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: relatos de una mochila :: Nikko

lunes, 18 de junio de 2007

Nikko

Muy tempranito salí del hostal a la estación de Asakusa, donde en teoría salía el tren a Nikko, unos 100kms al norte de Tokyo. Nikko es una de los sitios más famosos de Japón, debido a la majestuosidad y ornamentación de sus edificios. De hecho, Nikko está incluído en la lista de patrimonios mundiales de la cultura según la UNESCO.

Bueno, el hecho es que al llegar a la estación de Asakusa (que por cierto queda escondida DENTRO de un centro comercial), y lograr descifrar donde vendían los tiquetes, hice la fila para comprarlos. «Ohaio gozaimas, eigo-ga wakarimas-ka? (Traducción: Quihubo hermano, hablás inglés por casualidad?)». Y el hombre que atendía me dijo el temido «Iee. (Traducción: Uy que pena con vos hermano y todo, pero lo siento, no vi eso en el Colegio...!)»

OK, gracias a Dios tenía mi Lonely Planet que no me desampara ni de noche ni de día, y ahí estaba escrito en kanji los caracteres de Nikko... El hombre me mostró las posibilidades de trenes, y luego de escoger la más barata (salía como en dos minutos), salí corriendo a ver si alcanzaba a agarrar el tren. El tiquete costaba Ys. 1320,oo

Dentro del tren, tocaba ir en los primeros dos vagones, porque en camino el tren se separaba y solo los dos de adelante llegaban a Nikko. El tema es que en el tren yo era el único gaijin (o extranjero) a bordo. De hecho, todos los letreros estaban en Japonés, nada, nada, nada en Inglés.

Pero bueno, en últimas luego de ver a todos los pasajeros desayunar (con sushi y té incluído y todo), de ver el mundo reflejado en los sembrados de arroz, y casi dos horas de pura ciudad (Tokyo es GIGANTE) se logró llegar a la estación de Nikko, y a descifrar cual era el camino para llegar al lugar que buscaba. En últimas, y nuevamente gracias a Lonely Planet, llegué a las puertas de Nikko, compré el tiquete de combinación de entradas para todos los sitios.

Y bueno... Nikko es basicamente un complejo increíble de templos y mausoleos, empotrado en la ladera de una montana. Un santuario lleno de templos alucinantes, super super ornamentados, silenciosamente erigidos junto a arroyos con suaves aguas que corren, y árboles de muchos siglos de edad. Lástima la cantidad de gente, porque solo es dejar volar la imaginación y pensar en como sería éste santuario en las épocas de los shogunes, donde solamente los sacerdotes y nobles podían recorrer sus jardines y caminos cubiertos de verde, cubiertos de bosque.

De cualquier manera, es un sitio verdaderamente espectacular, donde cada lugar parece hacer competencia por ser más impactante, impresionante, sobrecogedor. De hecho los arquitectos japoneses de hace unos siglos, como vieron que era tan espectacular, decidieron intencionalmente poner una columna al revés, para no despertar la furia de los dioses al realizar un lugar santo con semejante perfección.

Luego de todo el día de caminata, solamente fué volver a la estación, repetir la experiencia de comprar el tiquete, y volver a Tokyo.

Y bueno, como es posible estar en Tokyo y no probar el sushi? Entré en un restaurante típico, y así me saliera (y mucho!) del presupuesto, y me compré un set completo de niguiris y makis, para llevar. No se que carajos estaba comprando, y afortunadamente a mi sí «me gusta el sabor del mar».

Salí a dar una vuelta, y en la ribera del Sumida, mientras entraba la noche y los neones se prendían, un Colombiano se llenaba la boca por primera vez, de sushi verdaderamente japonés.

1 comentario:

valenrob dijo...

que envidia sushii!!! lo maaaximo..jejee bueno, seguire leyendo, escribis lo mejor:D