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: relatos de una mochila :: Un dia en el camino (2)

martes, 15 de septiembre de 2009

Un dia en el camino (2)

En el camino se sabe que es hora del almuerzo porque en los dhabas de la carretera se ven humeantes ollas de comida cocinada en hornos alimentados con una mezcla de caca de vaca con pasto seco. El elegir uno de éstos restaurantes depende basicamente de la cantidad de camiones que estén estacionados afuera. Mientras más lleno de ellos esté la carretera, mucho mejor. Una vez hecha la decisión, acuesto a Alma sobre algún árbol y paso a pedir los famosos Thalis indios con dhal bat. Un thali es basicamente el menú del día que consiste en poco más que arroz, rotis o tortillas de harina, lentejas, una salsa de verduras y una "ensalada" que puede ser desde un ají o una cebolla cruda hasta una elaborada preparación de mango, limón y una cantidad increíble de otras especias que ni conozco. Vale la pena aclarar que la comida en India no es para estómagos no acostumbrados porque está llena de sabor, y por sabor me refiero a un masala de especias y ajíes de todos los tipos en cantidad industriales. Se llama thali, porque en hindi las bandejas de aluminio con las que sirven ésta comida son llamadas Thalis.

La comida acá, por lo general, se come a manos desnudas. Una de las costumbres más bonitas de la India tradicional es su renuencia por utilizar cubiertos que impidan el contacto directo entre las personas y su comida. Por una parte, dicen que el usar éstos utensilios hacen que tengamos una percepción equivocada sobre los alimentos como una cosa estéril e inerte por la que se pierde un poco el respeto. La comida, en realidad, es algo que está lleno de vida y que el acto de comer no es más que una ceremonia de transmutación de energía, de apropiar toda la vida de los alimentos en nutrientes para poder vivir un día más. Es algo que se le tiene que sentir y respetar, y tomándolo con las manos hace que nos recordemos eso. También por otra parte, está la razón meramente sensorial. La comida es para sentirla, para gustarla, para gozarla, y comiendo con cubiertos nos estamos perdiendo del contacto y del goce sensorial que junto con el gusto y el olfato es de vital importancia para la experiencia del comer. Para resumir el pensamiento Indio sobre ésto, hay un dicho que reza algo así como "comer con cubiertos es como hacer el amor mediante un intérprete".

Así que por lo general, se mezcla con la mano el arroz con las lentejas y los vegetales, y se hacen bolitas que se toman entre los dedos y luego, adentro! Con los rotis o los chapatis, se hacen pedacitos que funcionan como pequeñas cucharitas comestibles y sirven además para dejar el plato limpio, porque otra costumbre india es que el plato se entrega totalmente vacío: la comida es tan sagrada que es un pecado desperdiciarla. Y vale la pena mencionar que para comer se usa estrictamente la mano derecha, porque la izquierda es usada unicamente para las tareas de higiene personal. Nota mental: En india el papel higiénico es un producto restringido a los turistas y no es algo que se consigue facilmente en cualquier ciudad.

El precio de un thali en la carretera está por las 20 Rupias (unos 40 centavos de dólar), y én el te sirven todo lo que puedas comer. Al final, para refrescarte la boca te sirves anis o semillas de cardamomo o cualquier otra especia apropiada mezclada con azucar. Porque los chicles son otro de esos artículos occidentales que no han tenido mucha acogida por acá.

Un chai sirve para poner el punto final al almuerzo y a las conversaciones que por lo general se tienen en los restaurantes. Sirve además para darme el azúcar y la energía necesaria para de nuevo volver a la carretera. Haga sol, viento, o lluvia.

Las tardes son mucho más lentas y pausadas por el hecho de que el calor se empieza a sentir fuerte. Más pausas, me tomo más el tiempo de descansar bajo los árboles o al lado de cualquier riachuelo. Y cuando la luz del día se viste de oro, señal de que en un rato caerá el atardecer, es hora de ponerme a buscar donde pasar la noche. Si estoy cerca de una ciudad, busco posada en un hotelito barato, una guesthouse o una pensión modesta. Si estoy en los pueblitos que no tienen nada de lo anterior, busco refugio en un templo, escuela, dhaba o estación de gasolina. Y como pasa con más frecuencia, si estoy en el medio de la nada mágica, busco un par de árboles escondidos de la carretera en las que pueda colgar mi hamaca y reposar mi bici. Si la noche augura lluvia, como las más recientes, además tengo que poner mi impermeable que funciona como un improvisado toldo que me protege algo de la lluvia. Y obvio, la mosquitera, porque o si no estaría totalmente a la merced de esos sanguinarios e insolentes bichos de seis patas.

Una vez dentro de mi refugio de la noche, me estiro y cierro los ojos. Un maravilloso día ha pasado, y otro, desconocido e insondable, está por venir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué rico, pareciera incluso que eso se remonta a los momentos básicos del ser humano, cuando de pequeños todo lo tomamos con las manos y por instinto hasta nos untamos la comida... Un Abrazo

Anónimo dijo...

Un graffiti es la voz de la ciudad, como este de vértigo para Sprite http://bit.ly/GraffitiSprite