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: relatos de una mochila :: Mil islas, mil kilometros

sábado, 23 de agosto de 2008

Mil islas, mil kilometros

La llegada a la frontera fue gracias a una impecable carretera, un día perfecto, sin un solo carro. Solo el sonido de los pajaros y los insectos se escuchaba por ahi, en esa nueva carretera del norte de Camboya. Lo chistoso es que cuando iba por la carretera, escuché a lo lejos un sonido, tipo el megaconocido reggaeton. En la mitad de la nada. No puede ser, pensé, hasta acá no puede haber llegado el virus. Efectivamente, el ritmo era reggaeton... pum pumpum pum pum... Reggaeton cambodiano! Pero no. Cuando llegué a la casucha donde estaba la fiesta improvisada, me di cuenta que eran un grupo de gente tomando cerveza (eran como las 9am) y cantando un reggaeton desconocido. En español. Me dió pena ajena, pero se les da puntos por el esfuerzo. Creo que si yo cantara un reggaeton en khmer, sería mas desastroso. Pero bueno, Daddy Yankee, revuélcate en tu tumba!!! Digo... en tu Hummer, o en tu Penthouse, o donde estés!

A la llegada a la frontera, te espera un puesto fronterizo lo más de particular. Al principio pensé que era una casucha de esas que venden agua y bebidas, una choza al lado de la carretera. Pero luego me di cuenta que había un par de buses y una barrera improvisada. Efectivamente, era la frontera. Éste es un puesto fronterizo que no mucha gente usa, porque la carretera es nuevisima y aún la gente no la conoce. No sale en las guías de viaje. Por eso su aspecto exterior. Pero no es sino darle unos años para que se convierta en todo lo que un paso fronterizo tiene: supermercados, casinos, prostíbulos. Pero hoy en día va hacia allá, como pirañas hay tipos que conducen buses piratas pescando a turistas ingenuos para que desocupen los contenidos de sus billeteras pagando el viaje en el único bus que hay ahi. A precios 50 veces más caros que la realidad... ugh!

Hasta en la frontera te quieren coger. Los tipos de Camboya luego de estamparte la visa, te piden 5 dólares. Luego, si les regateas, le bajan a 1. Como ya había pasado tiempo en Camboya, el tema es no ponerse bravo sino ponerse a bromear como ellos, a decir, si si, para tomarte una cerveza ahora, no? Y así te van bajando. En últimas como vieron que no tenía nada en mi bolso (que nunca tiene nada!) me dejaron pasar y me pidieron que volviera alguna vez a Camboya. Por que no... por que no....

Del lado de Laos, la misma situación. Solo que el puesto fronterizo da mas risa que el de Camboya. Un par de tipos dormidos sobre el escritorio esperaban a que el día terminara... E igual, estos tipos esperando por dinero. Que cinco dolares. No. Que tres. No. Que uno!! Que no tengo! Se pusieron medio reacios y me dejaron esperando un tiempo, hasta que al final me dejaron pasar con un 'welcome to Laos!'. No es el hecho de un solo dolar que están pidiendo, es el hecho que ellos no deberían estar pidiendo ese dinero teniendo uno la visa ya sacada y pagada en el consulado de Laos. Esos dolares que la gente deja no pagan sino la corrupción en los puestos de frontera, y tarde o temprano, cuando ya tienen el poder, podrán cobrar lo que les de la gana...

Pero bueno, nuevamente a la bici, otro país nuevo (mi país número 30!), otra aventura que está aguardando en la carretera!

La primera apariencia de Laos es de total silencio. Como en esa carretera de Camboya, en Laos no pasan autos. Es increible, el paraiso del ciclista. Solo se escuchan los sonidos de la selva, al lado de la carretera. Eventualmente pasa un songthaew o camión de pasajeros, o un esporádico y elegante bus de turismo. Eso si, los niños son tan psicóticos como en Laos. Todos te gritan «sabaideeeeeee!» cuando pasas, que puede significar "hola" o "como estas" o "estoy bien" o "que estes bien". Ah, que lindo, alguien que se emociona por ver a un empolvado extranjero pedalear por el frente de sus casas! Si alguien pasara al frente de mi casa, creo que no saldría corriendo a gritarles "quihubo hermano!!", pero bueno, no soy ni niño ni Lao...

Una piedra en el camino, me dijo que mi destino, era rodar y rodar... rodar y rodar... rodar y rodar... Literalmente! Decía que hasta Vientiane (la capital), eran algo así como mil kilómetros. Basicamente es recorrer Camboya desde el sur hasta el centro-norte. La cosa se pone bién! Pero mil kilómetros en bici es mucho... la cabeza se me hizo por un momento un nudo, tantas cosas pueden pasar en mil kilómetros... Pero de momento, es llegar a mi próximo destino, Si Phan Don o Mil Islas. Un paraiso en el Mekong, a unas decenas de kilómetros más allá.

Luego de unos kilómetros de pasar la frontera una minivan me pasó y casi me mata cuando bajaron la velocidad, y unas chicas me lanzaron de su interior una granada de fragmentación que casi destroza mi rueda delantera. Bueno no era una granada de fragmentación en realidad. Era una inocua botella de agua, pero que a altas velocidades tiene poderes destructivos! De cualquier manera estaba fría, y a la distancia les agradecí, mientra el carro se internaba más y más en Laos.

