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: relatos de una mochila :: Sobredosis sensorial

viernes, 15 de junio de 2007

Sobredosis sensorial

Escribir sobre Japón es muy, muy fácil. Sobretodo, porque parece que no falta nunca tema para escribir. Y luego, más allá de todos las cosas y hechos que los ojos ven, está también lo que uno piensa y se imagina. Obviamente, todos estos pensamientos se decantan junto con los prejuicios, y apreciaciones que pudiera tener una persona que mira desde afuera, y que no puede romper esa barrera tan sólida como es el idioma y una cultura diferente. Pero bueno, para ésto solo es contar las cosas, tales y como se vieron. Como decía Marco Polo, ni más, ni menos papito, lo que ve es lo que hay (bueno, no dijo eso exactamente pero mas o menos diría si viviera hoy en día... y si fuera paisa).

Ayer luego de un viaje larguisimo, y mientras tenía que calmar el jet-lag de un viaje transoceanico, me tocó enfrentar por vez primera el jeroglífico de la telaraña de trenes de Tokyo. No es una tarea fácil, teniendo en cuenta que tenés un sueño totalmente atrasado y que estás "leyendo" un mapa en unos caracteres que nunca habías visto. Y aparte, estás contra reloj porque tenés que llegar a un Hostel que ni siquiera sabés muy bién donde queda. Es más, ni siquiera sabés si existe.... En fin, luego de conseguir el tiquete adecuado que me deja en al estacion mas cercana del hostel, me siento con mi tula y mi cara de destrozado en una de las bancas de la estación. El Kensei Limited Express no debería tardar mucho tiempo, esperaba que mientras llegara pudiera descifrar el acertijo de las conexiones y cambios de línea que tenía que hacer. Y bueno, un japonesito que había al lado me puso conversa y me dijo que si sabía bién donde iba a llegar, que de donde era, que cuanto me había tardado, que que pensaba hacer en Tokyo... resulta que el tipo este me sacó de una duda existencial materializada en cambios de estaciones, y aparte, me sugirió algunos lugares que sería interesante que fuera. Le saque mi biblia de Lonely Planet Japan, y el hombre se interesó muchísimo y empezó a leerla recontento. Me dijo que ahí salían muchas cosas que ni el había conocido. Y justamente me acordé por eso, de la primera vez que me mostraron un Lonely Planet Colombia. Cuando lo leí me impresioné mucho porque de hecho, nunca había hecho tantas cosas como las que sugería esa guía, ni en mi propia ciudad. Todo es cíclico, me imaginé.

El hecho es que se me apareció la virgen con éste señor, lástima que no me pudo seguir contando más cosas Japonesas. En el tren, pareciera que yo era la única persona que estaba despierta!!! Una costumbre muy frecuente es que acá la gente se da unas buenísimas siestas en el metro... No se como hacen para despertarse justamente antes de llegar a su estación! Pero bueno, acá todo es tan preciso, que me imagino que pueden hasta poner un reloj despertador en el minuto exacto que el tren llegue a la estación y todo estará muy bién.

Del aeropuerto al hostal llegué en piloto automático. Y es que los metros no se diferencian mucho los unos de otros, sea en Medellín, Los Angeles, Paris, Buenos Aires o Tokyo... Todos te llevan de la manito, y si sabes a que estación quieres llegar, y que transferencias debes hacer, no importa en que idioma esté hablando todo el mundo.

Eventualmente, y no se muy bien como, logré llegar a mi estación final. El hecho de salir del metro, subir las escalas, y sentir en tu cara todos los letreros luminosos en japonés, una llovizna suave, y cientos de bicicletas zumbandote al lado, te sacude de una manera increíble y así estés vuelto una m..., te da un hit de energía gigante, y hace que quieras conocer todo, ahi mismo.

