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miércoles, 9 de abril de 2008

Sidetrips en Lijiang

En teoría, cualquier persona que visita a Lijiang tiene que comprar un tiquete de 80 Yuan, con el "impuesto" de conservación de la ciudad vieja. Con éste tiquete, cada vez que quiera uno entrar a algún lugar histórico simplemente muestra el recibo de compra, más el precio de cada sitio histórico como tal, que puede variar de 15 Yuan en adelante, haciéndo de Lijiang efectivamente una de las ciudades históricas más costosas para visitar en la provincia, y tal vez en toda China (pero todo con un poco de malicia se puede arreglar).

Uno de los lugares que se pueden visitar, son las casas de la familia Mu, varias edificaciones clásicas Chinas que más que hogar forman en conjunto un impactante palacio con jardines de estilo antiguo y de los que abundan en Suzhou y otras ciudades antiguas en el país. Pero por la noche, es iluminada extravagantemente (tipo Disneyworld), y cientos de personas ingresan para ver un show de luces y coreografía, minuciosamente diseñado por un famoso director para satisfacer la curiosidad de los turistas chinos acerca de las "arcaicas" costumbres de las minorías étnicas de la región. En resumen: una trampa turística llena de mujeres han con poca ropa, bañadas con láser y luces multicolores, con un guión preparado para mostrar lo que la gente quiere ver en un paquete turístico de miles de Yuan.

Pero también están algunos lugares más, como por ejemplo el parque del Tigre, que vigila a la ciudad vieja desde la cima de una colina. Pero el parque más agradable, es el Lago del Dragón Negro que contiene pavellones clásicos y pagodas bordeando el Lago. Y de fondo, la montaña nevada de Yulong, que proporciona el fondo perfecto para éste encuadre, generando la vista natural más fotografiada de Yunnan. En éste parque también está la Montaña Elefante, cuya cima puede ser conquistada en un par de horas y desde la cual puede verse sin restricciones la región, las montañas que la protegen, y la incontable cantidad de pequeños lagos que la alimentan.

martes, 8 de abril de 2008

Un dia normal en la aldea

En las cercanías de Lijiang hay decenas de aldeas tradicionales chinas que se pueden recorrer en bicicleta, de esas de dos o tres calles en las que los jóvenes y viejos trabajan juntos construyendo sus casas y sus futuros, hombro a hombro bajo el sol, protegidos únicamente por las ubicuas gorras azules estilo Mao. Una de las más conocidas es Baisha, llevada a la fama en parte por sus frescos, en parte porque allí vive el famoso Dr. Ho, un reconocido médico tradicional Chino, de inclinaciones taoistas. Con su larga barba blanca, testigo mudo de décadas y décadas, el Dr. Ho prepara laboriosamente medicinas con hierbas que el recoge de la montaña, y entrega a las personas que están de consulta. En las paredes de su casa, abundan cartas con membretes de universidades y centros médicos de todo el mundo, agradeciéndole por curar una variopinta diversidad de afecciones, que pasan desde el resfrío común, la impotencia, leucemia y hasta cáncer. Todo ésto posible, según el, por su conocimiento extenso de medicina y farmacología china... Por lo pronto, según me dijo, estoy saludable como un toro así que no hay motivos de preocupación, ni tampoco necesidad de comprar su mágico té, aunque dice que aumenta la longevidad...

Alrededor de éstas aldeas, en las montañas, hay decenas de monasterios escondidos, algunos ya en ruinas que cuentan la historia de una época en la que la religión era catalogada como ilegal, en la que el arte y la cultura religiosa era un milenario mal que fue necesario erradicar fuerte y contundentemente. Lejos de la ruta turística, sin las luces multicolores de los sitios oficialmente turísticos de China, no hay muchas personas que los visitan, solo están ahí, inmóviles soportando otro año más que pasa, otro año en que se dejan caer más y más profundamente en el olvido.

De vuelta por un camino secundario y anónimo destino a la ciudad, se pasa bordeando también más y más aldeas, de esas en la que los viejos que juegan a las cartas y toman baijiu, fijan sus miradas en el grupo extraño de occidentales, antes de hacer un chiste sobre los laowai, estallar en carcajadas, escupir al suelo y seguir jugando otra partida más de cartas, mientras un tractor de dos tiempos pasa ruidosamente por la calle.

Un día normal en las aldeas cercanas a Lijiang.

jueves, 3 de abril de 2008

Lijiang

Lijiang es una de los lugares mas famosos de Yunnan y de todo China, porque su centro conserva aun la ciudad milenaria con muchisimos años de historia. De calles empedradas y laberínticas, casas de madera y barro, lamparas rojas y mujeres con trajes coloridos de etnia Naxi (ojo, no nazi) que de madrugada salen a trabajar recogiendo verduras o yendo a sus tiendas o restaurantes (esta zona se conoce por tener una estructura social de fuertes tintes matriarcales). De mañana, la bruma nocturna se levanta de entre las calles dándole a la ciudad que duerme aún una apariencia misteriosa, antigua, sacada de un libro de poemas chinos tradicionales.

Entre las casas pintorescas y coloridas de la ciudad, hay un sistema de canalcitos estrechos bastante particulares que llevan agua limpia, sobre los cuales decenas de señoras recogen agua y lavan sus coloridas ropas. Anteriormente éstos canales servían para llevar agua potable a todos los rincones de Lijiang.

Pero una vez la ciudad despierta y el sol resplandece detrás de las montañas nevadas, decenas de turistas también despiertan, al igual que las innumerables tiendas que invaden la ciudad. Ésta es Lijiang, una antigua ciudad que se volvió famosa por su gente, su encanto, su historia. Siendo parte de la provincia de Yunnan, conserva ese paso tranquilo y lento que otras ciudades del sur también tienen. Los naxis -primos lejanos de los tibetanos- viven una vida pausada, tranquila, sin acelerarse, y eso se vé en la ciudad.

El destino para esas noches era la recomendada Mama Naxi Guesthouse, una casa tradicional y amplia llena de habitaciones, trotamundos y perritos de todas las razas echados en cualquier rincón. La famosa Mama Naxi es una matrona que imprime su espíritu amable y maternal en el ambiente, y es de verdad una de las pocas personas en China que entendieron el negocio de atender a los mochileros: buena calidad, buen servicio y sobretodo, barato. Es un buen lugar que recomendar a los perdidos que lleguen a Lijiang.

En conjunto, ésta pintoresca ciudad es una verdadera gema de la arquitectura tradicional China, pero su flujo interminable de grupos de turistas armados de banderitas y mapas enormes, sumado a las modernísimas reproducciones de las casas clásica, le dan un escalofriante toque de parque temático tipo Disney, de un enorme zoológico de curiosidades, en la que los objetos en exhibición no son más que esos que en vez de ojos tienen cámaras, en vez de boca altoparlantes, que llegan y se van con la misma increíble rapidez todos, todos los días.