Efectivamente, llegué al embarcadero de Don Det luego de una mini odisea a través de una escondida desviación la cual casi pierdo, unos kilómetros de carretera polvorienta y destapada, y una serie de negociaciones para que nos llevaran a la isla (a Alma y a mi) por un precio justo. Porque claro, habiendo llegado solo no tengo poder de negociación. Es pagar el precio que ellos tienen, o te jodes. Eventualmente, un aleman que vive con su esposa de Laos me dijo que solo pagara por una persona y no por toda la barca como ellos querían, y que el mismo me llevaría a la isla. Y así fue como paso a paso, montado de lancha en lancha (la del aleman era la última), Alma y yo nos mojamos los pies en el Mekong del lao de Lao. El Alemán tenía unos bungalows tambien en la parte sur de la isla, y tenían casi el mismo precio que los demás sitios. Pero me enganchó a su sitio cuando me invitó a una cerveza Lao extragrande y extrafría en la única panadería de la isla, cuando ya habíamos llegado.

Y así que estaba de nuevo sobre el Mekong. Literalmente sobre el Mekong, porque el bungalow, o choza de paja que rentaba el tipo, estaba en unos pilotes sobre el río. Don Det. Un pueblo sin electricidad, sin acueducto, sin carros, sin motos, sin teléfonos, sin comunicaciones... sin problemas! Oh yeah! Un lugar para echarte en tu hamaca, y desatrasarte de los libros que no te has podido leer. De descansar merecidamente de todo este tema de conocer templos históricos y maravillosos, de conocer gente increíble, de ver puestas de sol únicas... Es una vida dura! Pero Internet es carísimo, porque la única manera de tenerlo acá es con una antena satelital y un ruidoso generador diesel de energía. Pero ahi, en el medio de la isla, me di cuenta que en realidad Internet hace del mundo la aldea global. No hay agua potable, pero hay internet, y te puedes enterar de lo que pasa al otro lado del mundo... Ah la tecnología.

Si Phan Don es la parte del mundo donde el Mekong es más ancho, aún más que en el delta del Mekong en Vietnam (que por cierto fue absurdamente grande). Acá, de orilla a orilla en temporada de lluvias, son unos 20 kilómetros. Se me ocurrió comprobar la veracidad del tipo que me decía eso haciendo un breve recorrido a nado. Pero no, mejor decidí creerle... En Don Det el Mekong se come todos los días los caminos, por el hecho de estar en temporadas altas. Así que Alma le tocó probar lo que es nadar en el Mekong, de aguas turbulentas y calientitas. También, aparte de echarte todo el día en tu hamaca, puedes ver los rápidos del Mekong, en una isla famosa por tener la cascada y rápidos más grandes del Mekong. De hecho se llama la cascada de la muerte, en Laos, porque si caes ahí, nunca más volverás a ver una puesta de sol. Y efectivamente, bajando venía un desafortunado búfalo que seguramente dio un paso en falso y trataba de mover su enorme cuerpo en el río. Pero los búfalos no son conocidos globalmente por ser unos nadadores con estilo y gracia. Así que todo su masivo cuerpo cayó en los rápidos y no se volvió a ver más. Solo más allá, a un centenar de metros se volvió a ver el bufalo. Un bulto enorme, color café, pesado y tristemente inerte.

Don Det, también es famosa por tener una panadería. Pero no es una panadería cualquiera. Construida y atendida por un tipo de Nueva Zelanda, tiene los brownies, pasteles de banano y coco y chocolata, doughnuts más deliciosas que he probado en el viaje. Caras, pero valen la pena. Me hicieron todo un adicto... O tal vez es que a punta de pho y de especialidades callejeras khmer (como arañas y sopa de sangre) han hecho que mis estándares de degustación de comida hayan bajado al punto de ser casi inexistentes. Pero el tema es que uno de los mejores puntos de Don Det es su panadería malditamente adictiva.

Luego de un par de días de completo relax, era hora de volver a la civilización. Una última visita a la panadería, y allí un par de chicas alemanas y totalmente desconocidas me hacen una pregunta insólita. Me preguntan si tengo de casualidad un sombrero. Eh... si. Y me preguntan si lo tengo grande. El sombrero. Si, claro. Y luego me explican y todo se hace claro cuando me dicen que ellas fueron las que me tiraron la botella de agua helada desde la minivan en la carretera. Y bueno, la parada técnica meramente de tipo desayuno se convirtió en una charla sobre viaje, común denominador por éstos lugares. Pero quedé con dos cosas muy importantes. Una, es que me contaron ella que querían ir a Vientiane también, pero que por la catástrofe de lluvias (catástrofe de lluvias?!?!?!??! no otra vez!!!) la carretera estaba impasables. Así que no habían ni buses ni nada. Y el servicio de aviones, claro, había duplicado el precio. O sea, no tan buenas noticias. Nuevamente los desastres naturales que han azotado de vez en cuando el viaje vienen a la mente: la helada de China, la explosion de protestas en Tibet, el ciclón en Myanmar... Pues bién, no me queda mas tiempo que tomármela bién suave, con la esperanza tal vez que cuando llegue al área devastada ya haya mejorado la condición. Bueno y la otra es que vieron mi adicción y tuvieron compasión al invitarme a mi dosis personal de pasteles de chocolate... Oh dios, bendícelas!

La próxima parada será Champasak, hogar de la antigua capital del norte del reino de Angkor, donde aún quedan las ruinas de Wat Pho Champasak, uno de los templos más sagrados de los Khmer en su época dorada.

Nuevamente a saludar a mis viejos amigos, las increíbles ruinas khmer de la época de Angkor! Oh yeah!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una deliciosa torta de chocolate de Deli... o un Brownie con helado... mejor y más artesanal, la lecherita y los mazapanes de Pilar como en las viejas épocas... Un abrazo!

Anónimo dijo...

que te sigan apareciendo chicas alemanas en tu eterno recorrer.....te hacen volver en imaginación al mundo que has dejado....pero sigue, sigue caminante excepcional.....