Al llegar al hostel, me contaron que no había lugar para mi, porque estaban muy llenos y ya era tarde. Algo que no me esperaba, pero igual me importaba casi nada. Estaba ya acá, y el hecho de no tener techo donde dormir no me estresaba. Conseguí donde dejar la mochila, un buen mapa, y listo! Luego de dar vueltas por un par de horas, y de probar mi primer bocado de cultura japonesa, dió la casualidad que una persona canceló una reserva en un hostel al que ya había ido, y pude tener una cama para esa noche. Di señales de vida por Internet y luego como una marmota dormí.

Salí desde bién temprano, a recorrer Asakusa, un barrio super tradicional de Tokyo que solía ser la zona de diversión en Tokyo antes de que la segunda guerra mundial lo borrara del mapa. El solo hecho de pensar en eso, en que todas estas casas y edificios fueron reducidos a escombros, te da un escalofrío. Estuve en el templo de Kanon, la diosa de la compasión del panteón Shinto-Budista Japonés. Es increíble la devoción con la que las personas hacen su culto. Entran por una puerta ceremonial, luego se purifican con el humo de incienso que hay en un altar, luego se lavan las manos y boca en una fuente, con unos recipientes para eso, y luego de ya estar limpios pueden subir las escaleras y arriba, aplaudir, y hacer la ofrenda a la diosa. Todo con una devoción increíble que contrasta con los flash de nosotros los turistas que los bombardeamos con miles de fotos.

Caminando por Asakusa, se ven muchos restaurantes que tienen la comida exhibida en modelos de plástico a las afueras, para que uno solamente tenga que señalar lo que se quiere comer, y listo! Y justamente, pase por el barrio de los cocineros, que es donde los fabrican. Son replicas muy impresionantes, que se ven casi iguales que la comida verdadera. De hecho, algunas veces se ven hasta mejor!!!

Tiempo después, iba en camino al parque Ueno. Y lo interesante, es que en las clases de japonés, había una parte en que se aprendía como decir "disculpe, como puedo llegar al parque ueno?". Y hoy, como andaba a pié, me perdí un poco (hay pocas calles señalizadas en romanji). Y bueno, funcionó el «sumimazen, ueno koen-wa doko des-ka?». Nuevamente cerrando ciclos...!

Lo curioso de allí es que se ve el contraste de los cientos, miles de turistas que caminan placidamente por los senderos arborizados, con las carpas azules de los indigentes que viven en varias zonas del parque. Y no es que el parque sea feo, es solo que acá parece que se tolera que ellos vivan en éste parque público que por cierto también es hogar del Museo Nacional, del Zoológico, del Museo de Arte Occidental, etc. etc. Justamente estuve en el museo nacional, conociendo la colección impresionante de historia de arte japonés y asiático. Fueron unas horas de mucha caminada, pero muy interesantes todas las colecciones. De las cosas que más me gustaron, fueron las katanas y los tantos de Masamune, el simplismo y el detalle de los objetos decorativos japoneses, las espectaculares pulseras egipcias de mas de tres milenios de edad que parecen como nuevas (y bien podrían estar a la venta en cualquier centro comercial de hoy). El tiempo parece que perdona a algunas cosas...

Luego de tanta, tanta cultura y tradición, fuí a Akibahara que es como la mecca de los centros comerciales de tecnología (algo espectacular para un geek como yo). Muchas tiendas de muchos pisos con muchas, muchísimas cosas electrónicas que ver!!! Es como un Fry's con esteroides. De hecho hay unas cosas que son increíblemente baratas! De hecho, hay una calle en que están exhibidos en el piso zapatos, libros, y computadores portátiles (!).

Y bueno, terminé la tarde tomandome un café viendo a la gente jugar Pachinko, que es un juego con muchas bolitas de metal, que hace mucho ruido y tiene muchos colores. Y la gente lo juega atontada!!!!

Así que, de la parte más tradicional de Tokyo, a la más moderna no hay más que una hora caminando.

Ciudad de contrastes!

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