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: relatos de una mochila :: Próxima estación...

miércoles, 6 de junio de 2007

Próxima estación...

Ha sido una turbulencia continua desde el día que salí de casa. Muchas sensaciones, muchos pensamientos encontrados, muchos sustos agazapados... Pero en últimas, el común denominador ha sido en últimas el estrés de enfrentar lo nuevo, de enfrentarme a mi, y lo que quiero.

La de unos días atrás era una mañana común y corriente como cientos, miles de mañanas que los cerros de Bogotá habían visto nacer una y otra vez. La bruma (o smog??) se levantaba con pereza de a poquitos, el frío iba perdiendo su batalla con el sol, los buses rugían por la séptima, y doña Marleny ya estaba vendiendo los tamales desde temprano en el puesto de siempre. Como siempre.

Pero esa particular mañana tenía otro sentido totalmente diferente para mi. Sin entrar en detalles, era LA mañana. En el cuarto estaba la adorada tula, estaba también un cuaderno, y dentro, unos dólares y un tiquete de ida. Y en el centro del cuadro, un tipo que no le gusta dormir con pijama, lleno de ansiedades-mieditos-cansancios-sensaciones-ilusiones-secretos.

En el aeropuerto, el parqueadero, las maletas, los tuneles, las escaleras, los afanes, las preguntas de rigor, las impecables empleadas de aerolinea, los sellos, el cafe, las innumerables revisiones de seguridad, el vodka doble de siempre, las compras... las despedidas... aquellas malditas despedidas...

Básicamente entré en el estado de piloto automático, en donde escondés todo lo que estás sintiendo dentro de un cuartito y olvidado dentro de vos mismo y dejé que el sentido común, el cuerpo y el hábito hicieran su trabajo.

Silla 10A. Ventana. Hacía muchísimo tiempo no pedía ventana, pero hoy quería saludar a Los Angeles mirándolo de frente, sin vacilar. Y efectivamente me tocó en ventana. Solo que en esa silla en particular, NO había ventana. Solo un pedazo grande de pared de avión opaca y aburrida. OK destino, mensaje recibido.

Ojalá que se siente alguien interesante al lado, para variar. Alguien que cuente historias. Alguien con algo que decir. Alguien por el cual el destino se comunique. Alguien que... [click] habla su capitán... hemos cerrado las puertas del avión, por favor, apagar sus celulares y aparatos electrónicos... tripulación, alistarse para el despegue... [click]. Ya nadie más sube al avión, y la silla del lado parece la única silla que está vacía en todo el vuelo. OK destino, mensaje recibido también. Ah, la Silla Vacía...

Me asomé a la ventana de adelante. Quería ver a la ciudad, mirarla cientos de pies allá abajo... Ver los carros en las autopistas como hormiguitas meticulosamente organizadas. Ver las carreteras de la periferia como líneas de arena, y las casas como organizadas en un cuaderno cuadriculado. Pero no era el día más claro de todos... las nubes no te dejaban ver más allá de diez centímetros de la ventana, donde por cierto, no hay nada muy interesante. Solo mi reflejo en el plexiglas. YA, YA, mensaje recibido... y por favor, NO MAS MENSAJES!

Un viaje denso, pesado, solo. Tan monótono que el mayor highlight fue que en la comida me dieron dos pedazos de pan, no uno. Y que no había fila para ir al baño. Que emocionante, no?

pfft...

Ocho horas después, estaba caminando nuevamente por el Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del Río de la Porciúncula. Una fila de una hora en inmigración, un sello de seis meses, y mi tula abandonada en el suelo era lo que me estaba esperando.

Salí al fin a respirar el aire abierto, afuera del aeropuerto. Hacía ya como seis, siete años que había estado allí. La misma tula, la misma persona, la misma ciudad. Y sin embargo, tantas cosas habían cambiado desde entonces... Anotate otra viejo Heráclito!

Me encontré con Peter, el hermano de mi mani que había ido a recogerme con su esposa y sus dos preciosas niñas (la última vez que estuve acá, no estaba ni casado!). Bueno, la sorpresa era que justo el día que llegué, Manu Chao estaba tocando en Los Angeles, mas o menos a la hora en que llegaba yo.

Así que, rumbo al downtown de Eley, que es donde estaba tocando. Es increíble hablar con conocidos con los que hace mucho no hablabas. Recorrer las calles y autopistas que ya andaban medio olvidadas. Saber todo lo que ha cambiado el mundo. Y lo que seguirá cambiando!

Hablando mucho con Peter, recordando viejos tiempos, actualizando los nuevos, jugando con sus hijas, esquivando carros, y en un parpadear, llegamos a downtown LA. Ya con el ticket en mano, Los Angeles Coliseum, Seccion 15, Loge (que carajos es un loge????), primera fila. Allí estaba mi mani Joshy esperándome en la salida!!! Y fue como correr hasta el super abrazo en cámara lenta (literalmente). Que bacano volverla a ver después de tanto tiempo!!! Y sin embargo, estar ahí parecía como si hubiese sido ayer que nos vimos.

Llegamos a los asientos, estaba Viviana y Daniela amigas de mi mani, en unos SUPER asientos al frente de la acción. Y justo cuando llegamos, empezaron a salir uno por uno los integrantes de Manu.

Que horas son la vida entera? Que horas son en el Japón? Que hora son en Mozambique? Que horas son en Washingtón? ... Nos engañaron con la primavera!

Que buen concierto, que buena farra... desde el principio hasta el fin! Que me iba a imaginar yo hace un año en el concierto de ellos de Buenos Aires (al otro día tenía que trabajar), que el destino me iba a empujar a volver a verlos, acá, y en estas circunstancias!!! El mundo gira bién rápido, como la vida. Tanto que a veces dá vertigo...

En fin, en la noche llegué destrozado, luego de más de un día completo de no pegar el ojo. Y con concierto incluído.

Sobra decir que ni tiempo tuve para pensar.

Y dormí, como un bebé.

Solo que, mientras me dormía, retumbaba todavía en mis oídos un estribillo...

próxima estación: esperanza.....

3 comentarios:

j. dijo...

te voy a extraNar 1ch. un pedazo de poesia...

Por eso tengo que volver
a tantos sitios venideros
para encontrarme conmigo
y examinarme sin cesar,
sin más testigo que La Luna
y luego silbar de alegría
pisando piedras y terrones,
sin más tarea que existir,
sin más familia que el camino.

Pablo Neruda

Frau Eva dijo...

Me gusta tu fluidez... lo descriptivo, me imaginé a doña Marleny (aunque aqui no tienen ese nombre las doñas) con los tamales, al destino como un viejo de humor ácido poniéndote post-its en la silla vacía y la ventana imaginaria, ahh y me imaginé a Manu Chao, pero después busqué en google y no eran como los había imaginado... Muchos éxitos por el país más al norte y un saludo :)

G. dijo...

Maniiiiiiiiii! Se me escapó una lagrimita esquiva y todo... Gracias por todo, absolutamente todo... Que curioso, estamos aca no más y sin embargo sentí como si leyera lo que me pusiste desde aquel otro lado... Un abrazote cosmico desde la LIBRERIA pública!