas!
La próxima parada será Champasak, hogar de la antigua capital del norte del reino de Angkor, donde aún quedan las ruinas de Wat Pho Champasak, uno de los templos más sagrados de los Khmer en su época dorada.
Nuevamente a saludar a mis viejos amigos, las increíbles ruinas khmer de la época de Angkor! Oh yeah!
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